Estrategia de inversión
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Cerca de máximos históricos y con un alza de aproximadamente 16% desde la corrección de marzo, el S&P 500 ha registrado un repunte histórico impulsado por un superciclo de utilidades y por las expectativas en torno a la revolución de la inteligencia artificial (IA). Para los inversionistas que se han beneficiado de estos retornos, surge una pregunta natural: ¿hasta dónde podrían seguir avanzando las acciones, especialmente en un entorno de volatilidad en el mercado de bonos?
Aunque no es nuestro escenario base, el S&P 500 podría alcanzar los 9 mil puntos hacia mediados de 2027. Un aumento de aproximadamente 22% desde los niveles actuales puede parecer demasiado optimista, pero sigue siendo un resultado plausible. A continuación, explicamos cómo podría suceder.
La revolución de la IA está impulsando el crecimiento de las utilidades y, por extensión, el mercado de valores, a un ritmo sin precedentes. No se registraba una racha de seis trimestres consecutivos de aumentos de dos dígitos desde el periodo posterior a la crisis financiera global (CFG).
El crecimiento de las utilidades a nivel mundial mantiene un fuerte dinamismo, al pasar de 15,3% interanual en el cuarto trimestre de 2025 a 22,6% en el primer trimestre de este año, su nivel más alto en más de cuatro años. De por sí, esto ya representa un desempeño sólido, pero lo que lo hace aún más extraordinario es que no responde a una recuperación tras una desaceleración cíclica, como ocurrió después de la CFG, sino a una aceleración sobre una base ya elevada.
Por ahora, este avance proviene principalmente de las compañías tecnológicas, lo cual representa tanto un riesgo de concentración como una oportunidad. El camino hacia los 9 mil puntos va más allá de la tecnología y depende de una adopción más amplia de la IA en distintos sectores, capaz de aumentar la productividad y fortalecer los márgenes de forma generalizada.
No es un secreto que la narrativa macroeconómica en Estados Unidos gira en torno a la IA. Sin embargo, el mercado está desplazando su atención de la infraestructura hacia la adopción. Aunque el segmento de hardware continúa generando ganancias extraordinarias, la historia estructural de crecimiento se está extendiendo hacia aplicaciones más amplias dentro de la economía.
Actualmente, los principales proveedores de servicios en la nube destinan más de 800 mil millones de dólares anuales a inversión de capital relacionada con IA, cifra que podría alcanzar aproximadamente 1,16 billones de dólares para 2027. Esto actúa como un importante estímulo para el sector privado, con efectos directos en semiconductores, hardware especializado, tecnologías avanzadas de refrigeración, redes eléctricas, construcción comercial y otras áreas relacionadas.
Para que las empresas puedan sostener un aumento de las utilidades de alrededor de 15% sin generar presiones inflacionarias, la productividad también tendría que acelerarse. Ya hemos visto algo similar antes. A finales de la década de 1990, la productividad avanzó con fuerza, con una tasa anualizada cercana a 2,8%. Al mismo tiempo, el índice acumuló cinco años consecutivos con retornos superiores a 20% entre 1995 y 2000. Podría volver a ocurrir.
¿Qué podría interponerse en el camino? La narrativa parece imparable, pero incluso en un escenario optimista conviene considerar los riesgos, especialmente los provenientes de otras clases de activos. Aunque lo más probable es que la Reserva Federal adopte una postura cautelosa frente al aumento de la inflación general impulsado por la energía, el mercado de bonos no siempre muestra la misma paciencia.
Durante las últimas cuatro semanas, los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años han aumentado más de 40 puntos básicos. Por su parte, al otro lado del Atlántico, los rendimientos de los bonos del gobierno de Reino Unido, los bonos alemanes y los bonos gubernamentales japoneses (JGB, por sus siglas en inglés) registraron variaciones similares en periodos comparables, impulsadas por una reevaluación de las expectativas sobre la política de los bancos centrales.
Naturalmente, esto ha generado inquietud en las bolsas. Los inversionistas se hacen una pregunta clave: ¿puede un mercado accionario cerca de máximos históricos absorber niveles de tasas que, en algunos tramos de la curva de rendimiento, no se observaban desde 2007?
La preocupación no radica en el nivel de las tasas en sí, sino en la velocidad y alcance del ajuste. Un incremento superior a 40 puntos básicos en los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años no es inusual. Cambios de esta magnitud se han observado seis veces en los últimos cinco años, especialmente tras el “Día de la Liberación” y después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2024. Sin embargo, una corrección generalizada como esta no se había producido en más de un año. Quizá por eso, esta vez su efecto se ha sentido con mayor intensidad en las acciones.
Los activos de riesgo no siempre avanzan en línea recta. La reciente corrección en acciones de impulso, como los semiconductores y otras inversiones relacionadas con la IA, responde al aumento de los rendimientos de los bonos y puede considerarse un ajuste saludable. Esto ayuda a depurar el posicionamiento de los inversionistas y podría sentar las bases para una nueva etapa de crecimiento.
Las acciones pueden absorber tasas más altas cuando el ajuste responde a mejores perspectivas de crecimiento nominal. Japón es un buen ejemplo. El actual repunte de la renta variable japonesa se produce a pesar de una importante venta masiva de sus bonos gubernamentales. En cambio, una mayor volatilidad en la deuda y una rápida reevaluación impulsada por preocupaciones inflacionarias podrían generar mayores riesgos. Ese es precisamente el equilibrio que el mercado estadounidense intenta descifrar mientras evolucionan las expectativas sobre una posible resolución del conflicto en Irán.
A casi mitad de año, los factores que impulsan los mercados lucen muy distintos a los que predominaban a comienzos de 2026. El año arrancó con inversionistas centrando su atención en activos internacionales. Aunque las acciones de Estados Unidos avanzaban, seguían rezagadas frente a sus pares.
Las señales favorables de crecimiento mundial, incluyendo los sólidos datos económicos en Estados Unidos, respaldaban este entorno. También influyeron las preocupaciones sobre las elevadas valuaciones de las grandes empresas tecnológicas, las disrupciones asociadas con la inteligencia artificial y diversos acontecimientos geopolíticos, desde Venezuela hasta Groenlandia. Sin embargo, el conflicto en Irán cambió el panorama.
De pronto, el entorno quedó marcado por una elevada incertidumbre y aumento en los precios de la energía que, para algunas regiones, alcanzó niveles comparables a los observados en 2022 tras el inicio de la guerra en Ucrania. Las acciones de Estados Unidos han retomado el liderazgo, especialmente a medida que se prolongan las tensiones y el bloqueo en el estrecho de Ormuz.
Un retorno a la normalidad en el estrecho de Ormuz, que devolvería más de 14 millones de barriles de petróleo diarios a la economía global, podría (al menos en teoría y de manera temporal) revertir este efecto. En otras palabras, en el corto plazo, regiones que han sufrido con mayor intensidad el aumento de los costos de la energía y deterioro de sus términos de intercambio, como Europa o Japón (donde el ajuste de tasas ha sido más pronunciado) podrían recibir un impulso adicional.
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