Economía y mercados
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La lógica es sencilla: comprar lo que viene subiendo, vender lo que va quedándose atrás y asumir que la tendencia continuará. Esta estrategia, basada en favorecer a los ganadores más recientes, se ha convertido en uno de los enfoques de inversión más utilizados en la construcción de carteras.
La versión académica clásica consiste en una estrategia de posiciones largas y cortas: invertir en los valores con mejor desempeño durante los tres a 12 meses previos y apostar en contra de aquellos con peor rendimiento. Junto con el sólido crecimiento de las utilidades corporativas, esta dinámica ha sido uno de los principales motores que ha llevado a las bolsas a nuevos máximos, incluso en medio de la volatilidad geopolítica. ¿Podrá mantenerse?
A finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, el protagonismo recayó en un grupo de empresas estadounidenses de primera línea (blue chips) que los inversionistas consideraban de alta calidad, con sólidas perspectivas y utilidades consistentes. Muchas eran marcas ampliamente reconocidas que representaban escala, liderazgo y resultados financieros sostenidos. Además, ofrecían una forma de aprovechar la expansión económica que vivía Estados Unidos en aquella época.
A medida que ganaron popularidad, estas empresas comenzaron a captar una proporción cada vez mayor de los flujos de inversión, convirtiéndose en un ejemplo temprano tanto de concentración del mercado como de seguimiento de tendencias. Este grupo llegó a generar retornos extraordinarios y alcanzó valuaciones que, medidas por la relación precio/utilidad (P/U), eran casi el doble de las que registra el S&P 500.
El desempeño pasado no garantiza resultados futuros. No es posible invertir directamente en un índice.
Fuentes: Jeremy Siegel, The Nifty-Fifty Revisited: Do Growth Stocks Ultimately Justify Their Price? (junio de 1995) y Bloomberg Finance L.P. Información al 3 de junio de 2026. Nota: los “Siete magníficos” incluyen Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla. El índice de semiconductores corresponde al Philadelphia Stock Exchange Semiconductor Index.
Actualmente, este fenómeno gira en torno a la inteligencia artificial (IA). Los inversionistas no solo están apostando por las empresas que adoptan esta tecnología, sino también por los componentes clave que hacen posible su expansión. Entre ellos se encuentran los procesadores gráficos, chips de memoria, equipos de redes, generación eléctrica, infraestructura de transmisión, sistemas de refrigeración, transformadores, cobre, turbinas de gas y la capacidad de los centros de datos.
Este entusiasmo ha relegado a un segundo plano a otros segmentos, como el software empresarial y los servicios comerciales; es decir, aquellos que el mercado considera más vulnerables a la disrupción que podría generar la IA.
En lo que va de año, el desempeño de este grupo ha sido extraordinario. De hecho, la diferencia entre las acciones con mejores y peores resultados ha alcanzado su nivel más alto desde 1990. Mientras el conjunto de empresas estadounidenses de gran capitalización no vinculadas a la IA acumula una ganancia del 3,5%, otro compuesto por compañías relacionadas con centros de datos para inteligencia artificial registra un avance del 47%.
Por su parte, el índice MSCI USA Momentum (índice de referencia compuesto por las acciones con el mejor desempeño reciente) ha subido 43% desde el mínimo alcanzado por el S&P 500 el 30 de marzo, más del doble del avance registrado por el índice en ese mismo período.
El desempeño pasado no garantiza resultados futuros. No es posible invertir directamente en un índice.
Fuente: Bloomberg Finance L.P. Información al 3 de junio de 2026.
¿Significa este fuerte avance que el repunte está cerca de agotarse? No necesariamente. Las tendencias alcistas pueden prolongarse durante mucho tiempo. Históricamente, los retornos obtenidos durante los 12 meses posteriores a períodos de 100 días en los que el mercado alcanzó al menos 20 máximos históricos no difieren de los registrados en cualquier otro momento. Esto sugiere que una racha de este tipo no constituye, por sí sola, una señal de alerta.
El riesgo aparece cuando cambia el ciclo. Actualmente, las correcciones pueden ser rápidas y profundas. Sin embargo, esos puntos de inflexión pueden tardar años en llegar.
Este no es un momento para dar la espalda a las empresas que han liderado las ganancias recientes. Los cuellos de botella asociados al desarrollo de la inteligencia artificial son reales, y las que se benefician de esta carrera tecnológica siguen contando con fundamentos sólidos. Sin embargo, la dinámica del mercado ha evolucionado y, para los inversionistas preocupados por el riesgo de concentración, la diversificación continúa siendo una herramienta fundamental para construir carteras resilientes.
Esto cobra especial relevancia en el entorno actual, ya que los cambios geopolíticos y macroeconómicos podrían impulsar una rotación hacia sectores que han quedado rezagados o fuera del foco de los inversionistas.
La menor actividad bursátil (característica de esta época del año) podría favorecer esa rotación. Cuando disminuye el volumen de operaciones, la volatilidad suele moderarse y los índices pueden proyectar una sensación de calma. Sin embargo, esa aparente tranquilidad puede ocultar cambios en el liderazgo del mercado, aunque sea de manera temporal.
Incluso sin una corrección significativa o episodio de volatilidad asociado a tensiones geopolíticas, una rotación de corto plazo podría abrir oportunidades para segmentos que han quedado rezagados, como el software, empresas de pequeña capitalización, bancos y otros sectores cíclicos.
Otro posible catalizador sería la normalización del tránsito por el estrecho de Ormuz o cualquier avance hacia una reducción de las tensiones en Oriente Medio. En teoría, disminuiría la prima de riesgo incorporada en los precios del petróleo, aliviaría las presiones inflacionarias y beneficiaría a sectores sensibles al ciclo económico, como las aerolíneas, transporte e industria, entre otros.
Esto podría traducirse en ganancias más amplias a nivel del índice, impulsadas por una mayor participación de distintos segmentos del mercado y no solo del sector tecnológico. Sería una señal saludable.
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