Estrategia de inversión
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Comienza un ciclo de salidas a bolsa. Tras años de inactividad, un creciente grupo de empresas privadas se está preparando para entrar en los mercados cotizados—y a lo grande. Con ese resurgimiento llega una pregunta evidente: ¿pueden los mercados absorber la gran oferta que está por venir?
La magnitud es del ciclo es histórica. Pero se subestima el tamaño del mercado de renta variable cotizada al que están entrando estas firmas. Aunque quizá no hayamos visto antes empresas de este tamaño, tampoco habíamos visto un mercado tan grande, gracias a la apreciación de las últimas décadas. Las salidas a bolsa aumentan. Pero también lo ha hecho la capacidad del mercado para absorberlas.
La teoría es sencilla. Las empresas emiten acciones en el mercado cotizado. La oferta de acciones en el conjunto del mercado aumenta. Si no hay suficiente demanda para igualar esa oferta, hay presión sobre el mercado.
Tras años de contracción de la oferta de acciones cotizadas, se espera que este año lleguen más de 260.000 millones de dólares en emisión de acciones. Esto marca un giro respecto de los últimos años. Y en términos nominales, las cifras parecen grandes. Pero en relación con la totalidad del mercado, en realidad no lo son. Con el tiempo, la capitalización del S&P 500 ha crecido hasta superar los 65 billones de dólares—alrededor de un 55% más que en 2021, la última vez que vimos salidas a bolsa de este volumen.
La emisión vinculada a estas salidas y las acciones que los insiders y los primeros inversores pueden vender tras el vencimiento de las restricciones temporales posteriores al debut en el mercado cotizado, en conjunto, solo representan alrededor del 1% de la capitalización bursátil total, según algunas estimaciones. Y es probable que estas últimas lleguen al mercado de forma escalonada a lo largo de los próximos 12 meses.
Para comprar algo nuevo, un inversor tiene que vender lo que ya posee. Eso significa que los miembros existentes del S&P 500 —y probablemente los de mayor ponderación— podrían ver una presión vendedora temporal. Esto podría estar impulsado por el rebalanceo del índice y por inversores individuales que busquen financiar posiciones en nuevas ofertas de acciones.
Consideremos dos escenarios hipotéticos para nuevas OPV valoradas en 1 o 2 billones de dólares, con un 10% de free float (acciones disponibles para negociación pública en el mercado). Naturalmente, eso conduce a algunas ventas por parte de los índices de referencia. Pero, si observamos los dos mayores pesos del S&P 500, las salidas totales equivaldrían solo a alrededor de 1–2 días de su volumen medio diario de negociación. En otras palabras: estas salidas a bolsa son operaciones grandes, pero puede que no sean demasiado grandes para que el mercado actual las absorba.
Históricamente, pasar de salir a bolsa a formar parte de un índice llevaba tiempo. La mayoría de los proveedores de índices exigían que las acciones cotizaran durante un cierto número de días o meses —lo que se conoce como un “período de maduración”— antes de su inclusión, y requerían que las empresas superaran determinados filtros de elegibilidad antes de que llegaran los flujos vinculados a índices. Sin embargo, algunos han implementado una vía más rápida para incluir las compañías de gran tamaño que comienzan a cotizar. Estos mecanismos de “entrada rápida” pueden adelantar la inclusión en índices y, como resultado, los flujos pasivos relacionados con índices.
Pero incluso con las extraordinarias valoraciones de los titulares, se espera que las salidas a bolsa de gran capitalización entren en algunos índices estadounidenses con una ponderación inferior al 0,2%.1
Los mercados de renta variable actuales se han vuelto más fuertes desde el punto de vista estructural en comparación con el pasado. La demanda corporativa en forma de recompras sigue siendo relevante, y el tamaño total del mercado ofrece una reserva de capital mayor para absorber nuevas cotizaciones. Y eso suponiendo que todo lo demás se mantenga igual.
Pero ¿y si la demanda también está aumentando? Los períodos de tensión del mercado vinculados a la emisión rara vez se deben al nivel absoluto de la oferta. Se deben a si la demanda puede igualar la oferta o no. Y hoy, los impulsores de la demanda parecen estructuralmente más fuertes que en ciclos anteriores.
Solo las recompras —aunque se están desacelerando en términos interanuales— se espera que alcancen 1,5 billones de dólares este año. Eso es más que la emisión de acciones prevista para 2026, y al ritmo actual podría llegar a niveles que compensen por completo la nueva oferta. Incluso en un escenario en el que los volúmenes de nuevas compañías cotizadas aumenten más de lo esperado y los vencimientos de los períodos de bloqueo añadan presión adicional, la demanda corporativa por sí sola podría tener la capacidad de absorber una gran parte de la oferta de acciones de nueva emisión que llega al mercado.
Es una dinámica diferente a la habitual. En lugar de un mercado que lucha por absorber la emisión, estamos en un entorno en el que la demanda —en particular la proveniente de las recompras de acciones— podría suponer gran parte del aumento. Ahora súmese las fusiones y adquisiciones. La primera mitad de 2026 ha registrado un comienzo récord con casi 900.000 millones de dólares en operaciones.
Y no se olvide de los hogares y los inversores minoristas, que —tras haber sido vendedores netos durante ciclos anteriores— han pasado a ser compradores netos de renta variable en los últimos años. La demanda neta de los hogares como porcentaje del valor total del capital accionario corporativo se sitúa en el 3%.
Las grandes salidas a bolsa suelen coincidir con un entusiasmo generalizado, pero la historia sugiere que no son señales fiables de techos de mercado. Estas grandes transacciones pueden ser tanto un evento psicológico como financiero. Los periodos de fuerte actividad de salidas a bolsa suelen asociarse con un aumento del optimismo, el apetito por el riesgo y la confianza en las oportunidades de crecimiento.
Las 25 mayores salidas a bolsa de la historia a menudo han acompañado tendencias alcistas del mercado. Si bien lo ocurrido en el pasado no garantiza lo que ocurrirá después, dos tercios de ellas fueron seguidas por rentabilidades positivas del S&P 500 en el año posterior a su fecha de emisión, con retornos de entre el 5% y el 20% en términos de los 12 meses siguientes.
Incluso ante un aumento histórico del volumen de salidas a bolsa es poco probable que sature a unos mercados que son más grandes y están respaldados por múltiples fuentes de demanda.
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