Esto no significa que los estadounidenses estén protegidos de las subidas de la gasolina. Al fin y al cabo, el mercado del petróleo responde a la oferta global. Sin embargo, la independencia energética hace que los cambios en los precios tarden más en trasladarse a las estaciones de servicio, lo que facilita absorber la volatilidad a corto plazo.
En episodios geopolíticos anteriores, el temor se centraba en la escasez: ¿llegarían los barriles? Hoy, la prima de riesgo ya está incorporada en el precio y responde menos a pérdidas de producción que a la incertidumbre sobre las rutas de transporte. Tras el inicio de la operación militar de Estados Unidos en Irán, la atención se ha desplazado hacia el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo que se comercia a nivel mundial.
Esa incertidumbre explica la rápida reacción de los mercados bursátiles a los movimientos del petróleo. De prolongarse, las subidas podrían trasladarse a los costos de producción y transporte y, con el tiempo, al consumidor, lo que debilitaría la demanda.
Se trata de un escenario extremo, pero los conflictos geopolíticos ya han demostrado en el pasado su capacidad para impulsar la inflación. Un ejemplo fue 2022, cuando el encarecimiento de la energía —como consecuencia de la guerra en Ucrania y las sanciones posteriores— explicó cerca de un tercio del pico inflacionario del 9%.
Nerviosismo en los mercados
Una buena forma de medir el temor es la correlación entre el petróleo y las acciones. Como los activos de riesgo suelen moverse al compás del crecimiento global, lo habitual es que suban a la vez. Si los estadounidenses tienen buenos ingresos, consumen, conducen y siguen invirtiendo, en teoría, tanto el petróleo como el mercado bursátil deberían avanzar gradualmente.
Sin embargo, cuando las subidas del petróleo responden a riesgos geopolíticos y no a la demanda, el impacto sobre las acciones y la confianza económica suele ser desproporcionadamente negativo. Es entonces cuando la relación se rompe. Desde el inicio de la operación militar de Estados Unidos en Irán, la correlación ya se ha vuelto negativa, reflejo del repunte del petróleo y de la presión sobre las bolsas mundiales. En cualquier caso, la ruptura suele ser puntual, no estructural.
Cambio de rumbo
Impulsados por señales alentadoras de crecimiento global, temor a valuaciones elevadas en las grandes tecnológicas, dudas sobre el impacto de la inteligencia artificial y la política exterior de Estados Unidos, desde comienzos de 2026, los inversionistas han dirigido sus flujos hacia los mercados internacionales. Sin embargo, el conflicto en Irán podría cambiar esa tendencia. En la semana posterior a la operación militar, las acciones estadounidenses han superado a sus pares internacionales, revirtiendo la dinámica observada en lo que va de año.