En este contexto, los gobiernos y empresas locales se están modernizando —ampliando la cobertura de banda ancha, construyendo centros de datos y experimentando con sistemas impulsados por IA—, pero la inversión y la gobernanza en ciberseguridad se han quedado atrás, lo que ha generado un ciclo de nivelación de varios años. La coordinación regional está mejorando gracias a la Red CSIRT de las Américas, que actualmente conecta a 52 equipos de respuesta a incidentes de seguridad informática en 22 países, facilitando el intercambio de información y la respuesta ante incidentes. Es probable que esta base institucional respalde flujos constantes de capital.
¿Un cambio de rumbo?
Los proveedores globales están respondiendo a estas dinámicas de mercado, y el sector de la ciberseguridad en América Latina vive un auge en la concreción de acuerdos. CrowdStrike expandió recientemente su presencia regional mediante alianzas en México y Brasil, llevando su plataforma Falcon basada en IA a una base empresarial más amplia. Por otro lado, Experian adquirió la empresa brasileña de protección contra el fraude ClearSale por $350 millones de dólares10, lo que refleja el interés global en los mercados de seguridad y protección de identidad de la región.
Zscaler ha expandido activamente su infraestructura Zero Trust Exchange en toda América Latina, estableciendo centros de datos en las principales ciudades para reducir la latencia y cumplir con las leyes de protección de datos emergentes. A finales de 2025, la española Hiberus acordó adquirir las operaciones de Telefónica Tech en Colombia, México y Chile para fortalecer las capacidades de ciberseguridad y nube en la región.
El capital de riesgo también está fluyendo. La startup uruguaya de pruebas de seguridad Strike recaudó una Serie A de $13,5 millones de dólares en 202511 para expandir su plataforma de pentesting a Brasil y EE. UU., mientras que la SaaS argentina de concientización sobre phishing Whalemate aseguró una ronda semilla de $1 millón de dólares12 a mediados de 2025 para escalar su plataforma. Los compromisos del sector privado reflejan una ola regional de gasto: se proyecta que el mercado de ciberseguridad en América Latina crezca a una tasa anual compuesta del 12,4% entre 2026 y 203313.
En paralelo, los gobiernos están priorizando la ciberseguridad mediante el desarrollo de políticas nacionales, marcos regulatorios y centros de respuesta a amenazas para hacer frente a un panorama de riesgos en constante cambio. Argentina estableció recientemente el Centro Nacional de Ciberseguridad para supervisar la protección de infraestructuras críticas, mientras que la Agencia Nacional de Ciberseguridad de Chile identificó a más de 900 organizaciones como operadores de importancia vital, reforzando el enfoque del país en la salvaguarda de servicios esenciales. La Agencia de Transformación Digital de México lanzó un plan nacional de ciberseguridad integral, que incluye nuevos centros operativos y directrices obligatorias para los servidores públicos. En Venezuela, se ha propuesto un proyecto de ley de ciberseguridad destinado a defenderse de amenazas externas. Estas iniciativas, junto con la proliferación de más de 50 centros operativos de respuesta a incidentes en la región, reflejan un compromiso creciente del sector público con la madurez y la resiliencia en ciberseguridad.
La siguiente fase
La ciberseguridad ha pasado de ser un gasto táctico a un tema de inversión estructural, estrechamente vinculado a la expansión digital, los cambios geopolíticos y la evolución de los marcos regulatorios. El desafío central ya no es la inevitabilidad de la digitalización, sino si las instituciones pueden escalar sus capacidades lo suficientemente rápido como para proteger la infraestructura crítica y sostener la inversión. A medida que se aceleran la computación en la nube, los pagos digitales, la digitalización de la salud y la adopción de IA, el gasto en ciberseguridad aumentará, independientemente de las condiciones económicas generales.
Para los inversores, las preguntas clave no giran en torno a si los presupuestos de ciberseguridad crecerán, sino a quién capturará este crecimiento, cómo se diversificarán los ecosistemas de proveedores y cómo los mercados emergentes como América Latina cerrarán su brecha de resiliencia. En este contexto, la ciberseguridad es más que una medida defensiva; es un motor de crecimiento a largo plazo integrado en el futuro digital de la región.