En 2026, la economía y el mercado bursátil de Estados Unidos han demostrado su resiliencia, pese al aumento de las tasas de interés, la volatilidad geopolítica y una nueva sacudida en los mercados energéticos. Si bien los consumidores siguen gastando, respaldados por los estímulos fiscales y recortes de impuestos, la expansión de la infraestructura de inteligencia artificial (IA) se afianza como uno de los motores del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).
En las elecciones de mitad de mandato celebradas esta semana, el Partido Demócrata consiguió el control de ambas cámaras del Congreso, lo que podría provocar un bloqueo político con la presidencia republicana, especialmente en lo que respecta al desarrollo y adopción de la IA en el país. Los inversionistas temían la imposición de una moratoria federal similar a algunas de las iniciativas estatales destinadas a frenar la expansión de esta infraestructura ante las preocupaciones por su impacto en el costo de vida y las normas de zonificación. Por ello, no sorprende que el desenlace electoral provocara inicialmente una caída de casi 2% en los futuros bursátiles, seguida de una recuperación, mientras las acciones tecnológicas registraron una elevada volatilidad incluso varios días después de conocerse los resultados.
La expansión de la infraestructura de IA sigue adelante
Los avances demócratas aumentan la probabilidad de una supervisión más estricta de la construcción de centros de datos, costo de la electricidad y distribución de los gastos asociados a la ampliación de la red eléctrica. A corto plazo, esto podría generar incertidumbre en sectores cuya evolución bursátil está vinculada al desarrollo de la IA, como el de las empresas de servicios públicos. El impacto podría ser especialmente significativo para aquellas con exposición a mercados en rápida expansión, como Texas y Georgia, que ofrecen terrenos y mano de obra asequibles, además de acceso a energía y agua. Aunque los inversionistas están ajustando las valuaciones para reflejar estos riesgos, las condiciones estructurales que sustentan esta tendencia se mantienen. Se espera que los hiperescaladores mantengan sus inversiones, mientras que la electrificación y el desarrollo de la infraestructura eléctrica siguen siendo fundamentales para satisfacer la creciente demanda de energía y respaldar el gasto de capital.
Sin embargo, frenar la construcción de centros de datos sigue siendo complicado. Los primeros intentos de limitar su expansión comenzaron hace pocos meses, por lo que cualquier nueva medida destinada a restringir o retrasar las conexiones a la red eléctrica se sumaría a un proceso que ya está en marcha. Las modificaciones regulatorias más significativas podrían centrarse en quién asume los costos de las nuevas conexiones, revisión de las exenciones fiscales, imposición de compromisos financieros más estrictos y obligación de reducir el consumo eléctrico en situaciones de emergencia, entre otras medidas. Si bien los mercados ya habían incorporado gran parte de esta incertidumbre a las valuaciones antes de las elecciones, no habían anticipado la magnitud del avance demócrata. Esto está cambiando las dinámicas de inversión en el sector tecnológico.
Una ventaja competitiva diferente
En un entorno en el que las regulaciones podrían cambiar incluso en los estados más favorables a la IA, las empresas que ya cuentan con capacidad de procesamiento y proyectos de centros de datos, como los hiperescaladores, parten con ventaja. Además, las nuevas propuestas regulatorias se centran en futuros desarrollos, no en los ya existentes, lo que podría reforzar la posición de aquellas que disponen de instalaciones operativas, suministro eléctrico asegurado y clientes consolidados. Ante una posible moderación del crecimiento de la IA y la necesidad de cumplir requisitos más estrictos de construcción y obtención de permisos, el liderazgo de las grandes tecnológicas cobra aún más valor frente a otros segmentos que dependen de la expansión de esta infraestructura.
Los inversionistas ya están reflejando esta diferencia en las valuaciones: contar hoy con capacidad operativa no es lo mismo que depender de su desarrollo futuro, especialmente ante los posibles riesgos regulatorios.