Estrategia de inversión

La década que transformó las finanzas en América Latina

En la última década, América Latina ha experimentado una profunda transformación de su infraestructura financiera, con la incorporación de sistemas de pagos instantáneos, identidad digital, intercambio de datos mediante la banca abierta e historiales crediticios para personas que nunca habían tenido una cuenta bancaria. Entre 2011 y 2024, la titularidad de cuentas aumentó del 36% de los adultos al 70%, mientras que Pix, el sistema gratuito de pagos instantáneos que Brasil lanzó en 2020, procesa hoy más transacciones al año que las tarjetas de crédito y débito combinadas.

La titularidad de cuentas bancarias ha aumentado considerablemente con el tiempo

Adultos con cuenta bancaria (%), 2014-2024

Fuente: Base de datos de Global Findex, 2025.

En los mercados públicos, esa década de desarrollo se traduce hoy en una mayor rentabilidad. El sector financiero de América Latina genera un retorno sobre el patrimonio superior al de cualquier otro índice sectorial importante, tanto de economías desarrolladas como emergentes. En el ámbito privado, el resultado es una mayor escala: la ronda mediana de financiamiento de las empresas de tecnología financiera de la región casi se ha cuadruplicado desde 2023 y se acerca ya a la mediana de Estados Unidos.

A largo plazo, el mayor impacto de la tecnología financiera podría estar en su papel como catalizador de otros sectores. Si bien la infraestructura de pagos, los sistemas de verificación de identidad y los historiales de transacciones se desarrollaron para llegar a consumidores que no tenían acceso al sistema bancario, sus aplicaciones van mucho más allá. Las entidades de crédito agrícola, las aseguradoras de salud y los operadores logísticos también pueden aprovechar estas herramientas y reducir sus costos de adquisición de clientes, como ocurrió con el sector bancario. Sin embargo, esta parte de la historia aún no está plenamente reflejada en las valuaciones, sigue recibiendo poco financiamiento y, en muchos casos, todavía está por desarrollar.

Cómo llegamos hasta aquí: la brecha que dio paso a la tecnología financiera y las soluciones que surgieron para cerrarla

Durante gran parte del último siglo, la banca latinoamericana atendió a una base limitada de clientes, principalmente urbanos y con empleo formal. Frente a esta realidad, las empresas de tecnología financiera irrumpieron con un modelo económico diferente: sin sucursales, con apertura digital de cuentas y decisiones de crédito basadas en datos de comportamiento en lugar de recibos de nómina. Sin embargo, para hacerlo viable, era necesaria una infraestructura que no existía en buena parte de la región.

Dos cambios regulatorios y un avance decisivo en infraestructura transformaron este panorama. Primero, en 2018, la Resolución sobre Tecnología Financiera de Brasil y la Ley para Regular las Instituciones de Tecnología Financiera de México abrieron la puerta a nuevos participantes no bancarios. Luego, en 2020, el Banco Central de Brasil lanzó Pix, que superó las previsiones iniciales y, desde entonces, ha dado lugar a acuerdos de intercambio de información con 65 países. La combinación de regulación e infraestructura abrió el mercado, pero cerrar la brecha sigue siendo la tarea pendiente.

El financiamiento sigue siendo el principal desafío. Aunque el crédito al sector privado como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) aumentó de alrededor del 23% en 2000 al 53% en 2025, América Latina continúa por debajo de las economías desarrolladas y de sus pares de Asia Oriental. Y es que los avances son desiguales: Brasil prácticamente ha cerrado la brecha, pero México se sitúa en torno al 35%. Una disparidad similar se observa en los pagos: el efectivo continúa predominando en los países que no cuentan con un sistema equivalente a Pix, mientras que DiMo, la alternativa mexicana, sigue muy por detrás del sistema brasileño en términos de escala.

La profundidad financiera en América Latina se ha duplicado en 20 años

Crédito interno al sector privado, % del Producto Interno Bruto

Fuentes: J.P. Morgan Private Bank e Indicadores del Desarrollo Mundial del Banco Mundial. Información al 13 de julio de 2026.

Los nuevos competidores: tres puntos de partida, un modelo de eficacia comprobada

Con la infraestructura necesaria ya establecida, el reto era demostrar que también podía construirse un negocio rentable atendiendo a consumidores con acceso limitado al sistema bancario. Nubank fue el primero en demostrarlo en Brasil: su retorno sobre el patrimonio pasó de -32,7% en 2020 a 30,3% en 2025. Este desempeño se apoya en dos ventajas estructurales: una cartera de préstamos sin garantía a este tipo de clientes, con un rendimiento cercano al 16%, y una estructura de costos que representa apenas una fracción de lo que supone mantener una red de sucursales.

Sin embargo, ambas ventajas comparten un riesgo aún por poner a prueba: un modelo de evaluación y concesión de crédito que nunca ha atravesado un deterioro del ciclo económico.

Nubank supera a los principales bancos tradicionales de América Latina tanto en retorno sobre el patrimonio como en margen de interés

Retorno sobre el patrimonio y margen de interés neto de los cinco principales bancos de América Latina por capitalización de mercado, %

Fuente: J.P. Morgan Private Bank; Bloomberg Finance L.P. Información al 31 de agosto de 2026.

Mercado Pago demostró la viabilidad del modelo desde otro punto de partida. Surgió a partir de Mercado Libre, la plataforma de comercio electrónico creada por Marcos Galperin en Buenos Aires en 1999. Actualmente opera en 18 países y el beneficio bruto de su negocio de tecnología financiera supera al de su actividad original. Desde el principio, esa vinculación le proporcionó acceso a clientes y un amplio historial de transacciones, lo que le dio una ventaja considerable frente a quienes debían construir un banco desde cero.

Por su parte, Ualá, fundada en Buenos Aires en 2017 por Pierpaolo Barbieri, surgió en uno de los entornos más difíciles de la región. El mayor banco digital del país logró consolidarse pese a una inestabilidad cambiaria que habría puesto fuera de juego a un competidor menos ágil, experiencia que ahora está aprovechando en su expansión a México y Colombia. Su trayectoria, sin embargo, fue muy distinta a la de sus pares brasileños. Mientras que en Brasil la apertura del mercado estuvo impulsada por la creación de la infraestructura de pagos, en Argentina llegó más tarde, de la mano del proceso de desinflación y la reapertura a los flujos de capital que analizamos en nuestras Perspectivas para América Latina 2026.

Las tres compañías siguieron caminos diferentes para aprovechar una misma oportunidad: una población históricamente desatendida por la banca tradicional. Y lo hicieron a partir de principios comunes: distribución digital, ausencia de una red de sucursales y decisiones de crédito basadas en datos de comportamiento. La pregunta que aún queda por responder es si este modelo seguirá funcionando a medida que se extienda a mercados donde esas brechas persisten.

Mercados públicos: la oportunidad más clara aún no plenamente valorada

Los resultados de estas compañías ya se reflejan en los índices. El sector financiero de América Latina genera un retorno sobre el patrimonio superior al de cualquier otro índice sectorial importante, tanto de mercados desarrollados como emergentes, y aun así no cotiza con una prima de valuación. En promedio, este retorno alcanza el 18,8% en la región, frente al 14,3% a nivel mundial y el 15,1% en Estados Unidos. Sin embargo, el sector cotiza a 2,2 veces su valor contable, el mismo múltiplo que el índice global y por debajo del estadounidense. La diferencia es aún mayor en términos de utilidades esperadas: América Latina cotiza a 10,4 veces, frente a 14,9 veces para el índice mundial. Esto supone un descuento de alrededor del 30%, pese a que su retorno sobre el patrimonio es aproximadamente un tercio superior.

El sector financiero latinoamericano ofrece mayores retornos que sus pares de mercados desarrollados, con múltiplos de valuación similares

Relación precio/valor contable y retorno sobre el patrimonio, %

Fuente: Bloomberg Finance L.P. Información al 8 de septiembre de 2026.

La composición del índice ha cambiado a medida que los nuevos competidores han ganado peso. Actualmente, Nubank representa la mayor ponderación del índice MSCI del sector financiero de mercados emergentes de América Latina, con 18,5%, por delante de Itaú (15%). Esto significa que el modelo económico descrito anteriormente ya contribuye al retorno del índice. La respuesta de los bancos tradicionales ante este avance ha sido desigual: Itaú invirtió desde temprano en productos digitales y ha mantenido un retorno sobre el patrimonio ligeramente superior al 20%, mientras que el de Bradesco disminuyó cuando el ciclo del crédito al consumo se volvió desfavorable. Fuera de Brasil, Banorte y Credicorp mostraron un mejor desempeño, respaldados por posiciones dominantes en mercados a los que estos competidores aún no han llegado.

Empresas privadas de tecnología financiera en América Latina: rondas más grandes y en etapas más avanzadas

El capital privado está llegando en operaciones de mucho mayor tamaño. Solo en el segundo trimestre de 2026, las empresas de tecnología financiera de América Latina captaron 1.100 millones de dólares, su mejor trimestre desde finales de 2024, y dos rondas en México representaron más del 80% de ese total. Clip, que ofrece terminales para pagos con tarjeta a pequeños comercios, captó 500 millones de dólares con una valuación de 2.500 millones, mientras que Plata, una empresa de crédito al consumo y tarjetas creada hace tres años, obtuvo 405 millones con una valuación de 5.000 millones. La tercera mayor ronda del trimestre fue de apenas 50 millones de dólares.

Las empresas de tecnología financiera de América Latina atraen rondas de financiamiento cada vez mayores

Inversión trimestral de capital en empresas de tecnología financiera (miles de millones de dólares) y número de operaciones en América Latina

Fuente: CB Insights, “Estado de la tecnología financiera — segundo trimestre de 2026 a nivel mundial”. Las cifras y corresponden exclusivamente a inversiones de capital en empresas privadas (se excluyen las rondas de financiamiento de empresas que cotizan en bolsa).

Actualmente, la ronda mediana de financiamiento de las empresas de tecnología financiera de América Latina se sitúa en 5,8 millones de dólares, prácticamente al mismo nivel que en Estados Unidos. Al mismo tiempo, las operaciones en etapas iniciales han pasado de representar el 81% del total de la región al 64%, a medida que los inversionistas destinan más capital a fases más avanzadas y favorecen a empresas con trayectoria operativa y estados financieros auditados.

México presenta la mayor brecha: menos del 30% de los adultos tiene una tarjeta de crédito, lo que ayuda a explicar por qué tanto Clip como Plata llegaron al país. Las empresas cotizadas en bolsa también están buscando oportunidades donde el acceso sigue siendo limitado. Tanto para Nubank como para Ualá, la próxima fase de crecimiento pasa por México y Colombia. El capital público y el privado están convergiendo en su preferencia por modelos de eficacia comprobada frente a propuestas cuyo potencial aún está por demostrar, con valuaciones que todavía presuponen varios años de mayor penetración.

El siguiente paso: la tecnología financiera como catalizador de otros sectores

La infraestructura desarrollada durante la última década constituye ahora una base sobre la que pueden expandirse otros sectores. Llegar a un cliente sin una sucursal, verificar su identidad sin documentos de los que nunca había dispuesto, determinar si se le puede conceder crédito sin un historial y realizar cobros sin efectivo fueron desafíos que las empresas de tecnología financiera dedicaron una década y una cantidad considerable de capital a resolver. Y estos son los mismos que dificultan que una entidad de crédito agrícola, un proveedor de servicios de salud o una aseguradora lleguen a gran parte de la región.

En Brasil, esta infraestructura ha convertido cada una de estas tareas, antes lentas y costosas, en procesos que pueden completarse en cuestión de segundos. Un teléfono inteligente y un código QR sustituyen a una sucursal. Gov.br, el sistema de identidad digital del gobierno, y el número de identificación fiscal brasileño permiten verificar la identidad de un cliente sin necesidad de una factura de servicios públicos ni un recibo de nómina. Open Finance, la plataforma del banco central para el intercambio de datos con el consentimiento del cliente, permite compartir el historial de transacciones con cualquier institución autorizada. De este modo, una entidad de crédito puede evaluar la concesión de un préstamo a partir de los flujos de efectivo observados, en lugar de depender de garantías. Por su parte, Pix liquida los pagos de forma instantánea y prácticamente sin costo, lo que hace económicamente viable el cobro recurrente de pequeñas cantidades. En conjunto, esta infraestructura es pública, gratuita en el momento de su utilización y de libre acceso.

Estas herramientas no son de uso exclusivo de las empresas de tecnología financiera; también las necesitan otros sectores para llegar a esos segmentos de clientes. La tecnología agrícola, la salud y los seguros son los ejemplos más claros, ya que en los tres persisten importantes carencias.

Tecnología agrícola. Las entidades de crédito proporcionan alrededor de 170 mil millones de dólares menos de lo que necesitan los pequeños agricultores de la región. Una explotación agrícola sin acceso al crédito no puede invertir en maquinaria, fertilizantes ni tierras adicionales, por lo que su productividad es muy baja. En México, el sector emplea al 13% de la fuerza laboral del país, pero genera menos del 4% del PIB, con una producción por trabajador equivalente a apenas un tercio de la del resto de la economía. Las compañías que podrían contribuir a cubrir esta necesidad se concentran casi por completo en un solo país: cerca de cuatro quintas partes de las 2.600 empresas de tecnología agrícola de América Latina tienen su sede en Brasil, lo que deja prácticamente desatendidos a los países donde las brechas son mayores.

Salud. Los hogares pagan directamente de su bolsillo el 32,4% del gasto sanitario de la región, muy por encima del umbral del 20% a partir del cual, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los gastos médicos comienzan a empujar a las familias hacia la pobreza. Es poco probable que ese porcentaje disminuya, ya que los gobiernos destinan en promedio el 3,7% del PIB a la salud, frente al objetivo regional del 6%. Lo que puede cambiar no es quién asume el costo, sino la forma en que se paga. Permitir que un paciente pague una factura médica en seis meses exige evaluar su capacidad crediticia cuando carece de un historial previo, algo que ahora puede hacerse a partir de sus transacciones, con su consentimiento.

Seguros. La región presenta una brecha de aproximadamente 151 mil millones de dólares en primas, y el obstáculo no es el precio, sino el cobro. Una póliza de apenas unos dólares al mes no puede comercializarse a través de un corredor o una sucursal ni cobrarse a un cliente que no dispone de una tarjeta, por lo que las aseguradoras nunca desarrollaron este tipo de producto. Los pagos instantáneos cambiaron esa ecuación: permiten cobrar pequeñas cantidades de forma recurrente y prácticamente sin costo, algo que la infraestructura anterior no hacía posible.

Algunas empresas ya están utilizando esa infraestructura para cerrar estas brechas, aunque con rondas de financiamiento mucho menores. Agrolend concede crédito a agricultores en Brasil y Sofia ofrece seguros de salud a pacientes en México; sus operaciones más recientes fueron de 53 millones y 21 millones de dólares, respectivamente, cantidades reducidas frente a mercados que se miden en cientos de miles de millones.

En 2025, las empresas de tecnología financiera captaron el 61% de los 4.100 millones de dólares de capital de riesgo invertidos en compañías emergentes de América Latina, pese a representar menos de un tercio del número de operaciones, mientras que la agricultura, la salud y los seguros recibieron conjuntamente unos cientos de millones de dólares.

Sin embargo, estos sectores no necesitan dedicar otra década al desarrollo de infraestructura, cuyo costo de creación ya fue asumido. Esto acorta el camino entre la obtención de financiamiento y la llegada efectiva a los clientes. La cuestión ahora es si el capital destinado a la agricultura, la salud y los seguros comenzará a cerrar la brecha frente a la tecnología financiera, que concentra el 61% del financiamiento de capital de riesgo de la región.

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