A continuación, profundizamos en tres observaciones clave que explican esta diferencia:
1. La economía estadounidense se sustenta en los servicios, mientras que el S&P 500 está más concentrado en bienes y plataformas tecnológicas.
Aproximadamente dos tercios del gasto de consumo personal se destinan a servicios, por lo que los hogares perciben el pulso de la economía a través de rubros como la vivienda, la salud, la comida fuera del hogar y los viajes.
En cambio, el S&P 500 se inclina hacia empresas de productos y plataformas. Solo el sector tecnológico representa cerca de un tercio del total (~36%), y otras industrias, como bienes de consumo, maquinaria industrial, energía y materiales, concentran una parte relevante de la capitalización bursátil. En conjunto, las áreas relacionadas con la producción aglutinan alrededor del 25% del valor total del índice.
Esta mayor exposición a tecnología y bienes ayuda a explicar por qué las acciones pueden subir incluso cuando la economía real parece débil: las grandes empresas que cotizan en bolsa suelen operar con márgenes elevados y a escala global.
2. La economía estadounidense es principalmente interna, pero alrededor del 30% de las ventas del S&P 500 proviene del exterior.
Estados Unidos es una economía relativamente cerrada: las exportaciones representan solo cerca del 11% del PIB, por lo que la mayor parte del crecimiento se genera dentro del país. En cambio, las empresas del S&P 500 obtienen entre 28% y 30% de sus ingresos en el extranjero, proporción que en el sector tecnológico se eleva hasta cerca del 55%. Esto significa que la demanda externa y las variaciones cambiarias pueden incidir en el índice incluso cuando los datos económicos nacionales son débiles.
Además, un dólar más débil impulsa las utilidades obtenidas en el exterior al convertirlas a moneda local. Estimaciones recientes sugieren que una depreciación del 10% podría sumar alrededor de 2% al crecimiento de las utilidades por acción del S&P 500.
3. La economía estadounidense tiende a moverse al ritmo de los salarios, mientras que el S&P 500 responde a las utilidades por acción.
Empecemos por lo básico: el crecimiento del PIB se apoya en los salarios y el gasto de los hogares. Cuando los ingresos aumentan y las horas trabajadas se amplían, la economía tiende a acelerarse.
Los mercados, en cambio, funcionan de otra manera. Los precios de las acciones dependen de las utilidades por acción, es decir, de las ganancias, los márgenes y el efecto de las recompras, que reducen el número de títulos en circulación. ¿Qué ha pasado últimamente?
- Los salarios se han enfriado: las primas por cambiar de empleo se han reducido y las renuncias son menos frecuentes que en 2022 y 2023, lo que refleja una menor presión salarial.