Estrategia de inversión
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Agosto llega a su fin. En los últimos meses, el S&P 500 subió un 9%, mientras que los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos cayeron: el a dos años bajó cerca de 25 puntos básicos y el a 30 años alrededor de 20 puntos básicos.
En el resto del mundo, la tendencia fue similar. En dólares estadounidenses, las acciones en China continental subieron 17% desde junio, mientras que las europeas avanzaron 4% (con un alza acumulada de 25% en lo que va de año), favorecidas por la debilidad de la divisa.
¿Cómo se explica este desempeño? El crecimiento se moderó, pero no se quebró, y el traspaso de los aranceles elevó la inflación sin afectar las utilidades. El mayor impulso provino de las empresas estadounidenses, que siguieron invirtiendo en inteligencia artificial (IA). En general, se espera que la Reserva Federal recorte las tasas en su próxima reunión, prevista dentro de tres semanas.
La confianza ha mejorado ante la percepción de que las presiones inflacionarias son manejables, las utilidades continúan en aumento y la política monetaria apunta a flexibilizarse. Los riesgos persisten, ya que las valuaciones siguen siendo elevadas, la inflación derivada de los aranceles aún podría materializarse y los inversionistas muestran inquietud por la independencia de la Reserva Federal. Sin embargo, por ahora, los mercados han dejado de lado el ruido de corto plazo y se enfocan en los factores que realmente cuentan a largo plazo.
En el análisis de hoy, nos concentramos en lo que viene. Estos son cinco puntos clave para observar en lo que queda de 2025.
1. El ciclo de recortes de la Reserva Federal
En la conferencia de Jackson Hole, el presidente Jerome Powell prácticamente confirmó que la Reserva Federal probablemente reducirá las tasas en su reunión de septiembre. En los últimos meses, la creación de empleo se ha desacelerado y los precios se han mantenido firmes: las nóminas crecieron en promedio unas 35 mil personas por mes, mientras que la inflación general pasó de aproximadamente 2,4% a 2,7% interanual en julio. La transmisión de los aranceles se reflejó principalmente en los bienes, aunque los precios más bajos de la gasolina limitaron su impacto en el indicador general.
El mensaje de la Reserva Federal ha sido consistente: si las expectativas de inflación permanecen ancladas, no reaccionará de forma exagerada ante incrementos puntuales derivados de los aranceles y seguirá de cerca el mercado laboral, donde tanto la demanda como la oferta se han moderado. En Jackson Hole, Powell reforzó esta postura y destacó el aumento de los riesgos a la baja para el empleo. Por ello, no permitirán que movimientos aislados de precios determinen la política monetaria.
Los mercados coinciden en gran medida en el corto plazo: las probabilidades de un recorte en septiembre rondan el 90%, y los precios llevan ya implícitos aproximadamente 50 puntos básicos de flexibilización para finales de año. Los únicos factores que podrían frenar esta medida son el informe de empleo de agosto (que se publicará el 5 de septiembre) y los datos del Índice de Precios al Consumidor (IPC, programados para el 11 de septiembre). A menos que haya una sorpresa significativa en alguno de ellos, es probable que el banco central actúe conforme a lo previsto.
Si las expectativas se mantienen ancladas y los datos laborales se moderan aún más, estimamos que aplicará un nuevo ajuste después de septiembre de este año. Tras Jackson Hole, los mercados proyectan que la tasa de fondos federales se mantenga cerca de 3,8% a finales de año, alrededor de 3,2% a mediados de 2026 y cerca de 3% para finales de 2026.
En resumen: el crecimiento más lento, junto con presiones inflacionarias firmes, obliga a la Reserva Federal a actuar con cautela. Por ahora, la política apunta hacia la flexibilización, siempre que las expectativas se mantengan estables y el mercado laboral se modere sin colapsar.
2. Utilidades corporativas
Dos cifras reflejan la situación:
Esto indica que las empresas cumplieron con las expectativas, ya que a pesar del crecimiento más lento y de los titulares sobre aranceles, lograron mantener los precios, controlar los costos y preservar la rentabilidad. Estaremos atentos a los resultados del tercer trimestre: el consenso prevé una ligera caída, pero lo mismo se anticipaba para el segundo trimestre y el desenlace fue positivo.
Algunos factores favorables podrían impulsar el desempeño hacia finales de año: la política arancelaria es más clara, lo que reduce el riesgo de planificación. Sectores como tecnología y servicios públicos deberían beneficiarse de las continuas inversiones en inteligencia artificial y en centros de datos, además del respaldo de “Una gran y hermosa ley” (One Big Beautiful Bill). Por otro lado, un recorte de la Reserva Federal —y un camino más suave posteriormente— sería un catalizador evidente para los líderes de crecimiento sensibles a las tasas de interés.
3. Superciclo de gastos de capital en IA continúa, pero la energía es el cuello de botella
Aunque algunos dudaban de que los grandes hiperescaladores de servicios en la nube mantuvieran sus planes de inversión, estos han elevado sus expectativas de gasto y consideran la construcción de centros de datos y la inversión en inteligencia artificial como prioridades clave.
Microsoft reportó un gasto de capital récord de aproximadamente 30 mil millones de dólares este trimestre y proyecta cerca de 80 mil millones para el año fiscal 2025. Alphabet elevó sus planes de inversión para este año a alrededor de 85 mil millones, Meta los incrementó a un rango de 66–72 mil millones, y Amazon prevé unos 118 mil millones según su ritmo actual. Estimamos que el gasto de capital aumentará en torno a 80% interanual este año, a medida que se acelera el despliegue de proyectos de inteligencia artificial.
El factor limitante podría ser el suministro de energía. Tras casi dos décadas de demanda eléctrica estable, se espera que el consumo de electricidad en Estados Unidos crezca a una tasa compuesta anual (TCAC) de aproximadamente 2,5% hasta 2030, lo que equivaldría a cerca de 800 teravatios-hora adicionales en esta década, aproximadamente igual a la generación anual combinada de Texas y California. Los centros de datos son el principal motor de este incremento, aportando alrededor de un punto porcentual de ese 2,5%, casi la mitad del total.
Estados Unidos se ha convertido en el epicentro del fenómeno. El corredor de centros de datos (ubicado en el norte de Virginia) concentra una infraestructura que actualmente representa aproximadamente el 45% de la demanda eléctrica global de estas instalaciones. Los centros de datos estadounidenses consumen cerca del 4% de la electricidad total y se prevé que alcancen alrededor del 9% para 2035. El factor crítico es el suministro: nueve de los trece mercados regionales de energía ya se encuentran en niveles críticos o cercanos a ellos. Dentro de cinco años, se espera que todos, salvo uno, operen por debajo de umbrales cómodos.
En resumen: el superciclo de gastos de capital sigue intacto, pero la disponibilidad de energía y los plazos de interconexión marcarán el ritmo. Identificamos oportunidades en las empresas de servicios eléctricos con crecimiento de carga, proveedores de redes y energía, y facilitadores de inteligencia artificial.
4. Europa: euro más fuerte, nuevos gastos de capital y dinamismo en defensa
El crecimiento es moderado y la inflación se ha enfriado, pero la reciente fortaleza del euro representa un obstáculo para los grandes exportadores. Como regla general, una apreciación del 10% de la moneda reduce las utilidades por acción (UPA) en aproximadamente 4% para las 50 mayores compañías europeas. Este efecto se refleja primero en las previsiones de los sectores con exposición global; por ello, nos interesa más el mercado interno, ya que Europa aborda algunos de sus problemas estructurales y sufre un menor impacto por el tipo de cambio.
Por otro lado, las políticas públicas están impulsando la inversión privada, desde redes energéticas y tecnologías limpias hasta semiconductores y manufactura. Por ejemplo, la iniciativa “Hecho en Alemania”: incentivos específicos y garantías que fomentan la inversión de capital y la reconstrucción de capacidades. Estos programas están generando nuevos pedidos y ampliando los ya existentes, lo que brinda a las industrias visibilidad de ingresos a varios años, incluso si el crecimiento de ventas a corto plazo es moderado. Muchos de estos proyectos se activarán en 2026.
La defensa sigue siendo un área de fortaleza. Con presupuestos plurianuales más sólidos, esperamos un posible aumento en las previsiones de varias empresas líderes del sector a medida que la producción crezca y los pedidos pendientes se materialicen.
En resumen: un euro más fuerte representa un lastre para los exportadores, pero los vientos favorables de gastos de capital y la demanda en defensa ayudan a equilibrar la situación. Además: el arancel del 15% de Estados Unidos sobre productos europeos —muy por debajo de las amenazas iniciales— aporta la claridad necesaria, lo que debería aumentar la confianza de empresas y consumidores y mejorar la planificación para 2025-2026.
5. China: tensiones estructurales y despegue del sector tecnológico
La economía china enfrenta desafíos estructurales, pero el sector tecnológico sigue siendo un área de fortaleza. En julio, los préstamos netos nuevos fueron negativos —la primera contracción mensual en casi 20 años—, lo que indica que los prestatarios devolvieron más de lo que los bancos prestaron. Esto refleja claramente la débil demanda de crédito del sector privado en medio del persistente estrés del mercado inmobiliario.
El resto de los indicadores económicos apuntan en la misma dirección. La inflación se mantuvo en 0% interanual, los precios de la vivienda bajaron nuevamente (de manera más moderada, aunque la tendencia bajista persiste), el desempleo juvenil aumentó y la producción industrial se desaceleró, mientras que los índices de gestores de compras manufactureras se situaron por debajo de 50. El principal factor es un efecto negativo sobre la riqueza, derivado de la caída del sector inmobiliario y de un mercado laboral más débil que mantiene el gasto bajo control.
Somos algo más optimistas respecto al sector tecnológico. Las valuaciones siguen siendo atractivas frente a sus pares globales, el marco regulatorio se ha estabilizado y la infraestructura doméstica de inteligencia artificial continúa desarrollándose, lo que demuestra que la innovación puede mantenerse incluso con ciertas limitaciones. Las políticas arancelarias son ahora más predecibles, lo que reduce los riesgos de planificación para las empresas de equipos y de la cadena de suministro. Plataformas e infraestructuras seleccionadas, con balances sólidos y estrategias claras de monetización de la nube e inteligencia artificial, están bien posicionadas, aunque un desempeño sostenido probablemente dependerá de una recuperación más duradera de los fundamentos económicos y las utilidades.
A medida que se acerca el final del año, los mercados se enfrentan a varios factores: una Reserva Federal inclinada hacia la flexibilización, utilidades que siguen sorprendiendo, una ola de inversión en inteligencia artificial que enfrenta limitaciones de energía, un euro más fuerte en Europa compensado por nuevos gastos de capital y dinamismo del sector de la defensa, y el repunte del sector tecnológico en China a pesar de los desafíos macroeconómicos. En otras palabras, hay muchos elementos en movimiento, pero también múltiples oportunidades para aprovecharlos. La próxima temporada traerá tanto desafíos como catalizadores. Consulte con su asesor de J.P. Morgan para asegurarse de que su cartera esté preparada para lo que viene.
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