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Estrategia de inversión
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Durante décadas, la propiedad de los equipos deportivos respondía principalmente a intereses personales: era un activo de prestigio de familias y/o individuos de alto patrimonio, más que un componente de las carteras de inversión institucionales. Sin embargo, esta realidad ha cambiado con notable rapidez. Lo que durante mucho tiempo fue un ecosistema infravalorado y poco comprendido ha experimentado una transformación estructural en los últimos años. Hoy, los inversionistas no solo pueden participar, sino también contribuir activamente a su evolución, gracias a la aparición de fondos especializados en deporte, firmas de capital privado, fondos soberanos y oficinas de gestión patrimonial familiar.
Desde 2019, las principales ligas deportivas de América del Norte han abierto sus puertas al capital institucional, una tras otra: primero las Grandes Ligas de Béisbol (MLB, por sus siglas en inglés), seguidas por la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA) y la Liga Nacional de Hockey (NHL) en 2021 y, finalmente, la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) en agosto de 2024. Lo que antes estaba reservado a personas de muy alto patrimonio se está consolidando como una nueva clase de activo que suscita un interés creciente, aunque todavía se encuentra en una fase relativamente temprana de desarrollo1.
Las cifras ayudan a explicar esta transformación. Las estimaciones sobre el tamaño del mercado mundial del deporte oscilan actualmente entre 630 mil millones2 y tres billones de dólares3, un rango que refleja la amplitud con la que hoy se define este ecosistema. En la última década, las valuaciones de las principales ligas deportivas han generado retornos acumulados cercanos al 430%4, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 14% para la NBA y del 11% para los 10 principales clubes europeos de fútbol.
Desde la perspectiva de la construcción de carteras, indicadores como el Índice Ross-Arctos de Franquicias Deportivas (RAFSI, por sus siglas en inglés), que sigue la evolución de las franquicias de la NFL, NBA, MLB y NHL, muestran que han ofrecido históricamente retornos positivos de largo plazo, menor volatilidad y baja correlación con otras clases de activos, como la renta variable, capital privado y bienes raíces, además de una notable resiliencia durante períodos de desaceleración o inestabilidad de los mercados.
Nuestros propios clientes reconocen este atractivo. De las 111 familias multimillonarias de todo el mundo con las que conversamos para nuestro Principal Discussions Report 2025, el 20% posee actualmente participaciones de control en equipos deportivos y aproximadamente un tercio ha invertido en equipos o estadios5, lo que convierte al deporte en su principal categoría de activos especializados, por delante del arte y los automóviles. Desde una perspectiva más amplia, el Foro Económico Mundial estima que la economía del deporte podría alcanzar los 8,8 billones de dólares para 20506, lo que la situaría entre las 10 principales industrias impulsoras del crecimiento mundial.
La conclusión es clara: el deporte ha evolucionado de forma silenciosa hasta convertirse en una clase de activo invertible, capaz de generar ingresos, con potencial de expansión global y oportunidades de inversión a lo largo de toda la cadena de valor.
La institucionalización del deporte no se limita a una sola liga ni a un solo continente, es un fenómeno visible en todo el mundo:
El capital está entrando en todos los segmentos: ligas, equipos, medios, tecnología e infraestructura. Para nuestros clientes, la pregunta ya no es si deben invertir en el deporte, sino dónde se encuentran las oportunidades y qué papel pueden desempeñar dentro de la asignación de activos de sus carteras.
En pocos deportes se refleja con tanta claridad el alcance global de esta industria como en el fútbol. Este mes, España conquistó la Copa Mundial de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) 2026 ante una audiencia que siguió el torneo en gran parte del planeta. Sin embargo, una vez concluidas la celebración, la historia más relevante es la económica. El fútbol no solo es el deporte más visto del mundo —cerca de 1.500 millones de personas siguieron la final de la Copa Mundial de la FIFA Catar 2022—, sino también uno de los que cuenta con el ecosistema comercial más sofisticado.
Se estima que la Copa Mundial de la FIFA 2026 generó hasta 40.900 millones de dólares en Producto Interno Bruto a escala mundial, respaldó cerca de 824 mil empleos equivalentes a tiempo completo y atrajo aproximadamente 6,5 millones de asistentes. Estas cifras ponen de manifiesto que el impacto económico del fútbol trasciende ampliamente lo que ocurre dentro del terreno de juego11.
Lo que antes era un modelo de negocio centrado en los días de partido se sustenta hoy en fuentes de ingresos diversificadas y recurrentes. Entre ellas destacan los derechos audiovisuales, patrocinios, canales digitales, venta de productos oficiales y desarrollo de jugadores.
La magnitud de esta transformación queda reflejada en las cifras. La primera edición ampliada de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA (torneo independiente de clubes lanzado en 2025) generó mil millones de dólares por derechos audiovisuales y 669 millones por patrocinio y marketing únicamente en su edición inaugural12.
Si bien los derechos audiovisuales han sido históricamente la principal fuente de ingresos de los clubes más importantes, la actividad comercial cobra un peso cada vez mayor y, en algunos casos, ya la supera. Por ejemplo, Manchester City registró ingresos totales de 694,1 millones de libras esterlinas durante la temporada 2024/25, de los cuales 340,4 millones procedieron de su actividad comercial, frente a 278,6 millones13 por derechos audiovisuales.
En este contexto, el deporte se está consolidando como una clase de activo diferenciada, al ofrecer a los inversionistas exposición a una combinación poco habitual de activos tangibles e intangibles, entre ellos estadios, propiedad intelectual, derechos audiovisuales y marcas con alcance global.
Lo que está cambiando es que América Latina comienza a atraer el capital que permite monetizar ese talento, ya que sus clubes siguen estando significativamente infravalorados frente a sus pares internacionales. En la Liga MX, por ejemplo, las transacciones se han realizado a múltiplos cercanos a cinco veces los ingresos, frente a nueve veces en la Major League Soccer, donde el valor promedio de una franquicia ronda los 690 millones de dólares15.
Activos infravalorados, afición apasionada y flujo continuo de talento de clase mundial son precisamente las condiciones que buscan los inversionistas internacionales. Sin embargo, el papel de América Latina va hoy mucho más allá de la exportación de jugadores: cada vez más, el atractivo reside en participar en la propiedad del negocio del fútbol, a través de clubes, estadios y alianzas comerciales.
Hace tiempo que el valor del fútbol trasciende los 90 minutos sobre el terreno de juego. Las oportunidades más duraderas se extienden a lo largo de todo el ecosistema, desde los clubes y los estadios hasta los medios, la tecnología y los negocios orientados al consumidor.
Durante generaciones, la mayoría de los clubes brasileños funcionaron como asociaciones pertenecientes a sus socios, una estructura que impedía la inversión y, además, solía ir acompañada de elevados niveles de endeudamiento. La Ley de la Sociedad Anónima del Fútbol, aprobada en Brasil en 2021, transformó radicalmente este panorama al permitir que pudieran adoptar una estructura societaria. Desde entonces, pueden vender participaciones, acogerse a un régimen tributario simplificado con una tasa cercana al 4% y distribuir el pago de sus deudas en un período de entre seis y 10 años16. La conclusión es sencilla: la regulación, y no la disponibilidad de talento, es la que abre la puerta al capital.
Las operaciones que se produjeron a continuación constituyen la prueba más clara. La mayoría involucró a históricos equipos brasileños que durante mucho tiempo se consideraron fuera del alcance de los inversionistas. City Football Group, propietario del Manchester City, tomó el control del Bahia. Eagle Football, del inversionista estadounidense John Textor, adquirió el Botafogo, campeón del campeonato brasileño y de la Copa Libertadores (la principal competición de clubes de América del Sur) en 2024. Por su parte, la leyenda brasileña Ronaldo Nazário compró el 90% del Cruzeiro.
El capital privado no ha tardado en sumarse. La firma brasileña Treecorp adquirió el 90% del Coritiba por 1.300 millones de reales (aproximadamente 240 millones de dólares) y posteriormente incorporó como socios minoritarios a inversionistas vinculados al Independiente del Valle de Ecuador, en una de las primeras operaciones transfronterizas de propiedad multiclub17.
Allí donde el marco legal abrió las puertas, el capital llegó, y ese mismo patrón se observa en toda la región. En Colombia, La Equidad, de Bogotá, fue adquirido en enero de 2025 por un consorcio estadounidense (Tylis-Porter Group), entre cuyos inversionistas se encuentran Ryan Reynolds y Eva Longoria. Por su parte, Chile abrió sus clubes al capital privado en 2005 y en México, la firma de capital de crecimiento General Atlantic está adquiriendo una participación del 49% en la empresa que controla el Club América (el más laureado del país) y el emblemático Estadio Azteca, en una operación que valora ambos activos en aproximadamente 490 millones de dólares18.
La estrategia detrás de estas operaciones no consiste en adquirir activos de prestigio, sino en aplicar un modelo de negocio ampliamente probado: la propiedad multiclub. Grupos como City Football Group y Red Bull fueron pioneros en este enfoque, que desde entonces se ha extendido a alrededor de 400 clubes en todo el mundo. Su funcionamiento se basa en compartir redes de captación de talento, análisis de datos y desarrollo de jugadores entre las entidades que integran cada grupo, de modo que los equipos de menor tamaño sirven como plataforma de desarrollo para abastecer de jugadores a los de más grandes.
Este ya no es un fenómeno exclusivamente europeo. Los mismos grupos han ampliado su presencia en América Latina: City Football Group posee actualmente conjuntos en Uruguay y Brasil, mientras que Red Bull transformó al Bragantino brasileño, que competía en divisiones inferiores, en un equipo de máxima categoría. Argentina sigue siendo la gran excepción, ya que la propiedad privada de los clubes está prohibida. Por ello, cualquier reforma regulatoria será un factor que convendrá seguir de cerca, ya que el capital tiende a llegar en cuanto se modifican las reglas del juego.
Los estadios han evolucionado de recintos utilizados únicamente los días de partido a espacios de uso mixto con actividad durante todo el año, capaces de albergar conciertos, eventos, restaurantes y comercios. Esta transformación los convierte en una clase de activo por derecho propio.
El Tottenham Hotspur Stadium de Londres es el modelo de referencia. En su ejercicio fiscal de 2023 generó 117,6 millones de libras esterlinas por partidos, de una facturación total de 549,6 millones. Su transformación en un espacio con actividad durante todo el año (que alberga partidos de la NFL, conciertos y combates de boxeo) contribuyó a elevar los ingresos comerciales hasta 227,7 millones de libras esterlinas19.
Cada vez con mayor frecuencia, estos recintos también se convierten en el eje de proyectos de desarrollo inmobiliario en las zonas circundantes, capaces de generar ingresos mucho después del pitazo final. Los modelos de financiamiento que hacen posible este tipo de desarrollos ya existen. En Estados Unidos, los clubes impulsan auténticos distritos de uso mixto alrededor de sus estadios, con hoteles, tiendas, restaurantes y viviendas. En Europa, entidades como el FC Barcelona y el Olympique Lyonnais han obtenido financiamiento respaldado por los ingresos futuros de sus estadios para costear su remodelación mediante una técnica conocida como titulización.
América Latina también está adoptando estos modelos. México, primer país en albergar tres ediciones de la Copa Mundial de la FIFA, ofrece el ejemplo más claro: el Estadio Azteca fue remodelado con una inversión de aproximadamente 106 millones de dólares y pasó a llamarse Estadio Banorte en virtud de un acuerdo de derechos de denominación20. La estructura de financiamiento resulta ilustrativa: combina un préstamo de un banco comercial con los ingresos de largo plazo derivados de ese acuerdo y utiliza esos flujos futuros para costear la remodelación, en lugar de depender de fondos públicos.
Argentina ofrece un enfoque diferente. River Plate obtuvo hasta 100 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo Invest (BID Invest) y del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) para ampliar la capacidad de su estadio a más de 100 mil espectadores. El repago está vinculado a los ingresos futuros procedentes de la venta de entradas, celebración de eventos y derechos de denominación, en lugar de depender exclusivamente de la recaudación en los días de partido. Esta operación representa una de las primeras ocasiones en que instituciones multilaterales han financiado directamente la infraestructura de un club de fútbol21.
La región cuenta, además, con una ventaja estructural en materia de costos. Algunas estimaciones señalan que en México puede construirse un estadio con capacidad para 25 mil espectadores por menos de 50 millones de dólares, una cifra significativamente inferior a lo que costaría en Estados Unidos o Europa. Esto mejora la rentabilidad del capital invertido en infraestructura y reduce la barrera de entrada para los inversionistas.
Las oportunidades de mayor crecimiento ya no se encuentran en la propiedad de los clubes, sino en las empresas que monetizan el alcance del fútbol. En el centro de este ecosistema están los derechos audiovisuales, es decir, los pagos que realizan las cadenas de televisión y plataformas de transmisión en línea por retransmitir los partidos. Actualmente, el deporte en directo concentra la inmensa mayoría de las emisiones más vistas en Estados Unidos, y ese contenido premium continúa impulsando un incremento sostenido en el precio de los derechos.
La principal estrategia de creación de valor en este ámbito ha sido la agrupación y comercialización centralizada de los derechos audiovisuales, reuniendo en un único paquete lo que anteriormente se vendía de manera individual por cada club. Las ligas europeas han sido pioneras en este modelo, transformando acuerdos dispersos en contratos centralizados valorados en miles de millones de dólares.
América Latina avanza ahora por el mismo camino. La Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) renovó hasta 2030 su alianza comercial con la agencia IMG, tras registrar un incremento del 43% en sus ingresos, y actualmente distribuye la Copa Libertadores en más de 190 países22. Según Grand View Research, el mercado latinoamericano de plataformas de transmisión en línea de contenidos deportivos alcanzará unos ingresos estimados de 4.366 millones de dólares en 203023.
En torno a los medios de comunicación han surgido, además, dos áreas de rápido crecimiento. La primera es la tecnología aplicada al deporte, que comprende soluciones de análisis, inteligencia artificial y captación de talento utilizadas por los clubes para identificar jugadores y optimizar el rendimiento deportivo. Un ejemplo ilustrativo es Hudl, cuya plataforma permite a los equipos grabar y analizar los partidos. La adquirió StatsBomb, empresa especializada en datos y capaz de registrar cada pase y cada disparo para identificar a los futbolistas con mayor potencial. La integración de ambas compañías dio lugar a una solución unificada de video y análisis que actualmente se está implementando en los programas de formación de entrenadores de la Conmebol. La principal conclusión es que ha surgido todo un ecosistema dedicado a prestar servicios al fútbol profesional, que continúa expandiéndose con rapidez en toda la región.
La segunda gran área de crecimiento es la de las apuestas deportivas, negocio que hoy mueve miles de millones de dólares y abarca publicidad, patrocinios y derechos sobre datos deportivos. Macquarie estimó que durante la Copa Mundial de la FIFA 2026 se apostarían más de 50 mil millones de dólares en todo el mundo. De hecho, los primeros partidos de Brasil establecieron récords históricos en volumen de apuestas.
Como en otros segmentos de la industria, el capital sigue la evolución del marco regulatorio. En diciembre de 2024, la empresa especializada en datos deportivos Sportradar abrió una oficina en São Paulo, decisión respaldada por previsiones del sector según las cuales los ingresos brutos del juego en línea en Brasil pasarán de 18.400 millones de reales en 2023 a 50.500 millones en 2029 (sportradar.com).
El capital de riesgo también está impulsando el desarrollo del sector. Operadores respaldados por fondos especializados, como Pickwin, con sede en Ciudad de México, están ampliando su presencia en la Liga MX, mientras que los proveedores de plataformas continúan expandiéndose por México, Brasil, Colombia y Argentina. No obstante, estas oportunidades no están exentas de desafíos. Brasil ha endurecido el marco regulatorio y reforzado la supervisión de la actividad, un recordatorio de que, tanto en las apuestas deportivas como en la propiedad de clubes, la evolución normativa es la que determina el ritmo del mercado.
Para los clientes que analizan esta temática, la cuestión ya no es si el deporte se ha convertido en una nueva clase de activo, sino cómo obtener exposición y en qué nivel del espectro de riesgo desean situarse. Las oportunidades abarcan desde alternativas más conservadoras, como la adquisición de participaciones minoritarias, el financiamiento de estadios e infraestructura y la inversión en empresas de medios, tecnología y consumo que monetizan el alcance del fútbol, hasta operaciones de toma de control y plataformas de propiedad multiclub, que exigen mayores recursos, experiencia y paciencia, pero también ofrecen el mayor potencial de rentabilidad.
Independientemente del grado de exposición elegido, esta sigue siendo una actividad en la que las relaciones y una rigurosa debida diligencia resultan esenciales, por lo que conviene contar con socios especializados. Factores como fluctuaciones cambiarias, pasivos no revelados, rendimiento deportivo y evolución del marco regulatorio pueden influir significativamente en los resultados. El entorno normativo sigue siendo el principal catalizador, ya que los mercados suelen abrirse a la inversión en cuanto cambian las normas que regulan la propiedad de los clubes.
Este aspecto cobra aún más importancia en un entorno en el que las carteras tradicionales podrían tener que esforzarse más para generar rentabilidad. Los Supuestos del Mercado de Capitales a Largo Plazo 2026 de J.P. Morgan Asset Management proyectan un retorno de apenas 6,4% para una cartera global 60/40 en los próximos años, por debajo del 7,1% obtenido por una cartera estadounidense con esa misma composición entre 1995 y 2025. Por ello, el reporte plantea un enfoque «60/40+», en el que una asignación diversificada con alternativos eleva el retorno esperado al 6,9% y mejora el índice de Sharpe en aproximadamente 25%. La lógica es sencilla: cuando los activos tradicionales ofrecen menores perspectivas de rentabilidad, los que son capaces de aportar retornos sin moverse en la misma dirección que los mercados cotizados cobran mayor relevancia.
El deporte encaja cada vez mejor en esta descripción. Un análisis de CAIS, basado en el Índice Ross-Arctos de Franquicias Deportivas, que sigue la evolución de las principales ligas norteamericanas, muestra que las franquicias han mantenido históricamente una correlación baja o incluso negativa con la renta variable, renta fija, capital privado, bienes raíces e infraestructura, al tiempo que han registrado tasas de crecimiento de dos dígitos.
El fútbol latinoamericano se encuentra en una fase especialmente temprana de este proceso y sus valuaciones aún no reflejan plenamente su potencial. Sin embargo, la principal conclusión trasciende la región: en un entorno en el que los retornos de los activos tradicionales tienden a moderarse, el deporte ofrece algo verdaderamente escaso: una fuente de rentabilidad con ritmo propio y al margen de la evolución de los mercados financieros.
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