La pregunta ya no es si la centroderecha seguirá ganando elecciones, sino si esta vez será diferente. Hasta ahora, la respuesta no es sencilla, ya que depende del mandato de las urnas. En todas las elecciones realmente competitivas de este ciclo, los márgenes de victoria fueron muy estrechos, y ello condiciona la capacidad de acción de quienes llegan al poder.
Chile es el ejemplo más claro. El presidente José Antonio Kast inició su mandato con 46% de respaldo ciudadano, pero la eliminación de los subsidios a los combustibles provocó un aumento de más del 30% en los precios de la energía y le hizo perder más de 15 puntos de aprobación en cuestión de semanas. Como consecuencia, su principal proyecto de ley enfrenta un Senado en el que el oficialismo dispone de una ajustada mayoría de 26 escaños frente a 24. Argentina ha seguido un patrón similar: el apoyo al presidente Javier Milei ha caído debido a la inflación y a los escándalos de corrupción. La misma dinámica se observa en las dos elecciones que cerraron el ciclo.
1) Perú: contexto macroeconómico excepcional y reforma estructural
Keiko Fujimori, de centroderecha, ganó las elecciones del 7 de junio por un estrecho margen de 0,22 puntos porcentuales. Asumirá la presidencia el 28 de julio.
Fujimori puso fin a cinco años de gobiernos de centroizquierda con una plataforma centrada en la seguridad, la liberalización económica y la estabilidad institucional, en claro contraste con la propuesta de su rival, que defendía un aumento de los impuestos, la nacionalización de los recursos naturales y una nueva Constitución. Sin embargo, el cambio más trascendental es de carácter estructural: por primera vez desde 1990, Perú volverá a tener un Congreso bicameral, integrado por un nuevo Senado de 60 escaños y la actual Cámara de Diputados, con 130 miembros.
Este cambio es importante porque, desde 2016, seis de los nueve presidentes del país fueron destituidos por “incapacidad moral”, mecanismo cuya definición ambigua permitía a una sola cámara del Congreso impulsar su destitución. El hecho de que ahora este proceso requiera la aprobación de ambas cámaras elimina gran parte del descuento que los mercados han venido aplicando al riesgo político crónico del país. La coalición de Fujimori contará con 30 de los 60 escaños del Senado y 56 de los 130 de la Cámara de Diputados, lo que le proporciona un margen de gobernabilidad con el que no ha contado ningún presidente peruano en la historia reciente.
El contexto macroeconómico refuerza aún más este escenario. Los términos de intercambio se encuentran en su nivel más alto desde 1950; el superávit comercial alcanzó los 34.600 millones de dólares en 2025, equivalentes al 10,1% del Producto Interno Bruto (PIB), y registró un récord de 12.900 millones de dólares en el primer trimestre de 2026. Sin embargo, la producción de cobre apenas creció alrededor de 3%. El problema no son los precios, sino los retrasos en la concesión de permisos y los conflictos sociales.
La primera gran prueba será “Canon para el Pueblo”, propuesta para destinar directamente a los hogares de las zonas mineras el 40% del canon. Si logra la aprobación del Congreso, podría proporcionar la licencia social para operar que durante años ha frenado proyectos como Tía María y Las Bambas, dos de los principales yacimientos de cobre del país, bloqueados precisamente por la oposición de las comunidades locales.