Inversiones alternativas
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Pese a la incertidumbre, 2025 fue un año de retornos sólidos: la renta variable global avanzó más del 20%, la renta fija superó de forma significativa al efectivo y las materias primas registraron su mejor desempeño desde 2022. Si bien mantenemos una visión constructiva sobre las perspectivas de los mercados y la economía en 2026, aún persisten tensiones subyacentes.
En un contexto de valuaciones elevadas, la concentración del mercado accionario se encuentra en máximos históricos. Los diferenciales de crédito están en sus niveles más estrechos de los últimos años, y el resurgimiento del nacionalismo económico y del activismo fiscal ha reactivado los riesgos de inflación y volatilidad en las tasas de interés, lo que incrementa la probabilidad de una correlación positiva entre acciones y bonos.
Esto significa que el antiguo manual de diversificación ya no es tan fiable como antes: la distribución tradicional 60/40 tiene hoy menos probabilidades de ofrecer la estabilidad que buscan los inversionistas para crecer su patrimonio a lo largo de los distintos ciclos de mercado. En este contexto, las inversiones alternativas adquieren un papel clave. Aunque muchos las consideran un complemento táctico, creemos que constituyen una necesidad estratégica para construir carteras verdaderamente resilientes.
Hemos identificado oportunidades atractivas en el universo de inversiones alternativas, articuladas en torno a tres grandes temas:
A continuación, analizamos cómo estos temas están redefiniendo el conjunto de oportunidades en inversiones alternativas de cara a 2026.
En los últimos tres años, las empresas han destinado una inversión de capital significativa a la construcción de la infraestructura física y digital necesaria para impulsar el avance de la inteligencia artificial. Consideramos que la próxima fase estará definida por la superación de los cuellos de botella en electricidad y energía, así como por la creación de valor mediante la integración de aplicaciones en el mundo real. Asimismo, observamos que es en los mercados privados donde estas innovaciones se están materializando.
El fuerte incremento de la demanda de electricidad, en un entorno marcado por restricciones de oferta, retrasos plurianuales en la transmisión, infraestructura envejecida y escasez de recursos —como minerales y agua—, vuelve a perfilarse como un límite estructural para el crecimiento de la IA. Estas presiones también están tensionando las redes eléctricas, lo que reduce su confiabilidad y ejerce presión al alza sobre los precios1.
De hecho, Estados Unidos podría enfrentar un déficit de capacidad eléctrica tan pronto como en 2029. Este escenario exigirá inversiones no solo en infraestructura —generación, transmisión y distribución—, sino también en eficiencia energética y activos que fortalezcan la confiabilidad del sistema y alivien la presión de la demanda en horas pico, ampliando así el conjunto de oportunidades para los inversionistas. Este contexto probablemente sostendrá una demanda estructural de petróleo y gas natural, con vientos de cola seculares en un momento en que los fundamentos mejoran y las valuaciones se mantienen atractivas2.
Sin embargo, este no es un fenómeno exclusivo de Estados Unidos. A escala global, la electrificación, el aumento de la demanda impulsado por la inteligencia artificial y el envejecimiento de la infraestructura de redes convergen para crear restricciones similares en términos de confiabilidad y capacidad. Este entorno convierte la inversión tanto en suministro firme de petróleo como en eficiencia de las redes eléctricas en una prioridad de alcance mundial.
Las empresas de inteligencia artificial también desarrollan aplicaciones que fortalecen el potencial de crecimiento de sus clientes, al generar mejoras en productividad, ingresos y, en algunos casos, rentabilidad. La IA agéntica cuenta con la capacidad de tomar decisiones y operar de manera autónoma, sin requerir una intervención humana constante. A su vez, el software empresarial habilitado por IA permite automatizar funciones clave del negocio, mientras que las soluciones de IA vertical ofrecen herramientas diseñadas específicamente para industrias concretas. Las estimaciones sugieren que este conjunto de aplicaciones podría representar un mercado de hasta seis billones de dólares para 20303.
Aunque aún se trata de una etapa temprana, un estudio indica que las empresas con una adopción avanzada de IA registran un crecimiento de ingresos 1,7 veces superior al de las que se quedan rezagadas en su implementación, además de expandir sus márgenes 1,6 veces más rápido. Si esta tendencia se mantiene, los inversionistas podrían comenzar a penalizar a quienes se queden atrás, en particular a los proveedores tradicionales de software que perciban como lentos en su capacidad de evolucionar y capturar los beneficios de la IA.
Sin embargo, la conclusión más relevante para los inversionistas es clara: hoy, la mayoría de las aplicaciones surgen principalmente en los mercados privados. En ausencia de exposición a estos mercados —a través de capital de riesgo y capital privado—, podrían estar perdiendo oportunidades significativas de crecimiento e innovación.
A continuación, describimos cómo los inversionistas pueden acceder a estas oportunidades:
A tres años del inicio del ciclo de la inteligencia artificial, han comenzado a surgir algunos focos aislados de euforia. Prevemos períodos de avance y corrección en el sector a lo largo de la próxima década y seguimos atentos a posibles señales de burbuja. No obstante, mantenemos la convicción de que el mayor riesgo para nuestros clientes proviene de una exposición insuficiente, no excesiva.
Construir una cartera resiliente requiere ir más allá de las acciones y bonos tradicionales. Con el denominado “tech plus”4 representando ya cerca del 50% del mercado accionario estadounidense, resulta más importante que nunca incorporar fuentes de retorno diferenciadas y con menor correlación.
Para quienes buscan mayor solidez en su cartera en 2026, favorecemos el capital privado básico —con énfasis en la multiplicidad geográfica y sectorial—, la “diversificación de los diversificadores” mediante fondos de cobertura e infraestructura, y la complementación del crédito directo sénior garantizado con otros segmentos del crédito. En este entorno, la selección rigurosa de gestores será clave, a medida que se amplía la dispersión de resultados.
Los fondos de cobertura mostraron un desempeño destacado en 2025. Siete de los ocho segmentos7 cerraron el año con retornos positivos y los fondos macro discrecionales registraron ganancias superiores al 10%8, por encima de la renta fija tradicional. Estos últimos, en particular, han actuado como un diversificador clave, al presentar una correlación negativa tanto con las acciones tecnológicas como con la cartera 60/40, además de generar retornos positivos durante episodios significativos de caídas de mercado.
Esperamos que este patrón se mantenga, dadas las actuales condiciones de tasas elevadas, mayor volatilidad y dispersión creciente de resultados entre sectores y clases de activos, factores que amplían las oportunidades para que los gestores de fondos de cobertura identifiquen ineficiencias de valuación. Además, estos vehículos permiten a los inversionistas diversificar sin sacrificar retornos absolutos.
La infraestructura también destaca: a diciembre, los rendimientos promediaban alrededor del 6%, aproximadamente dos puntos porcentuales por encima del bono del Tesoro a 10 años. Históricamente, estos retornos han mostrado estabilidad en entornos inflacionarios, se apoyan en flujos de caja de largo plazo y responden a una tendencia estructural: se ha convertido en una cuestión de seguridad nacional.
Consideramos que complementar el crédito directo con otros segmentos del mercado crediticio será clave para las carteras en 2026 y en el futuro, a medida que los rendimientos se normalizan y comienzan a emerger focos de tensión. Entre estas alternativas destaca el crédito respaldado por activos, que ofrece rendimientos superiores a los de los mercados públicos, apoyados en una prima de iliquidez (y complejidad), un amplio mercado total direccionable10, menor competencia y una base de colateral diversificada. Otra vía de diversificación es el sector inmobiliario.
También resulta oportuno aprovechar los “microciclos” del crédito que podrían surgir en 2026, dado que el crecimiento será desigual entre industrias y la disrupción asociada a la inteligencia artificial puede generar tensiones en determinados segmentos del software11. En este contexto, los gestores de crédito oportunista o en dificultades están bien posicionados para identificar y capturar valor a partir de dislocaciones del mercado.
La liquidez en los mercados privados está evolucionando con rapidez. Las estructuras de fondos de inversión sin fecha de vencimiento predeterminada están redefiniendo el panorama de la inversión. A 2025, aproximadamente el 20% de los activos en inversiones alternativas de banca privada bajo nuestra supervisión se encontraba en este tipo de vehículos, lo que cuadruplica el nivel de hace cinco años.
A medida que los mercados privados maduran, prevemos que los propietarios de activos encontrarán nuevas oportunidades de liquidez más allá de las vías tradicionales, como las salidas a bolsa y fusiones y adquisiciones estratégicas. Los mercados secundarios12 desempeñan un papel central en este proceso, a medida que los activos de capital privado continúan envejeciendo. El período mediano de tenencia de los fondos globales de adquisiciones se mantiene elevado, por encima de los seis años. En este contexto, los vehículos de continuación —fondos creados por los gestores de capital privado para mantener empresas en cartera— representan ya cerca del 20% de las salidas globales del sector13.
Estos cambios estructurales están abriendo nuevas alternativas para que los socios limitados y socios gestores gestionen la liquidez y, al mismo tiempo, incorporen mayor diversificación a sus carteras.
¿Dónde están las oportunidades?
El panorama de la liquidez en los mercados privados continúa evolucionando, impulsado por el envejecimiento de los activos y la expansión de los fondos sin fecha de vencimiento predeterminada. Al construir sus carteras de capital privado, los inversionistas deberían considerar un equilibrio entre estructuras con llamadas de capital y vehículos sin fecha de vencimiento predeterminada, así como explorar inversiones en mercados secundarios.
La promesa —y la presión— en 2026 no radica en perseguir el próximo repunte ni en cubrirse ante la siguiente corrección, sino en reconocer que muchas de las fronteras tradicionales se han desdibujado: entre lo público y lo privado, entre las acciones y los activos alternativos, entre la eficiencia y la resiliencia.
Desde nuestra perspectiva, esto implica que las inversiones alternativas no son opcionales, sino imprescindibles. Creemos en una verdad incómoda: los riesgos de concentración y correlación están en aumento. Una asignación limitada exclusivamente a acciones y bonos corre el riesgo de volverse obsoleta. El camino para seguir pasa por diseñar carteras de inversión tan dinámicas, resilientes e innovadoras como el entorno que deben enfrentar.
Invertir en activos alternativos implica riesgos superiores a los de las inversiones tradicionales y es adecuado únicamente para inversionistas sofisticados. Estas inversiones no deben considerarse un programa de inversión completo. Además, no son fiscalmente eficientes, por lo que se recomienda consultar con un asesor fiscal antes de invertir. Los activos alternativos suelen conllevar comisiones más elevadas, pueden estar altamente apalancados y emplear estrategias especulativas, lo que puede amplificar tanto las pérdidas como las ganancias. El valor de la inversión puede subir o bajar, y el inversionista podría recuperar menos de lo inicialmente invertido.
Los instrumentos de crédito privado pueden ser ilíquidos y conllevar riesgos significativos, y venderse o rescatarse por un valor superior o inferior al monto originalmente invertido. Existe un riesgo mayor de que los emisores y contrapartes incumplan sus obligaciones de pago, lo que podría generar pérdidas para la estrategia. Asimismo, la calidad crediticia de los instrumentos puede deteriorarse si se debilita la situación financiera de un emisor. Una menor calidad crediticia puede dar lugar a mayor volatilidad, afectar la liquidez y dificultar la venta de los instrumentos.
Los instrumentos de crédito privado pueden estar calificados en la categoría más baja de grado de inversión o carecer de calificación. En tales casos, se consideran de carácter especulativo, con características similares a los instrumentos de alto rendimiento, y sus emisores son más vulnerables a cambios en las condiciones económicas que aquellos con calificaciones crediticias más altas.
Las inversiones inmobiliarias, los fondos de cobertura y otras inversiones privadas pueden no ser adecuadas para todos los inversionistas individuales, conllevan riesgos significativos y pueden venderse o rescatarse por un valor superior o inferior al monto originalmente invertido. Las inversiones privadas se ofrecen únicamente mediante memorandos de colocación, que describen con mayor detalle los riesgos asociados. No existe garantía de que se alcancen los objetivos de inversión declarados de ningún producto.
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La compensación de pérdidas fiscales (tax-loss harvesting) puede no ser adecuada para todos los inversionistas. Es posible que esta estrategia no resulte óptima para su cuenta si no espera obtener ganancias de capital netas este año, si tiene pérdidas de capital acumuladas, si le preocupa desviarse de su modelo de cartera de inversión y/o si está sujeto a tasas impositivas bajas o invierte mediante una cuenta con beneficios fiscales diferidos. Debe analizar estas cuestiones con sus asesores fiscales y de inversión.
Invertir en instrumentos de renta fija implica ciertos riesgos, entre ellos los de tasas de interés, crédito, inflación, amortización anticipada y reinversión. Cualquier valor de renta fija vendido o rescatado antes del vencimiento puede generar una ganancia o pérdida sustancial.
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