La paradoja: todos la utilizan, pocos generan valor
América Latina ya ha superado el primer umbral: la IA ha dejado de ser experimental. Una encuesta del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de mayo de 2026 entre startups cuyo modelo de negocio no está centrado en la IA reveló que el 85% ya utiliza herramientas de IA generativa y el 75% emplea tecnologías predictivas, principalmente en marketing, desarrollo de productos, estrategia e investigación y desarrollo (I+D)1. La región, por tanto, no está rezagada en su uso; podría decirse que incluso avanza más rápido que su infraestructura.
En términos de creación de valor, el panorama es muy distinto. Según una investigación del Foro Económico Mundial, solo el 23% de las organizaciones latinoamericanas genera algún valor económico a partir de la IA y apenas el 6% reporta resultados significativos. De hecho, alrededor de seis de cada 10 pequeñas y medianas empresas (pymes) no obtienen ningún beneficio cuantificable.
El contraste es claro: el uso de la IA está ampliamente extendido, pero su capacidad para generar valor sigue siendo limitada. Esto está dando lugar a una economía a dos velocidades que los inversionistas deberían observar con atención: mientras los beneficios se concentran en las grandes empresas, numerosas pymes incorporan estas herramientas sin obtener aún resultados tangibles.
Por qué persiste la brecha: el modelo operativo, no las herramientas
La reacción inicial suele ser atribuir el problema a las carencias de infraestructura, que sin duda existen. Sin embargo, a nuestro juicio, el principal obstáculo para generar valor está en la forma en que las organizaciones incorporan la IA a sus operaciones. Los casos de estudio regionales de McKinsey lo ilustran con claridad: las mejoras no provienen simplemente de implementar tecnología, sino de transformar los procesos.
Un banco regional, por ejemplo, redujo en 55% el tiempo necesario para tomar decisiones crediticias al reorganizar su proceso en torno a 45 agentes especializados. Los analistas, por su parte, dejaron de realizar directamente las evaluaciones para centrarse en cuestionarlas y validarlas. En todos estos casos, la responsabilidad final siguió en manos de las personas; lo que cambió fue la forma de trabajar. Esa brecha en el modelo operativo explica la paradoja mejor que cualquier indicador de infraestructura.
Dónde se genera valor y por qué
Si la creación de valor depende de transformar los procesos y de contar con las condiciones adecuadas, las mayores oportunidades deberían surgir allí donde ya existe una gran cantidad de datos y se toman decisiones de manera constante. Y eso es precisamente lo que está ocurriendo en dos áreas de la economía.
El sector financiero ofrece el caso de éxito más convincente de la región, por razones estructurales. Amplios segmentos de la población con acceso limitado a servicios bancarios, el rápido crecimiento de los pagos digitales y las fintech basadas en datos transaccionales crean las condiciones ideales para aplicar la IA a millones de decisiones: desde la detección de fraude y la evaluación crediticia hasta las cobranzas y la personalización de productos.
La ventaja no radica en sustituir empleados por chatbots, sino en utilizar los datos para tomar esas decisiones con mayor rapidez y precisión. Nubank, con modelos entrenados a partir de datos de más de 100 millones de clientes, es el ejemplo más claro2. Mercado Libre aplica la misma lógica a su plataforma de comercio electrónico, pagos, crédito y logística.
En las industrias físicas, las aplicaciones de IA que mayor valor pueden generar para la región son analíticas, no generativas: sistemas capaces de mejorar la eficiencia en actividades como la agricultura y la minería, en las que América Latina ya ocupa una posición de liderazgo. Kilimo, en Argentina, optimizó el uso del agua a partir de datos climáticos, del suelo y satelitales, con un ahorro estimado de 72 mil millones de litros3. Por su parte, Codelco, en Chile, incrementó sus utilidades anuales en 80 millones de dólares mediante la optimización del procesamiento y el mantenimiento predictivo4.
Un aspecto clave es que gran parte del valor proviene del software, no de la maquinaria. McKinsey estima que los “agentes” de software representarán aproximadamente el 80% del potencial económico de la automatización para 2030 y seguirán concentrando la mayor parte de ese potencial incluso en actividades como la agricultura, la manufactura y la minería. Las ganancias provienen de utilizar la analítica para transformar los procesos, no de incorporar robots a las operaciones.