Estrategia de inversión
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Estimamos que la probabilidad de que la economía de Estados Unidos se mantenga en fase de expansión en 2026 es del 80%. No se trata de una visión complaciente ni de asumir que nada pueda salir mal, sino más bien de una muestra clara de confianza en la solidez y la capacidad de adaptación del entorno económico subyacente.
Esto resulta relevante porque 2025 ofreció numerosos motivos para poner en duda las perspectivas. Los aranceles, la inmigración y la incertidumbre en torno a la política económica alimentaron la volatilidad y llevaron a muchos economistas a recortar sus previsiones de crecimiento. Sin embargo, la economía continuó avanzando: en el tercer trimestre de 2025, el Producto Interno Bruto (PIB) real creció a una tasa anualizada del 4,3%, muy por encima de la estimación inicial cercana al 3,3%. Creemos que esta fortaleza va a continuar en 2026.
La razón por la que nos sentimos cómodos con esta postura es que la principal restricción macroeconómica comienza a relajarse, y el proceso se inicia en los precios y en la política de la Reserva Federal. Prevemos que la inflación se mantenga dentro de un rango acotado —todavía por encima del objetivo, pero sin extenderse a los componentes más persistentes—, lo que debería permitir al banco central de EE.UU. mantener un sesgo hacia una política monetaria más flexible. De hecho, anticipamos un recorte adicional de tasas este año. No sería una señal de relajación agresiva, sino un ajuste que mantendría las tasas en una trayectoria descendente. Esto resulta relevante porque contribuye a que las condiciones financieras sigan siendo favorables.
Con este telón de fondo, hemos identificado tres razones por las que el crecimiento debería mantenerse en 2026:
Aunque la demanda de empleo continúa débil, es poco probable que se deteriore de forma significativa. Los márgenes empresariales se sitúan cerca de máximos históricos, las conversaciones sobre recortes de personal son limitadas y comienzan a aparecer señales tempranas de contratación en las pequeñas empresas. Un entorno de tasas más bajas y la estabilidad de los ingresos reales deberían contribuir a estabilizar la situación. El mercado laboral no necesita recalentarse, basta con que deje de deteriorarse. Y creemos que así será.
El impulso inversor muestra una base sólida y duradera, y la flexibilización de las condiciones financieras contribuye a prolongar su recorrido. La inversión en inteligencia artificial (IA) representa un motor relevante, pero su influencia comienza a expandirse. Se prevé que el gasto de capital más allá de esta tecnología —desde equipos de transporte y maquinaria industrial hasta estructuras no residenciales— aumente en paralelo a un entorno de condiciones financieras más favorables.
Se trata de un estímulo fiscal de carácter claramente procíclico, que combina apoyo presupuestario con incentivos específicos. Aun teniendo en cuenta sus elementos regresivos, el aumento de las devoluciones fiscales a comienzos de año debería respaldar el consumo de los hogares e impulsar la inversión empresarial. Calculamos que los consumidores recibirán entre 50 mil y 100 mil millones de dólares adicionales, lo que equivale aproximadamente al 0,2%–0,4% del ingreso disponible anual.
En conjunto, estos elementos sustentan nuestra proyección de un crecimiento en torno al 2% para EE.UU. en 2026.
Este escenario encaja plenamente con la forma en que planteamos 2026 en nuestras perspectivas: Promesas y retos. Identificamos avances disruptivos en IA, un entorno global en transformación y un régimen de inflación recalibrado que configuran un contexto de oportunidades significativas, aunque marcado por desafíos estructurales persistentes.
Por supuesto, existen riesgos. Los titulares sobre Venezuela del pasado fin de semana ofrecieron una señal alentadora sobre las perspectivas futuras del país (escuche la grabación de nuestro último webinar, disponible en inglés), pero también sirvieron como recordatorio en tiempo real de lo rápido que puede cambiar la narrativa geoestratégica. La geopolítica es una fuente de incertidumbre, aunque no la única. En nuestras Perspectivas 2026 abordamos las principales preguntas de los inversionistas en torno a la IA, así como los retos asociados a la dinámica inflacionaria y a un mundo cada vez más fragmentado.
Con base de esta discusión, nuestro presidente de Estrategia de Mercado e Inversión, Michael Cembalest, aborda una amplia gama de temas en su análisis “Eye on the Market Outlook” (disponible en inglés). En particular, destaca cuatro riesgos clave que están configurando el entorno actual: un posible “momento Metaverso” para los hiperescaladores, restricciones en la generación de energía en Estados Unidos, ampliación de la ventaja competitiva de China en inteligencia artificial y la paradoja de la dependencia estadounidense de Taiwán, un nodo crítico de semiconductores con profundos vínculos con China.
Todo esto nos lleva a una conclusión clara: mantener una postura constructiva, pero prudente. Nuestro escenario base nos inclina hacia una visión favorable al crecimiento, mientras que el análisis de riesgos nos orienta sobre dónde dimensionar con cautela, cómo diversificar y qué activos priorizar si el camino se vuelve más rocoso. A continuación, presentamos las áreas sobre las que tenemos convicciones más firmes:
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