Renta fija
Recortes de tasas en un contexto de inflación al alza
La Reserva Federal ha iniciado un nuevo ciclo de flexibilización, con dos recortes más previstos para 2025. En Estados Unidos, la inflación se sitúa actualmente en torno al 3%, impulsada sobre todo por las presiones arancelarias sobre los bienes básicos, mientras que los precios de los servicios y las expectativas de largo plazo permanecen contenidos.
El mercado laboral muestra señales de debilitamiento, con un crecimiento salarial desigual pero moderado. Los aranceles comienzan a impactar los precios de los bienes, efecto que resulta más evidente en ciertos productos. Mientras estas presiones no se trasladen a los servicios, se espera que la Reserva Federal mantenga su enfoque y continúe aplicando recortes de tasas “preventivos” para respaldar un mercado laboral en desaceleración.
Los recientes datos del Índice de Precios al Consumidor (IPC) refuerzan esta visión: la inflación de bienes básicos mantiene una tendencia al alza, mientras que la de servicios muestra una moderación, atribuida principalmente a la disminución de los costos de vivienda y de otros rubros sensibles al empleo.
En este entorno, las carteras orientadas a anticipar recortes de tasas podrían verse beneficiadas. Mantenemos una preferencia por el carry frente a la duración dentro de la renta fija, con énfasis en crédito de grado de inversión, bonos municipales de largo plazo y valores preferentes o híbridos de alta calidad.
Riesgos de que se empine la curva
Es probable que los rendimientos soberanos de largo plazo se mantengan elevados, no solo por los déficits fiscales persistentes y la reducción de las compras de bonos por parte de los bancos centrales, sino también por una prima por plazo más alta asociada a la incertidumbre política y monetaria. Los mercados incorporan cada vez más el riesgo de que la independencia de la Reserva Federal se vea puesta a prueba en un entorno de política económica más intervencionista, así como la preocupación por el déficit estadounidense, que eleva la compensación exigida por los inversionistas para mantener bonos del Tesoro de mayor duración.
Además, la incertidumbre en torno a la política comercial —incluida la posibilidad de que ciertas medidas arancelarias sean impugnadas judicialmente— añade una capa adicional de volatilidad a las expectativas de inflación de largo plazo, lo que refuerza la presión alcista sobre los rendimientos en el tramo largo de la curva.
Es importante destacar que estas presiones se concentran en la deuda soberana. En contraste, los balances corporativos permanecen sólidos y los indicadores de crédito se mantienen estables, por lo que el aumento de la prima soberana por plazo no se ha trasladado a los diferenciales de crédito corporativo.
Los inversionistas deben actuar con cautela respecto a las carteras soberanas de larga duración, aunque persisten oportunidades en el crédito, donde los diferenciales reflejan más el aumento de la prima de riesgo soberano que un exceso de optimismo en el sector corporativo.
¿Cuáles son las alternativas más atractivas al efectivo ante la caída de los rendimientos?
A medida que las tasas de los instrumentos de efectivo comienzan a disminuir debido a los recortes de los bancos centrales, mantener una asignación elevada en este tipo de activos podría erosionar el poder adquisitivo.
Para mitigar el riesgo de reinversión sin perder liquidez, conviene transferir gradualmente parte del efectivo hacia crédito de alta calidad y de corta duración, así como hacia instrumentos de tasa flotante. Estas alternativas ofrecen un mayor potencial de rendimiento y una resiliencia superior en un entorno de tasas descendentes, sin comprometer la liquidez ni el acceso al capital.