Un mundo cada vez más fragmentado está reordenando prioridades, y la seguridad vuelve a ocupar un lugar central. En las dos primeras semanas del año, Estados Unidos llevó a cabo una operación de alto impacto en Venezuela, identificó a Groenlandia como una prioridad estratégica y dejó entrever la posibilidad de acciones en Irán. En conjunto, estos movimientos apuntan a un cambio fundamental: la proximidad vuelve a importar.
La historia tiene un nombre para esta forma de pensar. La Doctrina Monroe trazó en su momento una línea en el hemisferio occidental y posicionó a Estados Unidos como potencia dominante. Aunque el contexto actual es distinto, la lógica persiste: asegurar el perímetro, reducir los efectos de contagio y limitar la influencia externa. Desde las medidas proteccionistas del último año hasta un enfoque más intervencionista en política exterior, se observan pasos orientados a reafirmar el poder estadounidense, especialmente en su entorno inmediato.
Este giro refleja una fragmentación global cada vez más pronunciada, uno de los tres pilares de nuestras “Perspectivas 2026: Promesas y retos”. La era de la eficiencia de costos y la globalización está dando paso a un nuevo paradigma centrado en la seguridad, resiliencia e innovación intensiva en capital, fuerzas que se refuerzan entre sí a través de la inversión sostenida, escasez de recursos y aumento de las presiones estructurales.
A continuación, compartimos cinco claves sobre lo que este cambio implica para los países vecinos y para los mercados.
1. Estados Unidos busca un “patio trasero” seguro y la Doctrina Monroe sirve de referencia
Manuales de hace dos siglos parecen seguir vigentes. La Doctrina Monroe se remonta a 1823, cuando el entonces presidente James Monroe adoptó una postura que, en esencia, trazó una línea entre el “Viejo Mundo” y el “Nuevo Mundo” en el hemisferio occidental. El objetivo era advertir a las potencias europeas contra la interferencia en las Américas y, al mismo tiempo, promover los intereses políticos y económicos de Estados Unidos.
La versión actual no es una lección de historia, sino una postura moderna de seguridad. Durante años, la política exterior estadounidense relegó a América Latina, al concentrarse primero en Oriente Medio y luego en Asia. En ese contexto, la llamada “Doctrina Donroe” ha ganado relevancia como marco conceptual. A diferencia de un enfoque defensivo, esta nueva interpretación avanza hacia una afirmación más ofensiva del poder estadounidense, orientada a la seguridad militar, beneficio económico y exclusión de influencias externas en determinados países.
2. Venezuela confirma que Estados Unidos acompañará su discurso con acciones concretas
El secretario de Estado, Marco Rubio, ha calificado la operación estadounidense en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro no como una invasión, sino como una “operación de aplicación de la ley”. Más allá de la terminología, el mensaje es claro: están dispuestos a utilizar la fuerza con fines de seguridad.
La lógica no es nueva. Desde hace tiempo, Washington observa con preocupación los vínculos de Venezuela con la corrupción, el narcotráfico y actores asociados a Irán, como Hezbolá. A ello se añaden los profundos lazos financieros y energéticos con China, así como su papel en la evasión de sanciones por parte de Rusia. En conjunto, estos factores refuerzan la percepción de que se ha convertido en un desafío estratégico, no solo económico.
3. Más allá de Venezuela: el foco se amplía a Groenlandia y al resto de América Latina
El mensaje trasciende al caso venezolano. El presidente Donald Trump lo ha citado como precedente para intensificar la presión en otros frentes en la región, al amenazar con acciones contra los cárteles en México y Colombia por el narcotráfico, y lanzar un ultimátum a Cuba para que “llegue a un acuerdo o enfrente las consecuencias”, con los flujos de petróleo venezolano hacia la isla como elemento de presión.
Al mismo tiempo, Groenlandia ha pasado a primer plano en el discurso estadounidense, y el propio presidente Trump ha calificado como “inaceptable” cualquier escenario que no implique su control. La posición estratégica de la isla resulta clave para la seguridad del Ártico, especialmente por su papel en los sistemas de alerta temprana de misiles y de vigilancia espacial. En el plano político, Trump la ha descrito como una “gran operación inmobiliaria” y una oportunidad territorial única en una generación.
4. Los recursos naturales como incentivo estratégico
América Latina es vista cada vez más como una potencia del lado de la oferta, particularmente en el contexto de la electrificación. El llamado “triángulo del litio” (Chile, Argentina y Bolivia) concentra cerca del 60% de las reservas globales conocidas de este mineral, mientras que Chile produce más del 20% del cobre mundial.