Estrategia de inversión

La ventaja de la política económica de América Latina: señales para la próxima fase del ciclo

La geopolítica vuelve al centro del debate sobre la inflación. Los recientes acontecimientos en Oriente Medio han reactivado las preocupaciones sobre la trayectoria de los precios a nivel global. ¿Cuál es nuestra lectura general y qué implicaciones tiene para América Latina?

Empecemos por el panorama global:

  • El riesgo en Oriente Medio vuelve a situar la inflación en el radar. Los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes y la posterior represalia han elevado el riesgo de interrupciones en infraestructuras energéticas y rutas marítimas. El tráfico de buques petroleros a través del Estrecho de Ormuz —punto por el que circula aproximadamente el 27% del suministro mundial de petróleo— ya se ha visto afectado, lo que ha provocado fuertes movimientos en el precio del Brent, a medida que los mercados evalúan la duración y la gravedad de posibles interrupciones.
  • Por qué importa ahora: La energía sigue siendo el componente que se transmite con mayor rapidez a la inflación general: combustibles, transporte y servicios públicos reaccionan casi de inmediato, mientras que los efectos de una segunda ronda aparecen más tarde en logística, manufactura y agricultura. Nuestras estimaciones sugieren que un aumento del 10% en el petróleo frente a los niveles recientes añadiría alrededor de 15 puntos básicos al Índice de Precios al Consumidor (IPC) general de Estados Unidos y cerca de 10 puntos básicos a la medida subyacente (preferida por la Reserva Federal), incluso considerando que el país es actualmente un exportador neto de energía. El movimiento reciente parece responder más a primas de riesgo que a cambios en los fundamentos de la oferta y la demanda. Si el crudo se mantiene elevado, las presiones inflacionarias podrían volver a acumularse; de lo contrario, el traspaso sería más limitado.
  • Nuestro escenario base no cambia. Seguimos esperando que la inflación subyacente en Estados Unidos cierre 2026 en un rango de 2,3%–2,5% (la absorción de los efectos de los aranceles ocurriría durante la segunda mitad del año). En este contexto, la Reserva Federal retomaría el ciclo de relajación monetaria más adelante, con recortes de 25–50 puntos básicos que llevarían el rango objetivo a 3%–3,50% hacia finales de año1. La volatilidad energética puede generar oscilaciones en la inflación general, pero la tendencia desinflacionaria subyacente permanece intacta y es coherente con un ciclo gradual de recortes.

A pesar de estas renovadas presiones, los bancos centrales latinoamericanos han logrado acumular en los últimos años un importante margen de maniobra en política monetaria que podría volver a resultar valioso. Veamos por qué.

La experiencia inflacionaria de América Latina muestra un contraste relevante

Los bancos centrales de la región estuvieron entre los primeros en responder a la inflación posterior a la pandemia, al iniciar ciclos agresivos de endurecimiento monetario mucho antes que la mayoría de las economías desarrolladas. Brasil es el ejemplo más claro. Entre 2021 y 2022, elevó su tasa de política desde 2% hasta 13,75%, aproximadamente un año antes de que la Reserva Federal comenzara su propio ciclo. México, Chile y Perú siguieron con medidas igualmente decisivas.

Estas respuestas tempranas y contundentes ayudaron a anclar las expectativas de inflación y, sobre todo, dejaron a América Latina con tasas reales de política monetaria claramente por encima del nivel neutral. La inflación ha caído tanto en la región como en las economías desarrolladas, pero el ciclo de ajuste dejó un colchón más amplio.

Como resultado, América Latina enfrenta el actual encarecimiento del petróleo desde una posición de relativa fortaleza. Las tasas reales de política monetaria siguen siendo claramente restrictivas —cerca de 9,6% en Brasil y 4,3% en México—, lo que da a los bancos centrales margen para recortar gradualmente sin dejar de contener las presiones inflacionarias.

Sin embargo, la Reserva Federal dispone de menos flexibilidad. En Estados Unidos, la trayectoria de la relajación monetaria depende estrechamente de los datos sobre la inflación, y cada sorpresa al alza impulsada por la energía reduce el espacio para futuros recortes.

América Latina afronta el repunte del petróleo con tasas reales muy por encima del nivel neutral

Tasa de política monetaria (%)

Fuente: JPMorgan. Información al 10 de marzo de 2026.

Los mercados ya reflejan esta divergencia. En Brasil, por ejemplo, descuentan un recorte de 50 puntos básicos en la reunión del 18 de marzo y entre 150 y 200 puntos básicos de flexibilización monetaria hasta finales de año. En México, se prevé una reducción de 25 puntos básicos el 26 de marzo, lo que situaría la tasa de política cerca de 6,25% a mediados de año.

En contraste, la trayectoria de la Reserva Federal sigue siendo menos clara. Aún se debate si las condiciones permitirán incluso recortes de entre 25 y 50 puntos básicos antes de finales de año.

Colombia, por su parte, constituye una excepción regional. El banco central continúa ajustando la política monetaria tras una subida sorpresa de 100 puntos básicos hasta 10,25% en su última reunión. Esperamos otro aumento de 75 puntos básicos el 31 de marzo. El caso colombiano ilustra un punto más amplio: reaccionar temprano ayuda, pero no basta si las dinámicas fiscales y salariales internas presionan en sentido contrario.

Más allá del momento del ciclo, la experiencia latinoamericana también subraya la importancia de la independencia institucional. Varios bancos centrales mantuvieron políticas restrictivas incluso frente a presiones políticas para reducir las tasas. El Banco Central de Brasil es el ejemplo más claro: sostuvo su postura pese a críticas persistentes, logró reducir la inflación y reforzó la credibilidad de su marco de política monetaria.

Esto contrasta con el creciente debate en Estados Unidos y otras economías desarrolladas sobre la autonomía de los bancos centrales y sus horizontes de política monetaria.

Implicaciones para las divisas y los mercados

Estas dinámicas de política monetaria tienen implicaciones directas para los mercados cambiarios. Incluso con recortes de tasas, los rendimientos reales en la región deberían mantenerse claramente por encima de los de Estados Unidos y Europa hasta finales de año. En Brasil ya superan el 9% y en México rondan el 4%, niveles difíciles de igualar.

Esta ventaja se mantiene bajo distintos escenarios para el dólar: ya sea que se debilite, permanezca estable o se fortalezca moderadamente. Históricamente, cuando los diferenciales de tasas son tan amplios y la credibilidad de la política monetaria es sólida, las monedas latinoamericanas suelen comportarse bien y el real brasileño y peso mexicano parecen particularmente bien posicionados.

Aun así, persisten riesgos. Una interrupción prolongada en el suministro energético, un giro más restrictivo en las expectativas sobre la Reserva Federal o un deterioro fiscal en algunos países podrían complicar el panorama. Aun así, en un entorno donde los temores inflacionarios pueden reaparecer periódicamente, la credibilidad de las instituciones monetarias de América Latina constituye un importante amortiguador. Los marcos de política construidos —y defendidos— en los últimos años dejan a la región mejor preparada que muchas otras para enfrentar este episodio y los que puedan venir.

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En los últimos años, los bancos centrales latinoamericanos han logrado acumular un importante margen de maniobra en política monetaria que podría volver a ser clave.

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