Inversiones alternativas
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Bitcoin, la criptomoneda1 que inicialmente surgió como un experimento en medio de la desconfianza hacia el sistema financiero, hoy ocupa un lugar en las discusiones de algunas de las mayores instituciones financieras del mundo. El aumento de la deuda pública en Estados Unidos, la menor confianza en las instituciones, la gran transferencia generacional de riqueza y la rápida evolución de los activos digitales han llevado a algunos clientes a preguntarse: ¿está mi cartera preparada para bitcoin?
Nuestra respuesta es clara: por ahora no la recomendamos como parte de una asignación central. Aunque el argumento alcista gana fuerza, hay razones importantes para mantener la cautela. La regulación aún se está consolidando, la volatilidad sigue siendo elevada para un activo independiente y la evidencia histórica sugiere que puede aportar un nivel de riesgo desproporcionado a una cartera.
Los defensores de la criptomoneda sostienen que podría convertirse en una reserva de valor digital ampliamente adoptada, similar a un “oro digital”. Entre los argumentos que destacan se encuentran:
Por otro lado, la capitalización de mercado de bitcoin, cercana a dos billones de dólares, es considerable para un único activo (aproximadamente comparable a la de Meta). Sin embargo, sigue siendo pequeña frente a las clases de activos tradicionales, por ejemplo, equivale a solo el 6% del valor total del mercado del oro. Aunque conviene evitar comparaciones directas, algunos defensores del activo especulan con que, si su capitalización llegara a igualar la del metal, cada moneda podría superar los 1,5 millones de dólares, aproximadamente 20 veces su precio actual.
La combinación de escasez, descentralización y creciente aceptación institucional sustenta esta visión optimista sobre el valor de bitcoin a largo plazo.
Aun así, antes de considerar cualquier asignación, conviene evaluar con atención los riesgos e incertidumbres que aún persisten.
Uno de los motivos por los que no consideramos que bitcoin esté listo para formar parte de carteras centrales es el entorno regulatorio. En 2025, muchas economías mostraron mayor apertura hacia el ecosistema de activos digitales6, lo que facilitó su entrada en el ámbito institucional. Aun así, el panorama global sigue siendo fragmentado.
El avance —o retroceso— en materia regulatoria depende de los responsables políticos. La ausencia de normas coherentes a escala global, algo inherente a los activos descentralizados, deja a los inversionistas sin la protección y estabilidad que debería aportar la supervisión. Aunque bitcoin se encuentra más avanzado que otros segmentos del ecosistema, su aceptación también se ha visto reforzada por la evolución del marco regulatorio para los activos digitales en general.
Lograr un equilibrio entre regulaciones que generen confianza y el carácter descentralizado original de las criptomonedas seguirá siendo uno de los principales retos del sector.
Bitcoin es conocido por su volatilidad. Durante la última década, ha fluctuado cuatro veces más que las acciones globales (cerca del 70%, frente al 16%) y experimentado 14 mercados bajistas (caídas del 20% o más) frente a solo dos de la renta variable global. Además, los retrocesos fueron más pronunciados: en los cinco peores episodios, bitcoin perdió en promedio 57%, frente al 21% de la renta variable global.
No obstante, al tratarse de un activo relativamente reciente, el período analizado influye en las conclusiones. En los últimos años, la volatilidad se ha moderado. Desde que la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés) aprobó los primeros fondos cotizados en bolsa de bitcoin al contado en enero de 2024, la variación anualizada de la criptomoneda ronda el 45%, muy por debajo de la registrada en la década anterior.
Esta moderación puede reflejar una mayor aceptación institucional y la maduración del activo. Aun así, la volatilidad a un año sigue siendo más del doble que la de las acciones globales y el oro. La evolución reciente de los precios sugiere que este nivel de fluctuación puede no ser adecuado para todos los inversionistas o carteras.
Ahora bien, la volatilidad no es necesariamente negativa. Históricamente, los inversionistas que han mantenido posiciones en bitcoin durante largos periodos han sido recompensados: en la última década, comprar y mantener el activo generó un retorno anualizado del 72%.
La correlación de bitcoin con otros activos ha variado considerablemente. A largo plazo se sitúa en niveles relativamente bajos frente a las acciones globales (alrededor de 0,2), aunque tiende a aumentar en episodios de tensión en los mercados.
Cuando las acciones globales subieron un 5% o más en un período de cuatro semanas (entornos de apetito por el riesgo), bitcoin registró avances el 75% del tiempo, frente al 73% del oro. En cambio, cuando cayeron un 5% o más (entornos de aversión al riesgo), bitcoin experimentó pérdidas el 93% del tiempo, frente al 55% del oro.
En episodios de aversión al riesgo, las acciones registraron pérdidas medias del 8% y bitcoin del 13%, mientras que el oro avanzó en promedio un 0,4%.
En términos históricos, bitcoin no ha protegido las carteras de forma consistente durante fases de debilidad en los mercados bursátiles. De hecho, tendió a comportarse peor.
También se argumenta que puede actuar como diversificador frente al dólar. Durante la última década ha mostrado una ligera correlación negativa con la divisa estadounidense (-0,14), aunque el oro ha demostrado ser un diversificador mucho más fiable (-0,50).
Las características de bitcoin dificultan su encaje en los marcos tradicionales de asignación de activos. Aunque ofrece potencial de apreciación y cierto grado de diversificación monetaria, también introduce riesgos significativos.
A continuación, comparamos una exposición a bitcoin con otros diversificadores y analizamos su impacto en el riesgo de las carteras:
Para carteras ultraconservadoras o fondos con horizontes de inversión cortos, incluso una pequeña asignación a bitcoin podría generar una volatilidad inaceptable. Los inversionistas más agresivos podrían considerarlo dentro de su presupuesto de riesgo, aunque el tamaño de la posición y una adecuada gestión del riesgo siguen siendo fundamentales.
El ecosistema de activos digitales evoluciona con rapidez y bitcoin es solo una parte de él. La “tokenización” (representación de activos del mundo real como tokens digitales en una cadena de bloques o blockchain7) amplía el acceso a inversiones alternativas y facilita la gestión de activos. Además, las blockchains actúan como infraestructuras para registrar y transferir la propiedad de activos, lo que permite realizar transferencias de valor de forma instantánea, transparente y eficiente en los mercados globales.
De hecho, desde enero de 2025, la adopción de productos y estrategias basados en blockchain por parte de instituciones financieras se ha acelerado8. A medida que los inversionistas se familiaricen con este entorno tecnológico, el uso de bitcoin podría aumentar.
Sin embargo, la expansión del ecosistema digital también puede generar nuevos riesgos. Por ejemplo, el crecimiento de las stablecoins vinculadas al dólar podría reforzar el predominio de la divisa estadounidense. Aunque facilitarían pagos y transferencias internacionales más eficientes, también podrían ralentizar las tendencias recientes de desdolarización y limitar una adopción más amplia de las criptomonedas9.
Bitcoin continúa su transición desde una curiosidad digital hacia un activo cada vez más utilizado. Aunque por ahora no recomendamos incluirlo como una posición central en las carteras, podría tener cabida como asignación satélite para inversionistas más agresivos o con un perfil especulativo, siempre que estén dispuestos a asumir su volatilidad y los riesgos asociados. La criptomoneda ha demostrado su potencial para generar retornos significativos, pero los resultados futuros siguen siendo inciertos. Por ello, el tamaño de la posición y una adecuada gestión del riesgo resultan fundamentales.
Más allá de bitcoin, el ecosistema de activos digitales está evolucionando con rapidez. Las nuevas tecnologías y plataformas podrían ayudar a desarrollar la infraestructura necesaria para una mayor aceptación de las criptomonedas y, con el tiempo, también para reforzar la confianza en ellas.
Como siempre, la construcción de su cartera debe estar alineada con sus objetivos a largo plazo y su tolerancia al riesgo. Su equipo de J.P. Morgan puede ayudarle a evaluar los riesgos y oportunidades de bitcoin y del ecosistema de activos digitales en su conjunto.
Podemos ayudarle a navegar un panorama financiero complejo. Hablemos.
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