La paradoja: muchos la utilizan, pocos obtienen beneficios
América Latina ya superó el primer umbral: el uso de la IA dejó de ser experimental. Según una encuesta realizada en mayo de 2026 por el Banco Interamericano de Desarrollo entre startups cuya actividad principal no está relacionada con esta tecnología, el 85% ya utiliza herramientas de IA generativa y el 75% emplea tecnologías predictivas, principalmente en marketing, desarrollo de productos, estrategia e investigación y desarrollo1. Otras encuestas sectoriales muestran una tendencia similar: alrededor del 47% de las empresas ya la ha implementado y otro 37% está experimentando2 activamente con ella. En términos de uso, la región no se está quedando atrás; de hecho, la adopción parece avanzar más rápido que el desarrollo de la infraestructura necesaria.
Sin embargo, los resultados económicos muestran una realidad muy distinta. Según investigaciones del Foro Económico Mundial, solo el 23% de las organizaciones latinoamericanas obtiene algún beneficio económico de la IA y apenas el 6% reporta resultados significativos. Alrededor de seis de cada diez pequeñas y medianas empresas (pymes) no generan ningún valor cuantificable.
Entre las startups, solo el 12% considera que las soluciones de IA listas para usar responden adecuadamente a sus necesidades3. Aunque su adopción es elevada, la capacidad de generar valor económico sigue siendo limitada. Esta brecha constituye el desafío central.
La brecha es mayor entre las pequeñas empresas
La brecha entre el uso de la IA y la generación de valor no afecta a todas las empresas por igual. Los beneficios se concentran en las organizaciones más grandes y mejor gestionadas, mientras que numerosas pymes incorporan estas herramientas sin conseguir mejoras en sus resultados. En México, entre el 80% y el 90% de las compañías, independientemente de su tamaño, cuenta con recursos digitales básicos, como computadoras, acceso a internet y software convencional. Sin embargo, solo el 15% de las pequeñas utiliza IA, frente al 44% de las medianas y grandes. En Argentina, el 41,6% de las pymes emplea esta tecnología, pero el 56% de las que la han adoptado todavía se encuentra en fase de experimentación y el 57% no mide su impacto. En São Paulo (Brasil), el 38% de aquellas que utilizan IA capacita a sus empleados, frente a cerca del 75% de sus equivalentes en los países del Grupo de los Siete (G7). Además, solo el 17% cuenta con un equipo especializado o un puesto directivo dedicado a esta tecnología, frente a alrededor del 50% en el G7. Las encuestas realizadas en Chile y Costa Rica revelan un patrón similar: un uso generalizado, pero poco profundo4.
Esto es importante porque el problema de productividad se concentra precisamente en el amplio universo de pequeñas empresas, muchas de ellas informales. Si la adopción de la IA se limita a un grupo de grandes compañías vinculadas a los mercados mundiales, las brechas se ampliarán en lugar de reducirse. Una de las vías más prometedoras para evitarlo es ofrecer servicios a través de plataformas, como herramientas para vendedores de mercados digitales, créditos de empresas de tecnología financiera basados en historiales de transacciones y sistemas públicos de pago como Pix, en Brasil. Estas soluciones permiten que los servicios basados en IA lleguen a los pequeños negocios a bajo costo.
Por qué persiste la brecha: importa cómo trabajan las empresas, no qué herramientas tienen
La tendencia es culpar a la infraestructura, donde las brechas son reales. El mercado de inteligencia artificial en América Latina tiene un valor aproximado de US$12.700 millones y está creciendo a una tasa anual del 28,1%. Eso parece rápido, pero el mercado global crece aún más rápido, al 31%, por lo que la participación de la región en el gasto mundial en IA, del 5,8%, ya por debajo de su participación del 6,6% en el PIB mundial, sigue reduciéndose.
La inversión en IA generativa es aún menor. La región atrae apenas US$8.200 millones, lo que representa solo el 4,3% de los US$190.000 millones invertidos a nivel mundial5.
Sin embargo, el principal obstáculo hoy no es la infraestructura, sino la forma de trabajar. Las propias empresas lo reconocen. En México, aquellas que no han adoptado la IA consideran que la falta de conocimientos y habilidades representa una barrera mayor que el costo. Las pymes argentinas señalan como principales obstáculos la experiencia limitada (46%), escasez de habilidades (42%) y desconocimiento (39%), por delante del costo (29%). Chile presenta una excepción reveladora: el costo es la barrera más citada (42%), seguido de cerca por la falta de habilidades (36%). No obstante, ante las dificultades de implementación, las compañías chilenas optaron principalmente por reorganizar procesos o reasignar tareas (45%), en lugar de capacitar a sus empleados (35%) o contratar especialistas (10%)6. Si una empresa no sabe definir qué necesita comprar, disponer de herramientas más baratas no resuelve el problema.
La clave está en rediseñar los procesos de trabajo para aprovechar la tecnología, en lugar de limitarse a incorporarla. Los casos analizados por McKinsey en empresas latinoamericanas ilustran este enfoque. Un banco regional redujo en 55% el tiempo necesario para tomar decisiones crediticias al reorganizar el proceso mediante 45 agentes especializados. Así, los analistas dejaron de realizar las evaluaciones para centrarse en cuestionar sus resultados. Un operador de ductos redujo de seis meses a dos semanas el tiempo de procesamiento de reclamaciones, con una disminución del 58% en los costos. Por su parte, una empresa de telecomunicaciones convirtió un centro de costos que gestionaba 600 mil llamadas mensuales en un canal de ingresos, con una tasa de conversión tres veces superior a la habitual en las llamadas salientes. En todos los casos, la responsabilidad siguió recayendo en las personas; lo que cambió fue la forma de trabajar.
Dónde se genera valor y por qué
Si la generación de valor depende de rediseñar los procesos y contar con los recursos adecuados, es lógico que se concentre en industrias en donde ya existen datos y se toman decisiones. Y eso es precisamente lo que ocurre en dos sectores muy diferentes.
Servicios financieros: Ofrece uno de los ejemplos más convincentes del éxito de la IA en América Latina, por razones estructurales. La elevada proporción de población con acceso limitado a servicios bancarios, rápido crecimiento de los pagos digitales y presencia de empresas de tecnología financiera que utilizan datos transaccionales crean condiciones especialmente favorables para su aplicación: decisiones frecuentes sobre detección de fraudes, evaluación crediticia, cobranzas y productos personalizados, que se repiten millones de veces.
Nubank, banco digital brasileño, es uno de los casos más representativos. En 2024 superó los 100 millones de clientes en Brasil, México y Colombia y posteriormente rebasó los 114 millones. Su infraestructura de IA opera a una escala cada vez más comparable a la de una empresa tecnológica global. La entidad financiera indica que sus modelos pueden entrenarse con datos e historiales de transacciones7 de más de 100 millones de clientes, mediante procesos que manejan billones de tokens. Por su parte, Mercado Libre aplica un enfoque similar en el comercio electrónico, pagos, publicidad, crédito y logística, mediante un ecosistema de modelos que optimiza toda la experiencia del cliente.
Industrias físicas: En este ámbito resulta menos evidente. América Latina es una importante productora agrícola y minera, y algunas de las aplicaciones de IA que más valor generan se centran en el análisis de datos para mejorar la eficiencia de estas actividades. En el sector agrícola, la empresa argentina Kilimo optimizó el uso del agua mediante datos climáticos, del suelo y de satélites. Según estimaciones de la Linux Foundation, logró reducir el consumo de agua en 20%, lo que equivale a 72 mil millones de litros ahorrados8. Por su parte, AySA, la empresa de agua de Buenos Aires, combinó radares satelitales con aprendizaje automático y reorganizó sus equipos de campo a partir de los resultados del modelo. Alcanzó una precisión del 93,4% en las verificaciones sobre el terreno, reparó más de 18.500 fugas ocultas y recupera aproximadamente 28 millones de metros cúbicos de agua al año9.
En minería, donde confluyen las funciones de facilitadora y adoptante, la empresa chilena Codelco incrementó sus utilidades anuales en 80 millones de dólares y extrajo ocho mil toneladas métricas adicionales de cobre gracias a la optimización del procesamiento y al mantenimiento predictivo10. Incluso en este sector, el valor reside en el software, no en la maquinaria. Según estimaciones de McKinsey, los agentes de software representarán el 80% del potencial de automatización para 2030 y seguirán aportando la mayor parte de ese potencial, incluso en industrias como la agricultura, manufactura y minería.