Estrategia de inversión
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Tres años después del lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022, su potencial transformador para las empresas y el conjunto de la economía es cada vez más evidente y los mercados así lo reflejan: las acciones vinculadas a la inteligencia artificial han representado entre el 65% y 75% de los retornos, utilidades y gasto de capital del S&P 5001.
En la actualidad, las necesidades energéticas de la IA superan ampliamente la oferta disponible. Sin embargo, la carrera por abastecerla ha dejado de ser solo una historia económica para convertirse en un imperativo de seguridad nacional. Los activos asociados a su crecimiento se han vuelto prioridades estratégicas en la competencia global.
A medida que el déficit de suministro eléctrico ha ganado visibilidad, la energía limpia ha vuelto al centro del debate, y las compañías de energía solar y nuclear han registrado un desempeño superior. La próxima ola de inversión en IA estará determinada no solo por la innovación tecnológica, sino por consideraciones de seguridad y sostenibilidad, donde la disponibilidad de energía confiable, acceso a minerales críticos y confianza pública operan tanto como catalizadores como límites.
Como reflejan los titulares recientes y nuestro propio análisis, los centros de datos de inteligencia artificial presentan necesidades energéticas muy elevadas a medida que escalan. El Departamento de Energía de Estados Unidos estima que hacia 2030 será necesaria una capacidad adicional de 100 gigavatios de potencia máxima2, de los cuales aproximadamente la mitad corresponderá a los centros de datos. El país ya enfrenta una infraestructura envejecida y mercados eléctricos sometidos a presión, lo que incrementa el riesgo de interrupciones del suministro en momentos de alta demanda.
En este contexto, la rapidez para asegurar acceso a la energía se ha convertido en una prioridad urgente. Consideramos que los mercados adoptarán un enfoque de “todas las opciones disponibles”, combinando múltiples fuentes de generación. Cada fuente renovable tiene ventajas y limitaciones específicas en términos de costos, velocidad de implementación, emisiones de carbono y capacidad de suministro continuo. En el corto plazo, los proveedores capaces de añadir generación con rapidez y acelerar las conexiones a la red estarán mejor posicionados para asegurar contratos de largo plazo en condiciones favorables.
El mercado está recompensando a todas las fuentes de energía. La nuclear ha acaparado la atención gracias a acuerdos multimillonarios con hiperescaladores y a órdenes ejecutivas orientadas a revitalizarla, dado que se adapta bien a las cargas de trabajo continuas (24/7) de los centros de datos. No obstante, consideramos que algunas compañías del sector presentan valuaciones exigentes: el número actual de reactores que pueden reactivarse es limitado, los nuevos proyectos suelen enfrentar sobrecostos y retrasos, y los reactores de nueva generación aún están lejos de poder escalar.
Por su parte, las compañías de energía solar superaron al índice global amplio en más de 22%3, respaldadas por la creciente demanda y mejora de sus fundamentos. Nuestra visión es más favorable hacia las empresas de energías renovables a escala comercial, que muestran valuaciones relativamente más bajas y cuentan con catalizadores claros, como una mayor certidumbre regulatoria, calendarios de ejecución de proyectos mejor definidos y mayor competitividad de costos.
Aunque los titulares políticos en Estados Unidos sugieran que la energía limpia ha perdido impulso, los mercados cuentan otra historia: un gestor activo de fondos del sector había superado a su índice global de referencia en más de 6% hasta octubre de 20254. La recuperación de las valuaciones tras varios años de caídas, junto con la mejora de los fundamentos de los proyectos, está detrás de este desempeño.
El gas natural y las energías renovables se complementan de manera eficaz. Los proyectos solares y eólicos son los más rápidos y económicos de desarrollar, gracias a los avances tecnológicos y economías de escala; sin embargo, su generación depende de la disponibilidad de sol y viento. En Estados Unidos, el gas natural ofrece una alternativa rentable y flexible5, capaz de responder cuando las renovables no están disponibles.
Aun así, mayores plazos de entrega e incremento de los costos de los equipos para gas están llevando a los desarrolladores a buscar soluciones alternativas para asegurar un suministro firme. En este contexto, el almacenamiento en baterías está ganando relevancia como opción clave, respaldado por la reducción de costos6.
A la luz de estas dinámicas de mercado, consideramos que las energías renovables y las tecnologías de red están bien posicionadas en los próximos 12 meses. Creemos que los servicios públicos y fondos de infraestructura eléctrica en Estados Unidos y Europa constituyen una vía eficaz de acceso, tanto a mercados públicos como privados.
Por ejemplo, los servicios públicos están elevando sus previsiones de crecimiento de la utilidad por acción, reflejo de un mayor gasto de capital y de acuerdos vinculados a centros de datos, mientras que las valuaciones resultan atractivas en comparación con la historia del sector y niveles actuales del mercado.
Los fondos de infraestructura privada son otro beneficiario claro de la demanda impulsada por la inteligencia artificial. El aumento sostenido de la inversión en mejoras para la transmisión, generación y almacenamiento de energía está respaldando un crecimiento estructural en una clase de activos que ofrece ingresos estables y protección frente a la inflación.
Los minerales críticos son esenciales para el desarrollo de activos de generación eléctrica y redes, y forman parte de la competencia por el liderazgo tecnológico y económico. Por ejemplo, el cobre es indispensable para la transmisión y las energías renovables, el litio para las baterías y las tierras raras para las aplicaciones energéticas y de defensa. Desde una perspectiva de seguridad, el cobre es particularmente relevante, lo que favorece a las compañías mineras, especialmente a aquellas con exposición a la producción en América del Norte y del Sur.
Este metal constituye el pilar de la electrificación, pero las proyecciones indican que la oferta quedará muy por debajo de la demanda. Este desequilibrio debería mantener los precios altos e incentivar la inversión. Para responder a este entorno, el sector minero tendría que destinar alrededor de 500 mil millones de dólares entre ahora y 20407. Sin embargo, enfrenta obstáculos cada vez mayores para desarrollar nuevas minas. En este contexto, seguimos de cerca un posible aumento de la actividad de fusiones y adquisiciones entre compañías con recursos estratégicos de cobre.
El agua también está adquiriendo un valor estratégico: es esencial para la fabricación de semiconductores y refrigeración de centros de datos, y cada vez más vulnerable a la escasez impulsada por el cambio climático. Este contexto respalda la demanda de soluciones de eficiencia.
Las compañías industriales que proveen estas soluciones—como la refrigeración líquida—están bien posicionadas, ya que contribuyen a reducir el consumo y costos eléctricos. Se estima que el gasto en refrigeración de centros de datos crezca a un ritmo anual del 18%, con proyecciones que sitúan el mercado en 16.900 millones de dólares para 20288.
Los centros de datos consumen grandes volúmenes de energía, lo que ejerce presión sobre la red eléctrica y ya se refleja en las facturas de algunos consumidores9. Por ejemplo, en Irlanda, representan actualmente más de una quinta parte del consumo eléctrico nacional y, a octubre de 2025, los precios habían aumentado 26% interanual, el segundo mayor incremento en la Unión Europea10.
En Virginia, conocida como Data Center Alley, los precios de la electricidad han aumentado 13% respecto al año anterior y cerca de 30% desde 2021. Algunos gobiernos están adoptando medidas para proteger a los consumidores minoristas, como la aplicación de tarifas a grandes cargas para los hiperescaladores, pero es poco probable que cubran por completo los costos adicionales de generación y transmisión11.
Paralelamente, las comunidades locales han expresado una oposición creciente, motivada por preocupaciones sobre el aumento de los costos eléctricos—y uso de agua—. De hecho, este escenario llevó a Google a cancelar un proyecto en Indianápolis este año y Amazon se retiró de un centro de datos propuesto en Tucson.
El impacto de la inteligencia artificial en la fuerza laboral es a la vez habilitador e incierto: puede transformar el acceso a la información, pero también alterar trayectorias profesionales. En el corto plazo, prevemos rotaciones de puestos y mejoras en funciones, mientras que, en el largo plazo, los efectos sobre la creación neta de empleo probablemente tardarán décadas en materializarse. Aun así, consideramos clave que los inversionistas se enfoquen en indicadores tempranos de cambio.
Aunque aún se trata de una etapa inicial, estamos observando un aumento del desempleo en roles influenciados por la IA —como los desarrolladores de software—, especialmente entre los trabajadores más jóvenes. En ocupaciones vinculadas a la tecnología, el desempleo entre menores de 30 años ha aumentado 3% solo este año, muy por encima del de colegas de mayor edad como del de jóvenes en otras ocupaciones12.
En este contexto, vemos oportunidades en plataformas de tecnología educativa, que se están posicionando para personalizar el aprendizaje, mejorar los resultados y vincular candidatos con oportunidades laborales. Se estima que este mercado más que se duplicará hacia 2030, hasta alcanzar 348 mil millones de dólares13.
La proliferación de la desinformación y de contenido y falsificaciones generadas por la inteligencia artificial hacen cada vez más difícil distinguir entre hechos y ficción. La erosión de la confianza pública y los ataques engañosos elevan los riesgos y refuerzan la necesidad de transparencia y protección. En este contexto, la ciberseguridad se consolida como un pilar de la economía digital, especialmente ante el incremento de los riesgos para infraestructuras críticas, lo que convierte la inversión en este ámbito en un imperativo estratégico para empresas y gobiernos.
Estos hallazgos implican riesgos para los inversionistas en inteligencia artificial, pero también surgen oportunidades para los que se adelanten. A medida que crece el respaldo público a la transparencia, ética y regulación14, las compañías que enfrenten estas preocupaciones con gobernabilidad responsable tienen mayores probabilidades de ganar participación de mercado.
El interés y adopción de la inteligencia artificial han crecido con rapidez en los últimos tres años, y esperamos que esta tendencia continúe. No obstante, el auge de la infraestructura asociada a esta tecnología es un arma de doble filo: impulsa el crecimiento económico, pero también pone de manifiesto posibles cuellos de botella que merecen seguimiento desde la perspectiva de inversión. Consideramos que los inversionistas deberían priorizar la energía y recursos críticos como activos estratégicos, a medida que los impactos sociales adquieren un papel cada vez más relevante en el desarrollo de la infraestructura de IA.
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