Economía y mercados
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La inteligencia artificial (IA) está en boca de todos. El Nasdaq 100 acumula una ganancia del 15% en lo que va de año; se espera que las grandes empresas de computación en la nube destinen más de 750 mil millones de dólares a inversión de capital, una cifra que parece aumentar con cada temporada de resultados; y empresas de modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM, por sus siglas en inglés), como Anthropic y OpenAI, han incrementado sus ingresos a un ritmo extraordinario. Según informes, la tasa anualizada de ingresos de Anthropic pasó de 9 mil millones a 47 mil millones de dólares en aproximadamente seis meses.
Todo esto ocurre después de dos años consecutivos en los que el S&P 500 obtuvo retornos superiores al 20%, en un contexto marcado por conflictos geopolíticos, aranceles, la mayor crisis energética de la historia1 y una confianza del consumidor cercana a mínimos históricos2. Por ello, es comprensible que muchos inversionistas estén algo incómodos.
Este año, gran parte de la atención se ha centrado en las empresas de semiconductores y memorias. Compañías como SanDisk, TSMC y SK Hynix han registrado fuertes avances, mientras que el Índice de Semiconductores acumula una ganancia del 39% en lo que va de año, a medida que las utilidades del sector representan una proporción cada vez mayor dentro del S&P 500.
Sin embargo, este desempeño no se ha limitado a una pequeña parte del mercado. La fortaleza del sector se ha extendido a lo largo de toda la cadena de valor. Un análisis de cinco canastas integradas por 148 empresas de distintos segmentos del ecosistema de la IA, incluidos centros de datos, semiconductores, memorias, refrigeración, grandes empresas de computación en la nube, electrificación y software, arrojó los siguientes resultados:
En otras palabras, la IA se ha convertido en una temática de inversión distribuida a lo largo de toda la cadena de valor.
La IA y toda su cadena de valor constituyen un importante motor del mercado, pero no son el único factor que está impulsando su desempeño.
La geopolítica ha sido el principal impulsor ajeno a la IA este año. El conflicto en Oriente Medio ha impulsado al sector energético, que registra el mejor desempeño del S&P 500 en lo que va de año, favorecido por los elevados precios de la energía. Si bien esta situación podría revertirse, no es la única que está impulsando al mercado.
Existen además tendencias con un potencial más duradero que están contribuyendo al crecimiento del mercado. La relocalización de las cadenas de suministro (nearshoring) sigue siendo una prioridad para muchas empresas, y el sector industrial se mantiene entre los de mejor desempeño, impulsado no solo por la IA, sino también por un cambio más amplio hacia una mayor inversión nacional y regional. Algunos subsectores de salud, servicios financieros y materiales también han mostrado una evolución sólida. A medida que avanza la temporada de resultados del segundo trimestre, esperamos que 10 de los 11 sectores registren un crecimiento de las utilidades, seis de ellos de dos dígitos.
En última instancia, es probable que la IA termine beneficiando al mercado en su conjunto. Si alguien dijera que "el correo electrónico está dominando el mercado", sonaría extraño; lo mismo ocurriría con "la telefonía móvil". Ambas fueron innovaciones tecnológicas que terminaron siendo inseparables de la productividad y rentabilidad de las empresas. Con el tiempo, la IA dejará de percibirse como una temática independiente y será inseparable del conjunto del mercado.
La IA se ha consolidado como una de las principales tendencias de inversión y probablemente seguirá siendo un componente fundamental de las carteras de inversión en los próximos años. Sin embargo, la diversificación sigue siendo clave para alcanzar los objetivos financieros de largo plazo.
Un aspecto alentador observado durante el último año es que, cuando el sector de semiconductores entró en una fase de aversión al riesgo (definida como un retorno compuesto diario móvil de un mes inferior al -5%), el resto de los sectores del S&P 500 no necesariamente se comportó de la misma manera. Desde la perspectiva de la construcción de carteras, esto representa una señal positiva: cuando la inversión en semiconductores perdió impulso, el resto de la cartera tendió, en promedio, a mostrar una mayor resiliencia.
Otra divergencia que ha surgido recientemente se observa entre las grandes empresas de computación en la nube. Durante los últimos años, su inversión de capital ha sido uno de los principales motores de la temática de la IA: estas compañías invierten, el mercado recompensa su fuerte crecimiento y, al mismo tiempo, todo el ecosistema se beneficia. Sin embargo, los inversionistas muestran cada vez más cautela ante la persistencia de elevados niveles de inversión, a medida que estas compañías reducen gradualmente sus flujos de caja.
Alphabet es un buen ejemplo de esta tendencia. A pesar del notable crecimiento de los ingresos de su negocio de computación en la nube y del continuo incremento de su cartera de pedidos, los inversionistas se han centrado en la otra cara de la ecuación: la dirección volvió a elevar sus previsiones de inversión de capital y la empresa registró su primer trimestre con flujo de caja libre negativo desde su salida a bolsa. El mercado está adoptando una postura cada vez más crítica y selectiva, a medida que busca identificar cuáles estarán mejor posicionadas para beneficiarse de la IA.
A largo plazo, el desempeño del ecosistema de la IA dependerá, en buena medida, de que estas grandes empresas rentabilicen sus elevadas inversiones de capital.
En última instancia, creemos que el ciclo tecnológico de la IA apenas se encuentra en sus primeras etapas, ahora que esta tecnología ha adquirido una mayor utilidad gracias al desarrollo de agentes capaces de ejecutar tareas de manera autónoma. Con el tiempo, su alcance seguirá ampliándose y se extenderá mucho más allá del ámbito tecnológico.
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