Corea del Sur: impulso desde la IA y la tecnología
La profunda integración de Corea del Sur en la cadena de suministro de inteligencia artificial y semiconductores la sitúa a la vanguardia del crecimiento tecnológico global. En 2025, las exportaciones de chips aumentaron 16,9% interanual y los semiconductores ya representan el 26% del total, impulsados por la demanda de servidores de IA y la recuperación de los precios de la memoria.
El repunte en las ventas de chips avanzados y de componentes de memoria confirma la solidez de la demanda mundial de hardware para IA y refuerza el papel del país en esta tendencia estructural. Corea del Sur se consolida como un referente regional, favorecida por el giro global hacia la tecnología y diversificación de las cadenas de suministro.
Taiwán: pilar del ecosistema global de semiconductores
Taiwán mantiene un papel dominante en la manufactura de semiconductores avanzados, con más del 60% de la producción mundial y más del 90% de los chips de mayor sofisticación (a través de empresas como TSMC). Aunque enfrenta vientos en contra de naturaleza cíclica, la disciplina de su política macroeconómica y las coberturas adoptadas por el banco central contribuyen a moderar la volatilidad.
Su elevada exposición a sectores de hardware de alto dinamismo, junto con políticas que promueven la manufactura, posiciona al país de manera favorable en un contexto en el que las cadenas globales de suministro se alejan de modelos altamente concentrados en China. La importancia estratégica de Taiwán dentro del ecosistema tecnológico global y su resiliencia ante una fragmentación cada vez mayor consolidan su papel como un ancla esencial para el crecimiento futuro.
China: macroeconomía débil, pero la tecnología se consolida como punto estratégico de fortaleza
La economía china atraviesa una etapa de crecimiento inestable. Las exportaciones, incentivadas de manera excepcional, han contribuido a mantener cierta estabilidad pese a la debilidad del sector inmobiliario y de la inversión. La relajación gradual de la política económica, mediante recortes moderados de tasas, medidas fiscales puntuales y apoyo crediticio selectivo, ha permitido contener la desaceleración, aunque sin reactivar la demanda interna. Este patrón probablemente continúe, ya que la actividad muestra más señales de estancamiento que de mejora y aún se requiere un estímulo más contundente para dinamizar el consumo. Los flujos de capital hacia el país también se mantienen prudentes.
En este entorno macroeconómico tenue, el sector tecnológico se ha convertido en el principal eje estratégico de crecimiento. Su avance obedece tanto a factores de mercado como a una orientación deliberada de la política estatal. El impulso chino hacia la autosuficiencia tecnológica —reforzado por las restricciones a las exportaciones impuestas por Estados Unidos— ha situado a la inteligencia artificial y a los semiconductores en el centro de sus prioridades nacionales.
Las recientes declaraciones de Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, afirmando que “China probablemente ganará la carrera de la IA”, han reavivado el debate sobre el rumbo tecnológico del país. Aunque el resultado final sigue abierto, sus palabras destacan varias ventajas estructurales: una escala de datos sin precedentes, gran capacidad de despliegue y un profundo capital de ingeniería, atributos que consolidan a China como un nodo esencial del ecosistema global de IA.
La estrategia industrial del gobierno —que abarca el 14.º plan quinquenal, la iniciativa “Nuevas fuerzas productivas de calidad” y distintos programas de apoyo fiscal para la IA y los semiconductores— ha impulsado un ciclo de inversión sin precedentes. Las restricciones tecnológicas impuestas por Estados Unidos no han detenido este proceso; por el contrario, han acelerado la apuesta por la autosuficiencia, y llevado a las principales empresas de internet y computación en la nube a desarrollar hardware, software e infraestructura de entrenamiento de IA de origen nacional.
Según Goldman Sachs Research, las mayores compañías chinas del sector aumentarán su gasto de capital relacionado con IA alrededor de 65% en 2025, con una inversión total que superaría los 70 mil millones de dólares, equivalente a entre 15% y 20% de la de los grandes proveedores estadounidenses. Este incremento refleja tanto la ambición corporativa como la alineación con las prioridades estatales: los gobiernos nacionales y provinciales ofrecen créditos fiscales, financiamiento preferencial y subsidios de suelo para impulsar la expansión de centros de datos y adopción de chips locales.
Al mismo tiempo, los proveedores chinos de servicios en la nube avanzan en la sustitución de chips importados (históricamente representaban entre 50% y 75% de su gasto de capital) por alternativas nacionales, señal de una integración vertical cada vez mayor en toda la cadena tecnológica.
La monetización aún es incipiente, pero avanza con rapidez. Los servicios de IA para empresas (entrenamiento de modelos, personalización posterior e inferencia) registran una expansión acelerada, mientras que la adopción por parte del consumidor crece a través de chatbots y aplicaciones de contenido generado por IA. Si bien entre 90% y 95% de los ingresos de los hiperescaladores en China proviene del mercado interno, los líderes del sector empiezan a ampliar su presencia en el sudeste asiático, Oriente Medio y América Latina, en línea con la estrategia de diplomacia de infraestructura digital del país.
Este escenario configura una oportunidad selectiva pero atractiva: una expansión de la IA impulsada por políticas públicas y con altas necesidades de capital, menos orientada a las utilidades de corto plazo y más a consolidar liderazgo estructural en IA aplicada y fortalecer la soberanía tecnológica. Las empresas más innovadoras del sector ya representan más de 40% del MSCI China y explican la creciente divergencia entre el comportamiento del mercado accionario y la evolución de la economía real.
A partir de esta perspectiva, fijamos un objetivo para el MSCI China entre 88 y 93 puntos hacia finales de 2026. Aunque mantenemos una visión neutral sobre el país en su conjunto, adoptamos una postura constructiva respecto a su industria de innovación, al considerarla una fuente de crecimiento respaldada por el Estado y por el desarrollo de un ecosistema digital cada vez más robusto, incluso en un entorno macroeconómico complejo.