Segundo, los fundamentales y los factores técnicos aún respaldan diferenciales firmes.
Los balances corporativos se mantienen en general disciplinados (márgenes sólidos, apalancamiento moderado y un menor ritmo de fusiones y adquisiciones), mientras que los factores técnicos del mercado ayudan a que una oferta neta controlada y una demanda constante de reinversión sostengan el apetito por ingresos de alta calidad. En este entorno, los diferenciales estrechos resultan justificables.
Nuestra opinión: los diferenciales parecen reducidos cuando se miden frente a los bonos del Tesoro, pero se aproximan más a su promedio histórico al compararlos con la curva de swaps de la SOFR. En conjunto, parte de esa “estrechez” proviene del punto de referencia utilizado, no únicamente del propio mercado de crédito.
La evidencia histórica muestra que, fuera de las recesiones, las tasas de política suelen descender después del primer recorte (alrededor de un punto porcentual en el transcurso del año siguiente), y nuestra visión es similar. Este año nos hemos enfocado en la parte media de la curva para obtener ingresos y diversificar sin exponernos a la volatilidad de los tramos largos, una estrategia que ha demostrado ser efectiva. Con el inicio de la flexibilización en el horizonte, los bonos del Tesoro de corto plazo ya rinden muy por debajo del 4% de la liquidez actual, lo que convierte al riesgo de reinversión en un factor real.
Para compensar esa disminución, identificamos tres áreas de valor:
1. Crédito con grado de inversión (hasta 10 años). Vemos oportunidades en bonos corporativos de alta calidad con vencimientos menores a 10 años: convierten un cupón de efectivo en declive en uno más estable, con rendimientos totales cercanos al 5% y una duración de un solo dígito, en lugar de la volatilidad propia de los de más larga duración. Para ponerlo en contexto: una inversión de un millón de dólares con un rendimiento aproximado de 5% genera unos 50 mil dólares anuales antes de impuestos. Es un mercado profundo y líquido, lo que permite mantener la calidad y escalonar vencimientos. En conjunto, ofrece ingresos confiables y un riesgo de tasas acotado.
2. Bonos municipales de larga duración (más de 10 años). Encontramos valor en bonos municipales de alta calidad y largo vencimiento, ya que extender plazos incrementa de manera significativa el ingreso, y éste está exento de impuestos. Rendimientos libres de impuestos cercanos al 4%, para contribuyentes en la tasa máxima, equivalen aproximadamente a 7%–8% en términos imponibles. Si la política monetaria se flexibiliza, los bonos de mayor plazo suelen beneficiarse más de la caída en las tasas que los de corto plazo. La clave es mantener carteras simples y de alta calidad, prestando atención a las cláusulas de rescate de cada emisión.
3. Instrumentos híbridos (preferentes e híbridos corporativos de bancos, servicios públicos y segmento de transporte y almacenamiento). Mantenemos una visión constructiva sobre este mercado (incluye preferentes bancarios e híbridos de servicios públicos y de transporte y almacenamiento). En términos simples, estos instrumentos se sitúan entre los bonos tradicionales y las acciones ordinarias, ya que suelen ofrecer más ingreso que los bonos con grado de inversión, pero provienen de emisores grandes y bien capitalizados. Los riesgos son claros: están subordinados a los bonos sénior en la prelación de pagos, el emisor puede mantenerlos en circulación más allá de la primera fecha de rescate (extensión), los cupones pueden suspenderse en períodos de tensión y existe la posibilidad de un rescate anticipado si cambian las reglas fiscales o regulatorias.
A medida que se acercan los recortes, la manera más sencilla de prepararse es transformar un cupón de efectivo variable en uno más estable: asegurar el rendimiento obtenido mientras las tasas de liquidez se mantuvieron elevadas. La próxima semana compartiremos nuestro análisis actualizado sobre el mercado de renta variable.