Estrategia de inversión
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Siempre se supo que la inteligencia artificial (IA) iba a ser disruptiva, pero pocos anticiparon que sus efectos se manifestarían con tanta rapidez en el sector del software. A diferencia del episodio de DeepSeek, cuando los inversionistas cuestionaron la magnitud del gasto necesario para desarrollar modelos de lenguaje de gran escala, esta semana el mercado está incorporando en los precios el impacto potencial que la IA agéntica podría tener sobre los modelos de negocio de software existentes. El ajuste no discrimina entre empresas y alcanza incluso a algunos de los hiperescaladores que más invierten en infraestructura para este tipo de tecnología.
En las últimas semanas, Anthropic ha presentado nuevos modelos y capacidades que han vuelto a redefinir el panorama. El avance más reciente permite a los usuarios interactuar con sus computadoras mediante lenguaje natural para generar código y ejecutar tareas concretas —desde la agregación y análisis de datos hasta el formato de la información y control de gastos—, ámbitos históricamente dominados por las empresas de software como servicio. En este contexto, no puede descartarse que, con el tiempo, algunas de estas compañías pierdan relevancia, un riesgo que el mercado ya comienza a reflejar en las valuaciones.
Los inversionistas están tomando la disrupción con seriedad. El índice de software del S&P 500 ha entrado en territorio bajista y la presión vendedora ha sido intensa. Con un Índice de Fuerza Relativa de 18 —utilizado para identificar niveles de sobreventa—, el sector se encuentra en su punto más bajo desde 2015. Históricamente, lecturas por debajo de 30 suelen atraer flujos de entrada. Esta vez, sin embargo, casi no hay compradores.
Para reforzar el argumento, el ETF iShares Expanded Tech-Software Sector (IGV) —uno de los principales fondos cotizados que siguen al sector de software en Estados Unidos— cotiza actualmente a más de un 20% por debajo de su media móvil de 200 días, lo que supone la mayor brecha desde la fase final del estallido de la burbuja puntocom.
Sin embargo, si la tesis es que las nuevas compañías de IA van a sacudir a toda la industria del software, surge una pregunta clave: ¿por qué también retroceden las acciones de aquellas compañías que deberían beneficiarse de este proceso —los hiperescaladores que invirtieron temprano en esta tecnología, los fabricantes de chips que abastecen la expansión de la infraestructura, o incluso los proveedores de los materiales necesarios? Aquí es donde se revela la falla lógica. El mercado está vendiendo de manera indiscriminada.
A ello se suma el apetito insaciable por capacidad de cómputo que proviene precisamente de las empresas que esta disrupción podría llegar a erosionar. Por ejemplo, las previsiones de gasto de capital de Meta, Amazon, Alphabet y Microsoft fueron recibidas con marcado escepticismo por parte de los inversionistas.
Este tipo de ventas generalizadas en tecnología nunca había representado un riesgo tan elevado para las carteras. El peso del sector en el S&P 500 —especialmente el de sus principales valores, muchos de ellos con ingresos estrechamente ligados a la IA— implica que una parte significativa del índice se mueve hoy con una alta correlación. De hecho, al analizar miles de combinaciones posibles de 10 acciones seleccionadas aleatoriamente entre las 500 del índice, el grupo real de las 10 mayores compañías mostró una correlación por pares ubicada en el percentil 99. En la práctica, esto significa que, si la narrativa tecnológica y de IA pierde tracción, una porción sustancial del S&P 500 podría registrar caídas simultáneas, como las observadas esta semana. Este patrón contrasta con episodios anteriores de elevada concentración, cuando el liderazgo del mercado estaba más diversificado entre sectores.
Por otro lado, es posible que no exista una lógica clara detrás de esta ola vendedora. Basta observar la relación entre el valor empresarial y las ventas del sector, que se encuentra cerca de los niveles de noviembre de 2022, cuando el mercado se preparaba para una recesión. Este desplome de las valuaciones podría estar anticipando una tasa de crecimiento estructuralmente más baja y un menor valor terminal para las empresas de software como resultado de la disrupción impulsada por la IA.
Conviene recordar que los modelos de inteligencia artificial requieren insumos físicos para operar —semiconductores, electricidad, sistemas de refrigeración, o soluciones de red e interconexión eléctrica. Si se considera que Claude Code representa solo otro episodio similar al de DeepSeek, las valuaciones actuales del sector software merecen atención como posible punto de entrada.
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