Estrategia de inversión

¿Cómo afecta el alza del petróleo a las economías de América Latina?

La campaña militar conjunta entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que se intensificó notablemente a finales de febrero, ha provocado el mayor impacto petrolero desde 2022. Las interrupciones en las rutas marítimas del Golfo Pérsico y el temor a un cierre prolongado del Estrecho de Ormuz impulsaron el precio del Brent aproximadamente un 65% en lo que va del año, situándolo cerca de $100 por barril. En algunos países, el traslado del aumento a los consumidores ha sido directo; por ejemplo, la gasolina en Estados Unidos subió un 36% en marzo, alcanzando alrededor de $4,00 por galón.

El conflicto podría estar acercándose a un punto de inflexión. El presidente iraní, Pezeshkian, indicó esta semana que Teherán tiene “la voluntad necesaria para poner fin a esta guerra”, siempre que existan garantías contra nuevas agresiones. Aún es incierto si esto se traducirá en un alto al fuego y cuán rápido se ajustarán los precios de la energía. Incluso si el crudo retrocede, los costos elevados de combustibles y transporte podrían tardar en normalizarse. En última instancia, la duración es más relevante que el pico: un repunte breve se desvanece rápidamente, pero un estancamiento plano cerca de $100 agrava el daño mediante una inflación persistente, condiciones financieras más restrictivas y una disminución del ingreso real.

Analizamos el impacto (y cualquier posible reversión) para América Latina, desde dos perspectivas: la duración y la estructura de cada país, determinada por el balance energético, la transmisión de la inflación y el margen de maniobra en política económica. El desenlace en la región depende de dos factores específicos: el balance neto de petróleo y la gestión gubernamental de los precios de los combustibles. Así es como estos factores han moldeado el panorama:

1. ¿Cuál es la posición neta de petróleo de cada país?

Los principales productores de crudo de América Latina —Brasil, México, Venezuela, Colombia y Argentina— concentran buena parte de la oferta regional. Sin embargo, eso no basta para determinar quiénes se benefician más del incremento de precios. La clave no está solo en cuánto petróleo extrae cada país, sino en su capacidad para refinarlo. Y ahí surge la principal limitación: la refinación no ha avanzado al mismo ritmo que la producción, por lo que incluso las mayores economías de la región siguen dependiendo de importaciones de gasolina, diésel y combustible para aviones. Como estos productos tienen un efecto más directo sobre los hogares que la cotización internacional del crudo, el aumento en el precio del barril termina trasladándose a los consumidores, incluso en los países exportadores de crudo.

Los cinco mayores productores de crudo de América Latina

Miles de barriles por día

Fuente: Administración de Información Energética de Estados Unidos. Información al 31 de diciembre de 2024.

El balance neto —es decir, las exportaciones de crudo menos las importaciones de productos refinados— permite anticipar los efectos iniciales. Brasil y Colombia son los mayores exportadores netos, con alrededor de 500 mil y 450 mil barriles diarios, respectivamente, mientras que Ecuador registra un excedente cercano a 230 mil barriles diarios. En México, en cambio, el superávit se ha reducido de forma significativa, ya que la nueva capacidad de refinación absorbe una mayor parte del crudo nacional, mientras la producción de los campos maduros sigue disminuyendo y apenas mantiene un saldo positivo. Por su parte, Chile y Perú se sitúan en el extremo opuesto: siguen siendo importadores estructurales, con una producción local mínima.

Esta diferencia marca el punto de partida para la inflación, el crecimiento y las cuentas externas. A partir de ahí, el resultado dependerá de la capacidad de cada gobierno para amortiguar el alza de los combustibles y de cuánto de ese aumento termine trasladándose al consumidor.

La capacidad de refinación no ha crecido al mismo ritmo que la extracción en América Latina

Petróleo crudo y productos refinados netos en 2024, miles de millones de dólares

Fuente: UN Comtrade, base anual 2024 según país declarante. HS2709 = petróleo crudo. Información al 31 de diciembre de 2024.

2. ¿Cómo están manejando los gobiernos la volatilidad en los precios de los combustibles?

En los exportadores netos de crudo —Brasil, México y Colombia—, los gobiernos están tratando de amortiguar el impacto sobre los consumidores mediante subsidios, ajustes tributarios y precios regulados, a costa de una mayor presión sobre las cuentas fiscales. Si el repunte de los precios se revierte dentro de un trimestre, el costo seguirá siendo manejable. Pero si el petróleo se mantiene cerca de los 100 dólares hasta la segunda mitad del año, esos mecanismos perderán efectividad y las autoridades tendrán que elegir entre proteger a los consumidores o preservar el margen fiscal.

La situación es más compleja en los importadores netos, como Chile y Perú, donde el espacio para actuar es menor. Al no contar con ingresos significativos por exportaciones de crudo para financiar subsidios, una mayor parte del encarecimiento llega rápidamente a los consumidores, lo que complica la tarea de la política monetaria si la presión persiste. En estos casos, los bancos centrales se convierten en la principal línea de defensa.

3. ¿Qué están haciendo los países para mitigar el impacto de corto plazo?

  • Brasil: redujo los impuestos federales sobre los combustibles e introdujo un subsidio de 10 mil millones de reales para el diésel, financiado con gravámenes temporales a las exportaciones de crudo y diésel. Como resultado, el efecto sobre las cuentas fiscales ha sido prácticamente neutro y el impacto directo sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) limitado. La desinflación sigue encaminada, respaldada por mercados locales profundos y cuentas externas estables, aunque la política monetaria se ha vuelto más cautelosa a medida que el encarecimiento de la energía presiona la inflación general. Conviene seguir de cerca la evolución de los impuestos a los combustibles, los precios administrados y las expectativas inflacionarias.
  • México: se prevé que el efecto sobre las cuentas fiscales sea, en términos generales, neutro, y que el Ministerio de Hacienda ajuste los precios de la gasolina de forma gradual, como ocurrió en 2022. Un peso relativamente fuerte también ayuda a contener la inflación importada, aunque la economía pierde dinamismo y el Producto Interno Bruto (PIB) del primer trimestre apunta a una contracción de 0,6%. La junta de gobierno del Banco de México conserva suficiente flexibilidad para retomar el ciclo de recortes o, si la incertidumbre persiste, prolongar la pausa. Conviene seguir de cerca la continuidad de los mecanismos utilizados para amortiguar el alza de los combustibles y la evolución de los márgenes al detal.
  • Colombia: se beneficia de una mejora en sus términos de intercambio gracias al aumento del petróleo, pero el mecanismo de transferencias fiscales neutraliza gran parte de ese efecto. La política económica mantiene un sesgo restrictivo para preservar la credibilidad, mientras el ajuste de los precios regulados de los combustibles y las necesidades fiscales reducen el margen de acción. Conviene seguir de cerca la velocidad con que se ajustan los precios regulados y las señales que envíe el frente fiscal.
  • Chile y Perú: como importadores netos de petróleo, enfrentan un deterioro de sus términos de intercambio, aunque sus importantes exportaciones de metales ayudan a compensar parte del mayor costo de la energía. En 2024, Chile vendió al exterior aproximadamente 48.300 millones de dólares en cobre y 1.200 millones en oro, mientras que Perú exportó cerca de 22.900 millones de dólares en cobre y 12.800 millones en oro. Ese respaldo sostiene la balanza comercial, pero el principal riesgo a corto plazo sigue siendo la inflación si el crudo permanece elevado. En ese escenario, los bancos centrales podrían pausar los recortes de tasas, mientras las autoridades recurren a mecanismos de estabilización de los combustibles y a una comunicación clara para mantener ancladas las expectativas.

Nuestra visión: El alza del petróleo afecta a América Latina de forma distinta según la posición de cada país, su capacidad de refinación y el margen de acción de la política económica. Los exportadores se benefician de mayores ingresos por crudo, pero parte de esa ganancia se diluye por la limitada capacidad para refinarlo y por el costo de proteger a los consumidores frente al encarecimiento de los combustibles.

Si el conflicto se reduce, la estructura energética de América Latina le da una ventaja. Cuatro países son exportadores netos de petróleo, los que importan tienen reservas importantes de metales, y la producción local acorta la cadena de suministro entre el pozo y el consumidor final. Esto coloca a la región en una posición inicial más favorable que otras zonas más dependientes de las importaciones, como Europa. Si el precio del crudo se estabiliza, la inflación general en América Latina bajaría más rápido y los bancos centrales tendrían más espacio para volver a relajar su política monetaria.

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