Estrategia de inversión

El reajuste de los bancos centrales: ¿Van a subir las tasas, realmente?

El repunte de los precios globales del petróleo y del gas natural han provocado un rápido reajuste en el mercado de tasas. Lo que parece una reacción inmediata —casi automática—, impulsada por los no tan lejanos recuerdos de 2022, ha llevado a los inversionistas no solo a descartar recortes por parte de la Reserva Federal en 2026, sino incluso a anticipar un alza hacia finales de año. Sin embargo, este escenario parece poco probable.

Un nivel elevado y sostenido del precio del petróleo probablemente implicaría una pausa prolongada en la política monetaria, más que un endurecimiento. Si el encarecimiento de la energía llegara a convertirse en un riesgo de recesión, la Reserva Federal priorizaría el empleo. En ese escenario extremo, podrían darse recortes, aunque aún no estamos en ese punto.

En cambio, los bancos centrales europeos, con un enfoque centrado en la inflación y mayor exposición a los precios de la energía, enfrentan una dinámica distinta.

En síntesis, las curvas de tasas están descontando una respuesta de política monetaria que difícilmente se materialice.

El reajuste de las tasas globales

Número de subidas o recortes de tasas de interés descontados para finales de año

Fuente: Bloomberg Finance L.P. Información al 25 de marzo de 2026.

Entonces, ¿qué tendría que ocurrir para que la Reserva Federal eleve las tasas? El umbral es alto.

Tras el reciente repunte y los daños significativos en la infraestructura energética, los mercados han incorporado la posibilidad de un impacto más prolongado en los precios de la energía. Dado que los efectos inflacionarios de las recientes alzas en el gas y el petróleo probablemente se extiendan en los próximos meses, y que los futuros ya reflejan ajustes al alza, resulta lógico que las curvas de tasas se desplacen.

La clave, sin embargo, está en las expectativas inflacionarias. Si los inversionistas comienzan a anticipar que los precios se mantendrán por encima del objetivo de largo plazo del 2% de la Reserva Federal durante los próximos 5-10 años, podría desencadenarse una respuesta de política monetaria. Después de todo, anticipar niveles más altos puede traducirse en una mayor tolerancia a estas presiones y, en última instancia, en aumentos adicionales. Es un ciclo de retroalimentación que puede intensificarse rápidamente.

Hasta ahora, no hay evidencia de que esto esté ocurriendo. Sin ese impulso, es mucho más probable que la Reserva Federal mantenga sin cambios su postura.

Las expectativas de inflación futura se sitúan por debajo del pico de 2022

Previsión del mercado para la inflación en Estados Unidos a 5-10 años

Fuente: Bloomberg Finance L.P. Información al 25 de marzo de 2026.

También existe muy poco precedente histórico de que la Reserva Federal eleve las tasas ante un repunte en los precios del petróleo. De hecho, en episodios similares, ha actuado en sentido contrario. El ciclo de subidas de 2022 constituye una excepción relevante, ya que las disrupciones de oferta posteriores a COVID, la guerra en Ucrania y los estímulos fiscales llevaron la inflación por encima del 9%.

Una respuesta fiscal similar podría aumentar el riesgo de un alza. Sin embargo, la limitada disposición a financiar estímulos desde el presupuesto federal —tanto en el tramo largo del mercado de bonos como entre los sectores más estrictos con el déficit en el Congreso— hace que este escenario sea poco probable.

En consecuencia, el ajuste más significativo de la curva se ha concentrado en el tramo corto, que ahora ofrece el nivel de rendimiento inicial más atractivo desde 2023. Si la valuación más restrictiva se revierte como resultado de una desescalada o de una mayor certidumbre económica, este segmento también podría beneficiarse de una apreciación en los precios.

Las tasas de corto plazo: las más atractivas desde 2023

Diferencial entre los bonos del Tesoro de Estados Unidos a dos años y un mes, en puntos básicos

Fuente: Bloomberg Finance L.P. Información al 25 de marzo de 2026.

El valor de la duración en Europa

Al otro lado del Atlántico, la dinámica es algo distinta. Para dimensionar la magnitud del reajuste, basta observar el caso del Banco de Inglaterra: en cuestión de días, los inversionistas han pasado de descontar dos recortes a anticipar más de tres alzas.

Ante el repunte de las materias primas, los rendimientos de los bonos en Europa y Reino Unido se sitúan cerca de niveles observados por última vez en 2023, cuando la inflación global rondaba el 10%. En ese entonces, los bancos centrales endurecieron con fuerza la política monetaria para contener esas presiones.

Para evitar un escenario similar al de 2022, es probable que tanto el Banco Central Europeo como el Banco de Inglaterra respondan, dado su mandato enfocado exclusivamente en la inflación.

En un contexto más adverso, en el que los riesgos de recesión aumenten como consecuencia de un conflicto prolongado, la exposición a duración podría ofrecer cierta protección para las carteras. También aportaría valor en un entorno de desescalada, que sigue siendo el más probable.

Por extensión, esto implicaría que los precios de la energía tenderían a la baja y que los mercados de materias primas volverían gradualmente a la sobreoferta de principios de año. A medida que el mercado de tasas en Europa incorpora estos desarrollos, los rendimientos ya ofrecen cierta compensación. Tanto en un repunte por alivio —más probable— como en un escenario recesivo más extremo, aunque menos probable, sería posible asegurar niveles más elevados.

PRINCIPALES RIESGOS

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Aunque el riesgo de un impacto energético prolongado no está moviendo las expectativas de inflación a largo plazo, sí está cambiando las cartas para las autoridades monetarias y sus posibles respuestas.

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