Un equilibrio delicado entre la deuda y la defensa nacional
El conflicto en Irán, la guerra en Ucrania, las operaciones contra el narcotráfico en América Latina y la incertidumbre en torno a Taiwán son solo algunos de los factores que han llevado a los inversionistas a considerar al sector global de defensa como uno de los grandes beneficiarios de un mundo cada vez más incierto.
La intensificación de los conflictos y la creciente fragmentación geopolítica han dado lugar a ambiciosas propuestas presupuestarias. Al fin y al cabo, es el gasto estructural el que sustenta una tendencia alcista de varios años. Salvo, claro, que esos planes nunca lleguen a concretarse.
Ese es precisamente el temor en las economías avanzadas, que ya afrontan elevados niveles de deuda y dependen de cadenas de suministro globales. La posibilidad de un ciclo sostenido de rearme durante varios años despierta escepticismo. Esa tensión se encuentra en el centro del debate actual sobre las inversiones en defensa.
Grandes promesas
El debate resulta más visible en Estados Unidos, donde la propuesta de un fuerte aumento del presupuesto de defensa ha dado lugar a una pregunta muy simple: ¿cómo se financiará?
No es ningún secreto que Estados Unidos es el país que más gasta en defensa en el mundo. Solo en el año fiscal 2026 prevé destinar la cifra récord de aproximadamente un billón de dólares, monto que podría aumentar casi 50% en 2027 si el Congreso aprueba una propuesta presupuestaria de 1,5 billones de dólares1. Y esta cifra ni siquiera incluye las solicitudes adicionales de financiamiento que se esperan para cubrir las operaciones en Medio Oriente.
La última propuesta presupuestaria de defensa implica un aumento de ~50%
Gasto anual en defensa de Estados Unidos, por año fiscal, miles de millones de dólares
Esta propuesta presupuestaria difiere de las anteriores tanto por su magnitud como por sus prioridades. En años previos, el financiamiento suplementario —que suele añadirse a la partida de defensa aprobada en el presupuesto nacional— se destinaba principalmente a conflictos en el exterior y al apoyo a aliados como Ucrania e Israel.
En cambio, la propuesta de 1,5 billones de dólares pone mayor énfasis en prioridades internas. Busca financiar iniciativas de modernización, como sistemas de defensa antimisiles de múltiples capas —entre ellos el “Golden Dome for America”, diseñado para proteger al país de amenazas aéreas—,, capacidades espaciales, construcción naval, aumentos salariales de entre 5% y 7% para las tropas, inteligencia artificial y programas nucleares, entre otros objetivos. Aun así, la aprobación del monto total solicitado está lejos de ser un hechoestar asegurada.
Con mayoría republicana tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, sería lógico pensar que un aumento del gasto en defensa no solo sería bien recibido, sino incluso alentado, dado que el partido suele defender una política de seguridad nacional más robusta. Sin embargo, en esta ocasión, la magnitud delde ese aumento compite con otra prioridad fiscal: reducir la deuda nacional.
Con una relación deuda/Producto Interno Bruto (PIB) superior a 120% y mercados cada vez más sensibles al equilibrio de las cuentas públicasa la responsabilidad fiscal —o a su ausencia—, un incremento de tal magnitud podría enfrentar resistencia entre los legisladores, especialmente en un año de elecciones de mitad de mandato. Aun así, incluso una versión más moderada seguiría representando una aceleración del gasto en adquisiciones, inversión e investigación.
Aumento gradual y acumulación de pedidos
Al otro lado del Atlántico, la tesis de inversión presenta matices distintos. El giro de Europa hacia un mayor gasto en defensamilitar responde a una reevaluación estratégica tras décadas de escasa inversión. A diferencia de Estados Unidos, donde la infraestructura militardel sector ya está consolidada, el desafío europeo consiste en reconstruir capacidades, desde municiones y mantenimiento hasta logística e integración.
El inicio de la guerra en Ucrania y la presión para aumentar las contribuciones a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) han generado una sensación de urgencia. Sin embargo, la limitada preparación industrial en algunas partes de la región ha frenado la ejecución. Por ello, el rearme europeo podría avanzar con mayor lentitud, aunque también de forma más sostenida, sobre todo tras el compromiso fiscal asumido por Alemania.
En 2025, el gobierno alemán aumentó el gasto militar entre 20% y 25%, a través de su presupuesto ordinario y de fondos especiales destinados a las fuerzas armadas del país2. Con ello, Alemania, conocida por su disciplina fiscal, registró el mayor déficit público desde la reunificación. Para algunos, el costo de elegir entre deuda y defensa vale la pena. Después de todo, incluso tras ese incremento, la relación deuda/PIB de Alemania se sitúa en 64%, muy por debajo del promedio de 128% entre las economías del G73.
Aunque Alemania y el resto de Europa avanzan en ese proceso de rearme, la implementación más lenta y los planes de inversión de largo plazo generan restricciones de capacidad. Basta observar la relación anual entre pedidos recibidos y ventas facturadas (book-to-bill) de Rheinmetall, uno de los mayores fabricantes del sector, como ejemplo de esa tendencia. Este indicador muestra la rapidez con que los nuevos pedidos se acumulan frente al ritmo actual de producción, y se ha disparado desde que Alemania situó el gasto militar entre sus prioridades.
Los pedidos llegan más rápido de lo que los fabricantes pueden satisfacerlos
Relación anual entre pedidos recibidos y ventas facturadas de Rheinmetall
Los pedidos pendientes son tan elevados —y garantizan ingresos futuros ya contratados— que la valuación bursátil del sector se ha disparado. Para ilustrar este cambio, basta señalar que, durante los últimos 12 meses, Rheinmetall ha cotizado con una valuación superior a la de Nvidia, la empresa con mayor capitalización bursátil del mundo4.
Equilibrio entre ambición y capacidad de pago
Y Alemania no es el único caso. Incluso Japón ha cambiado de postura. A pesar de enfrentar una elevada deuda, un bajo poder adquisitivo, dependencia de energía importada y una población envejecida, el país está aumentando su gasto militar. El presupuesto para 2026 alcanzará un récord de nueve billones de yenes (aproximadamente 58 mil millones de dólares), lo que representa un aumento anual de 10%.
Aunque existe consenso político sobre la necesidad de reforzar la seguridad marítima y fortalecer la capacidad de disuasión frente a China y Corea del Norte, las limitaciones económicas siguen siendo el principal obstáculo. Japón debe conciliar su objetivo de destinar 2% del PIB al gasto militar con una relación deuda/PIB de 237%.
Japón es apenas el ejemplo más reciente de un mundo cada vez más fragmentado, en el que la inversión militar ocupa un lugar prioritario. Se espera que el gasto global aumente a una tasa compuesta anual de 5% hasta 2030, mientras que las utilidades del sector podrían crecer a tasas de dos dígitos, después de haber registrado un avance promedio de 8% anual durante la última década. Y estas proyecciones todavía no incorporan la propuesta de 1,5 billones de dólares presentada por La Casa Blanca.
Aun con estos incrementos a escala global, Estados Unidos continúa encabezando la lista de gasto militar, al priorizar la seguridad en el hemisferio occidental, las operaciones marítimas y contra el narcotráfico, promover una mayor contribución de la OTAN e impulsar un amplio ciclo de rearme a nivel mundial. El mercado no solo ya descuenta ese escenario, sino que además espera la aprobación de recursos adicionales que podrían impulsar aún más al sector.
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La Casa Blanca, 2026.
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Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), 2026.
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Fondo Monetario Internacional (FMI), 2024.
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Relación precio/utilidad futura combinada a 12 meses. La información contenida en este documento se proporciona únicamente con fines informativos y no pretende ofrecer asesoría ni recomendaciones específicas.
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