Actualmente, la ronda mediana de financiamiento de las empresas de tecnología financiera de América Latina se sitúa en 5,8 millones de dólares, prácticamente al mismo nivel que en Estados Unidos. Al mismo tiempo, las operaciones en etapas iniciales han pasado de representar el 81% del total de la región al 64%, a medida que los inversionistas destinan más capital a fases más avanzadas y favorecen a empresas con trayectoria operativa y estados financieros auditados.
México presenta la mayor brecha: menos del 30% de los adultos tiene una tarjeta de crédito, lo que ayuda a explicar por qué tanto Clip como Plata llegaron al país. Las empresas cotizadas en bolsa también están buscando oportunidades donde el acceso sigue siendo limitado. Tanto para Nubank como para Ualá, la próxima fase de crecimiento pasa por México y Colombia. El capital público y el privado están convergiendo en su preferencia por modelos de eficacia comprobada frente a propuestas cuyo potencial aún está por demostrar, con valuaciones que todavía presuponen varios años de mayor penetración.
El siguiente paso: la tecnología financiera como catalizador de otros sectores
La infraestructura desarrollada durante la última década constituye ahora una base sobre la que pueden expandirse otros sectores. Llegar a un cliente sin una sucursal, verificar su identidad sin documentos de los que nunca había dispuesto, determinar si se le puede conceder crédito sin un historial y realizar cobros sin efectivo fueron desafíos que las empresas de tecnología financiera dedicaron una década y una cantidad considerable de capital a resolver. Y estos son los mismos que dificultan que una entidad de crédito agrícola, un proveedor de servicios de salud o una aseguradora lleguen a gran parte de la región.
En Brasil, esta infraestructura ha convertido cada una de estas tareas, antes lentas y costosas, en procesos que pueden completarse en cuestión de segundos. Un teléfono inteligente y un código QR sustituyen a una sucursal. Gov.br, el sistema de identidad digital del gobierno, y el número de identificación fiscal brasileño permiten verificar la identidad de un cliente sin necesidad de una factura de servicios públicos ni un recibo de nómina. Open Finance, la plataforma del banco central para el intercambio de datos con el consentimiento del cliente, permite compartir el historial de transacciones con cualquier institución autorizada. De este modo, una entidad de crédito puede evaluar la concesión de un préstamo a partir de los flujos de efectivo observados, en lugar de depender de garantías. Por su parte, Pix liquida los pagos de forma instantánea y prácticamente sin costo, lo que hace económicamente viable el cobro recurrente de pequeñas cantidades. En conjunto, esta infraestructura es pública, gratuita en el momento de su utilización y de libre acceso.
Estas herramientas no son de uso exclusivo de las empresas de tecnología financiera; también las necesitan otros sectores para llegar a esos segmentos de clientes. La tecnología agrícola, la salud y los seguros son los ejemplos más claros, ya que en los tres persisten importantes carencias.
Tecnología agrícola. Las entidades de crédito proporcionan alrededor de 170 mil millones de dólares menos de lo que necesitan los pequeños agricultores de la región. Una explotación agrícola sin acceso al crédito no puede invertir en maquinaria, fertilizantes ni tierras adicionales, por lo que su productividad es muy baja. En México, el sector emplea al 13% de la fuerza laboral del país, pero genera menos del 4% del PIB, con una producción por trabajador equivalente a apenas un tercio de la del resto de la economía. Las compañías que podrían contribuir a cubrir esta necesidad se concentran casi por completo en un solo país: cerca de cuatro quintas partes de las 2.600 empresas de tecnología agrícola de América Latina tienen su sede en Brasil, lo que deja prácticamente desatendidos a los países donde las brechas son mayores.
Salud. Los hogares pagan directamente de su bolsillo el 32,4% del gasto sanitario de la región, muy por encima del umbral del 20% a partir del cual, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los gastos médicos comienzan a empujar a las familias hacia la pobreza. Es poco probable que ese porcentaje disminuya, ya que los gobiernos destinan en promedio el 3,7% del PIB a la salud, frente al objetivo regional del 6%. Lo que puede cambiar no es quién asume el costo, sino la forma en que se paga. Permitir que un paciente pague una factura médica en seis meses exige evaluar su capacidad crediticia cuando carece de un historial previo, algo que ahora puede hacerse a partir de sus transacciones, con su consentimiento.
Seguros. La región presenta una brecha de aproximadamente 151 mil millones de dólares en primas, y el obstáculo no es el precio, sino el cobro. Una póliza de apenas unos dólares al mes no puede comercializarse a través de un corredor o una sucursal ni cobrarse a un cliente que no dispone de una tarjeta, por lo que las aseguradoras nunca desarrollaron este tipo de producto. Los pagos instantáneos cambiaron esa ecuación: permiten cobrar pequeñas cantidades de forma recurrente y prácticamente sin costo, algo que la infraestructura anterior no hacía posible.
Algunas empresas ya están utilizando esa infraestructura para cerrar estas brechas, aunque con rondas de financiamiento mucho menores. Agrolend concede crédito a agricultores en Brasil y Sofia ofrece seguros de salud a pacientes en México; sus operaciones más recientes fueron de 53 millones y 21 millones de dólares, respectivamente, cantidades reducidas frente a mercados que se miden en cientos de miles de millones.
En 2025, las empresas de tecnología financiera captaron el 61% de los 4.100 millones de dólares de capital de riesgo invertidos en compañías emergentes de América Latina, pese a representar menos de un tercio del número de operaciones, mientras que la agricultura, la salud y los seguros recibieron conjuntamente unos cientos de millones de dólares.
Sin embargo, estos sectores no necesitan dedicar otra década al desarrollo de infraestructura, cuyo costo de creación ya fue asumido. Esto acorta el camino entre la obtención de financiamiento y la llegada efectiva a los clientes. La cuestión ahora es si el capital destinado a la agricultura, la salud y los seguros comenzará a cerrar la brecha frente a la tecnología financiera, que concentra el 61% del financiamiento de capital de riesgo de la región.