Estrategia de inversión
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Puntos clave:
La IA prometía ser disruptiva, pero pocos imaginaban que lo lograría tan rápido—o que se volvería contra sí misma.
La semana pasada, el anuncio de nuevas herramientas de IA dio pie a un mercado bajista para las acciones de software, debido al temor de que empresas enteras puedan quedar obsoletas de la noche a la mañana. Pero la presión no terminó ahí. Los inversores también dudaron de la oleada de inversión récord de las grandes tecnológicas: cuatro de las mayores compañías del sector anunciaron más de 600.000 millones de dólares en inversiones de capital para 2026—un aumento del 70% respecto al año pasado—lo que llevó a las 7 Magníficas a su peor semana en casi un año.
Sin embargo, la caída no fue generalizada y los titulares pasaron por alto una realidad más compleja. Mientras que las empresas de software y algunos de los grandes nombres tecnológicos cayeron, los fabricantes de hardware y proveedores de equipos—la columna vertebral del auge de la IA—se dispararon, registrando algunos de ellos incrementos de dos dígitos. Por otro lado, se está produciendo también un cambio más considerable en el liderazgo del mercado. El S&P 500 equiponderado acaba de alcanzar un máximo histórico, con los sectores de energía, consumo básico, materiales e industriales subiendo más de un 10% este año, mientras que la tecnología por el momento se queda atrás.
La pregunta ahora es la siguiente: ¿quién conseguirá adaptarse, quién liderará y quién se quedará atrás? Aquí profundizaremos sobre lo que el mercado puede estar pasando por alto.
En las últimas semanas, las principales empresas de IA—la semana pasada, especialmente Anthropic—han lanzado nuevos modelos y funciones que permiten a los usuarios generar código y automatizar tareas complejas utilizando lenguaje cotidiano y simples indicaciones. Esto supone una amenaza directa para las empresas de software tradicionales, aquellas que desarrollan y venden herramientas para análisis de datos, gestión de gastos y automatización de procesos. El temor es que la IA no solo está revolucionando otros sectores, sino que también está transformando el suyo propio.
La presión de ventas sobre las acciones de software alcanzó niveles no vistos desde 2015. Incluso cuando el sector llegó a niveles de sobreventa no vistos antes—donde normalmente los inversores en busca de “gangas” aprovechan, como ocurrió en otros ámbitos—los compradores se mantuvieron al margen. El ETF iShares Expanded Tech-Software Sector (IGV) cotiza ahora más de un 20% por debajo de su media móvil de 200 días, la mayor diferencia desde el estallido de la burbuja dotcom.
Si la IA está a punto de revolucionar la industria del software, ¿por qué incluso los posibles beneficiados—los hiperescaladores, los fabricantes de chips y los proveedores de materiales—también han experimentado volatilidad?
La respuesta: el mercado está tratando de distinguir entre quién liderará y quién quedará rezagado, premiando a las empresas con un crecimiento claro y rentable, y castigando a aquellas con retornos inciertos o gastos elevados. Por eso los planes de inversión masiva de compañías como Amazon, Meta, Alphabet y Microsoft también están bajo la lupa. Los inversores se preguntan qué empresas lograrán convertir estas inversiones en un liderazgo duradero.
La capacidad de discernir es positiva, pero este cambio de precios sigue implicando riesgos. El dominio tecnológico en el S&P 500 hace que el índice esté más interconectado que nunca. Hemos analizado miles de combinaciones de 10 acciones del índice y descubrimos que las 10 de mayor capitalización actualmente están más correlacionadas entre sí que casi cualquier otro grupo de 10—situándose en el percentil 99. Como estos nombres tienen tanto peso, cuando se mueven juntos—especialmente a la baja—pueden tener un impacto desproporcionado en el índice general. Esta tendencia lleva años gestándose, pero supone un cambio radical respecto al pasado, cuando el liderazgo estaba repartido entre distintos sectores.
La reciente venta generalizada ha hecho que las valoraciones caigan bruscamente. El ratio EV/Ventas—un indicador rápido de lo que los inversores están dispuestos a pagar por cada dólar de ventas—ha vuelto a los niveles de finales de 2022, cuando la preocupación por una recesión estaba en su punto álgido.
Los escépticos pueden argumentar que este desplome indica un crecimiento más lento y un menor valor a largo plazo para el software. Pero tanto la visión general del sector, como el análisis a nivel de empresa sobre la revolución de la IA sugieren lo contrario.
El futuro de la IA sigue dependiendo de la infraestructura: chips, electricidad, refrigeración y redes. Por eso pueden surgir nuevos líderes entre las empresas que suministran estos elementos esenciales. Al mismo tiempo, la caída de las acciones de software recuerda que todo depende de dónde se ponga el foco. Si consideramos el reciente lanzamiento de Claude Code como una nueva prueba de la gran revolución que supone la IA—como el momento DeepSeek del año pasado—las valoraciones actuales más bajas podrían ser una oportunidad, especialmente para las compañías con fuertes ventajas competitivas.
Por último, el argumento macroeconómico a favor de la IA sigue siendo válido. La IA está cambiando los fundamentos de la forma en la que vivimos y trabajamos. Aunque aún es pronto, las empresas del S&P 500 que están adoptando la IA ya están viendo cómo sus márgenes se expanden entre 2 y 3 puntos porcentuales más que los del resto del índice y que las empresas que no la adoptan.
La semana pasada puso el riesgo de disrupción en primer plano. La pregunta ahora es: ¿quién está preparado para adaptarse y crecer a medida que avanza la revolución de la IA?
Este proceso, sin duda, traerá más volatilidad y probablemente cambios de precio en todos los sectores. Pero las correcciones saludables pueden eliminar excesos y aclarar cuáles son las áreas de oportunidad. Seguimos viendo valor en todo el ecosistema de la IA—incluyendo los empresas líderes de gran capitalización, los fabricantes de chips e incluso algunas empresas de software seleccionadas. La clave está en centrarse en compañías con capacidad de permanencia y fuertes ventajas competitivas—aquellas que pueden adaptarse al cambio, invertir con criterio y ofrecer resultados.
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