Estrategia de inversión
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Puntos clave:
Es frecuente escuchar que la inteligencia artificial (IA) terminará por sustituir puestos de trabajo, desde recién titulados hasta galardonados con el Premio Nobel.
Sin duda, se trata de uno de los avances tecnológicos más revolucionarios que ha conocido el mundo. Una de las principales preocupaciones es que la innovación avance con tanta rapidez que llegue a eliminar empleo a gran escala.
No obstante, pese a la atención que recibe la posibilidad de un impacto rápido en el empleo, consideramos más probable una transformación gradual asociada a la IA, con una mejora de la productividad como resultado. A continuación, explicamos por qué.
Resulta pertinente analizar el siguiente escenario hipotético, aunque lo consideremos menos probable: un avance significativo de la IA que, en un periodo breve, provoque pérdidas de empleo generalizadas. No existe una cifra concluyente sobre cuántos empleos estarían en riesgo en ese caso. Las estimaciones sitúan la proporción de empleos que podrían eliminarse entre el 14% y el 30%, con hasta un 80% de la población estadounidense afectada de alguna forma.
Al consultar a un sistema de inteligencia artificial especializado en lenguaje —capaz de comprender y generar texto— sobre el impacto de su propia tecnología en el futuro del empleo, este ofreció las cifras siguientes: entre un 3% y un 6% de la fuerza laboral de Estados Unidos (163 millones de personas) podría perder su empleo en los próximos uno a tres años, y entre un 10% y un 15% adicional a lo largo de la próxima década.
Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, una de las mayores compañías de IA, afirma que el 50% de los empleos administrativos y profesionales se verán afectados en un plazo de cinco años. Señala, además, la posibilidad de un avance tecnológico que podría elevar la tasa de paro hasta el 20%. Como referencia, ese nivel superaría el registrado durante la crisis financiera global de 2009 y se acercaría al máximo de la Gran Depresión de 1933.
Históricamente, las recesiones y las fases de elevado desempleo han tenido su origen en contracciones de la demanda. Cuando las personas pierden su empleo, confían en encontrar otro más adelante; la incertidumbre reside en el cuándo, no en si lo conseguirán. Sin embargo, un cambio impulsado por la IA podría, en teoría, disparar la tasa de paro y mantenerla elevada, al menos hasta que una parte sustancial de la fuerza laboral adquiera nuevas competencias y sea contratada para funciones que la IA no puede desempeñar.
Las implicaciones económicas de un cambio en el mercado laboral tienen efectos contrapuestos. Si bien el desempleo puede presionar el consumo, los salarios y, en último término, el crecimiento, la economía también podría recuperar impulso e incluso alcanzar niveles superiores gracias a las ganancias de productividad vinculadas a la IA.
Es habitual en un ciclo económico que, tras una recesión, el PIB se recupere antes que el empleo. Ese ajuste lleva tiempo. Y formar a la fuerza laboral en nuevas competencias, e incluso detectar las necesidades tecnológicas que exigen nuevos perfiles, requiere tiempo.
No existe un plan claro de política económica para abordar este escenario hipotético, difícil incluso de imaginar.
Existen motivos fundados para ser cautelosos ante el peor escenario. Nos encontramos en un momento de especial trascendencia en la historia humana y tecnológica, pero también supone riesgos significativos para una parte considerable de la fuerza laboral; además, numerosos economistas trabajan en modelos para estimar su impacto.
Ahora bien, no ocurrirá todo a la vez. Puede producirse un avance claro de la tecnología, pero vemos poco probable que exista un único momento en que los despidos se generalicen en todos los sectores. Para que eso sucediera serían necesarios un ritmo de adopción muy rápido, aplicaciones de amplio alcance, una regulación estandarizada que permita a las empresas incorporar la nueva tecnología sin exponerse a riesgos legales, capacidad energética suficiente y la ampliación y modernización de infraestructuras.
La adopción de la IA probablemente será gradual. Aunque podría afectar con rapidez a los servicios financieros, el ámbito jurídico y el sector tecnológico, su aplicación en áreas como la educación y la sanidad requerirá más tiempo, financiación y regulación. Además, el peor escenario presupone que las autoridades no intervendrían mientras se desarrolla este proceso.
¿Qué datos cuestionan ese peor escenario? El primer indicio aparecería en las estadísticas de desempleo. El primer ámbito a vigilar sería el empleo en el sector tecnológico. En este sector, la ocupación muestra una tendencia a la baja, pero no desciende a un ritmo que sugiera una pérdida de puestos generalizada e inminente.
Aunque la revolución de la IA introducirá transformaciones de gran alcance en la economía, no creemos que el impacto en el mercado laboral vaya a concentrarse tanto como algunos sugieren. El mercado ya incorpora ese potencial por etapas. Además, existe una voluntad clara de desarrollar y reforzar las infraestructuras que la sustentan y, al mismo tiempo, de fomentar una adopción gradual dentro de las funciones ya existentes. La mejora de la productividad asociada a la adopción de la IA previsiblemente se materializará de forma gradual a lo largo de los próximos años, no de manera inmediata. Mientras tanto, seguimos centrados en reforzar la resiliencia de las carteras —mediante activos como el oro, estrategias con gestión de la volatilidad, como las notas estructuradas, y la inversión en sectores de importancia estratégica, en particular en empresas líderes de importancia estratégica en cada región.
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