Estrategia de inversión
1 minuto de lectura
Los mercados no han dado tregua. Volatilidad. Máximos históricos. ¿Qué pasará con el oro? El petróleo se mueve al compás de cada titular. Y una pregunta que no deja de surgir: ¿es la inteligencia artificial (IA) una burbuja?
Es natural preguntarse si este es el momento adecuado para invertir o si el panorama está cambiando. La respuesta corta es sencilla: la incertidumbre es hoy la norma, no la excepción. La clave, por tanto, no es tratar de evitarla, sino contar con una estrategia clara para invertir en este entorno.
Más allá de cada tema, existen algunos principios fundamentales. La volatilidad ya no es la excepción, sino parte del entorno actual. Por ello, el objetivo no es esquivarla, sino gestionarla e incluso aprovechar las oportunidades que genera. Al mismo tiempo, son los fundamentos, no la especulación, los que impulsan el desempeño de los mercados: desde el crecimiento de las utilidades corporativas, que sustenta los nuevos máximos históricos, hasta la demanda real, respaldada por contratos, que sostiene la expansión de la infraestructura de la IA.
Por su parte, la energía continúa siendo un factor determinante, ya que la política de la Reserva Federal, la inflación, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y el dólar están estrechamente ligados a la evolución de los precios del petróleo. Finalmente, la diversificación sigue siendo un pilar de la estrategia de inversión, ya sea mediante el oro, los mercados emergentes, las divisas o un ecosistema de inteligencia artificial cada vez más amplio.
A continuación, respondemos algunas de las preguntas que nos hacen con mayor frecuencia.
La volatilidad llegó para quedarse. El objetivo no es evitarla, sino construir una cartera capaz de afrontarla y, cuando sea posible, aprovechar los desajustes que se producen en el mercado. Lo importante es que este entorno no parece responder a un deterioro de los fundamentos. Los resultados corporativos siguen siendo sólidos: el primer trimestre de 2026 cerró con un aumento reportado de utilidades por acción (UPA) cercano al 29%, y para el segundo trimestre se proyecta un incremento del 22%. Además, los ingresos continúan avanzando con fuerza, mientras los inversionistas han estado reasignando posiciones entre sectores, en lugar de abandonar la renta variable.
Dos riesgos están en primer plano: la persistente incertidumbre geopolítica y la Reserva Federal (Fed). Nuestro escenario base ha cambiado y ahora contempla un aumento de 25 puntos básicos en septiembre, que consideramos más un gesto puntual para reforzar su credibilidad que el inicio de un ciclo agresivo de endurecimiento monetario. Sin embargo, el mayor riesgo es que una función de reacción poco clara por parte de la Fed continúe impulsando la volatilidad de los mercados. En lugar de reaccionar reduciendo el riesgo, creemos que estos episodios pueden aprovecharse para aumentar la exposición a sectores cíclicos y tener identificadas oportunidades de inversión para cuando se produzcan correcciones más pronunciadas.
En cuanto a los máximos históricos, forman parte natural de la inversión de largo plazo y, por sí solos, no constituyen una razón para vender. Lo verdaderamente importante es entender qué está impulsando al mercado. Hoy, el avance está respaldado por un sólido crecimiento de las utilidades, más que por una expansión de los múltiplos de valuación.
La historia también demuestra la importancia de mantenerse invertido en momentos de incertidumbre. Nuestro análisis histórico muestra que quienes compraron el S&P 500 cuando el VIX cerró por encima de 30 obtuvieron retornos positivos entre el 70% y 83% de las veces, con una ganancia promedio de 12,4% durante los seis meses siguientes. Esperar el "momento perfecto" para invertir también tiene un costo: el de permanecer en efectivo mientras el mercado continúa generando retornos.
Aquí es donde surge la pregunta sobre una posible "burbuja" de la IA, ya que la sostenibilidad de este crecimiento de las utilidades depende en gran medida de esta tecnología. En nuestra opinión, este superciclo apenas está comenzando. Las señales de demanda siguen fortaleciéndose. Entre los principales hiperescaladores (AMZN, GOOGL y MSFT), el crecimiento de la cartera de pedidos (las obligaciones de compra pendientes) volvió a acelerarse hasta alcanzar 142% interanual en el primer trimestre de 2026, superando el crecimiento de la inversión en capital (88%) y de los ingresos por servicios en la nube (35%).
En una burbuja, la inversión suele crecer más rápido que la demanda. En este caso ocurre lo contrario, lo que sugiere que el despliegue de infraestructura responde a una demanda real, respaldada por contratos, y no a la especulación. Además, la IA constituye un ecosistema mucho más amplio y no depende únicamente de unas pocas empresas de semiconductores. De las 148 compañías vinculadas a esta tecnología, el 70% acumula ganancias en lo que va de año, el retorno mediano supera el 20% y el 40% pertenece a sectores distintos del tecnológico. En conjunto, este comportamiento se asemeja más a la forma en que la telefonía móvil o el correo electrónico terminaron integrándose en toda la economía que a una única apuesta especulativa.
En cuanto a la reciente corrección del sector de semiconductores, consideramos que refleja una mayor selectividad por parte del mercado y un elevado nivel de posicionamiento de los inversionistas, más que un deterioro de los fundamentos. Además, resulta alentador que una caída de las acciones de semiconductores ya no implique necesariamente un retroceso del mercado en su conjunto, ya que sectores como energía, servicios públicos y salud evolucionan cada vez con mayor independencia. Aun así, seguimos en una etapa temprana de este ciclo y continuamos atentos a riesgos como la disrupción del software tradicional y del modelo SaaS (software como servicio), así como a la capacidad de la IA para generar un retorno sobre la inversión.
¿Dónde vemos las mejores oportunidades? Tanto para afrontar la volatilidad como para posicionarse de cara al ciclo de la IA, favorecemos industrias estratégicas como los semiconductores, la generación de energía y el sector industrial, así como empresas nacionales líderes en ámbitos como la defensa, la energía y la infraestructura, respaldadas por el ciclo de inversión en capital asociado a la IA y por la relocalización de las cadenas de suministro (reshoring).
En mercados volátiles, consideramos que existen dos formas prácticas de implementar esta estrategia. La primera son las notas estructuradas, que permiten aprovechar las fluctuaciones del mercado mediante perfiles de riesgo-retorno adaptados a las necesidades de cada inversionista, ya sea con protección frente a caídas o con un mayor potencial de apreciación. La segunda es la diversificación global, especialmente hacia los mercados emergentes, donde seguimos identificando oportunidades de inversión atractivas.
Recientemente redujimos nuestros objetivos de precio a un rango de 4.350–4.650 dólares por onza para finales de este año y de 4.850–5.150 dólares por onza para mediados de 2027. Esta revisión responde a la evolución de los rendimientos reales en el corto plazo, que recientemente han influido más en el precio que los factores estructurales de largo plazo, y no a un deterioro de los fundamentos que respaldan nuestra perspectiva.
De hecho, creemos que el oro se encuentra en, o muy cerca de, un piso. El posicionamiento del mercado es hoy considerablemente más saludable: las posiciones especulativas se redujeron significativamente durante las ventas masivas de marzo y junio, la participación de los inversionistas minoristas ha disminuido y el margen para nuevas alzas del dólar parece limitado. A mediano plazo, mantenemos una visión favorable, ya que los factores estructurales que han respaldado el repunte desde 2023 siguen vigentes. La demanda de los bancos centrales continúa siendo sólida (China adquirió otras 15 toneladas en junio y muchos bancos centrales con abundantes reservas aún mantienen menos del 10% de sus reservas en este metal). A ello se suman las persistentes presiones fiscales, los elevados niveles de deuda pública y las preocupaciones de largo plazo por la pérdida de valor de las monedas.
El argumento para mantener una posición en oro es estratégico, no táctico. Recomendamos una asignación cercana al 3%, ya que, durante los últimos 30 años, una ponderación de ese nivel mejoró el índice de Sharpe de una cartera 60/40 en más del 70% de los casos. Para la mayoría de los clientes que no tienen exposición a este metal o cuya participación es inferior al 3%, recomendamos aumentarla gradualmente, dado el potencial de apreciación de dos dígitos que estimamos para los próximos 12 meses. En cambio, quienes superan el 7% podrían considerar reducirla o cubrirla a través de la mesa de derivados.
Este es el riesgo que evoluciona con mayor rapidez, por lo que, más que formular un único pronóstico, conviene centrarse en los factores que deben seguirse de cerca. Nuestra visión actual de GIS sitúa el precio del crudo para finales de 2026 en un rango aproximado de 69-75 dólares por barril para el WTI (72-78 dólares para el Brent), reflejando un escenario base en el que el conflicto se desacelera gradualmente y los flujos a través del estrecho de Ormuz se normalizan con el tiempo. Sin embargo, ahora esperamos una trayectoria más volátil y menos lineal hacia ese resultado, en lugar de una resolución clara y ordenada. Sin embargo, ante un nuevo agravamiento del conflicto (el tránsito de buques cisterna por el estrecho ha disminuido drásticamente), los precios se han mantenido elevados, aunque todavía por debajo de los cerca de 100 dólares por barril alcanzados durante los tres primeros meses de las tensiones. Esta diferencia refleja la expectativa de que la interrupción termine por resolverse; no obstante, cuanto más se prolongue, mayor será la prima de riesgo incorporada en los precios.
Más allá de la cotización del crudo, seguimos de cerca tres factores. El primero es el tránsito de buques cisterna por el Estrecho de Ormuz, el indicador en tiempo real más claro del volumen de suministro que sigue fluyendo. El segundo son los productos refinados. El diferencial de refinación (es decir, la diferencia entre los precios del combustible para aviación, la gasolina y el diésel, por un lado, y los del petróleo, por otro) se encuentra en máximos históricos. Esto es especialmente relevante porque el impacto inflacionario se refleja con mayor intensidad en estos productos que en la materia prima, y su escasez podría prolongarse incluso después de que se resuelva el conflicto. El tercero son los inventarios. Las existencias comerciales globales se sitúan cerca de mínimos históricos y la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos permanece en niveles críticamente bajos. En ese contexto, si el Estrecho de Ormuz permaneciera cerrado, el precio del petróleo podría registrar un fuerte reajuste al alza, con un margen mucho menor para amortiguar una interrupción del suministro.
El panorama general varía considerablemente entre regiones. Estados Unidos está más protegido que en ciclos anteriores: ahora es exportador neto de energía y atraviesa un superciclo de utilidades que, hasta el momento, apenas se ha visto afectado por las fluctuaciones del precio del petróleo. En cambio, los importadores de energía, entre ellos gran parte de Europa y Asia emergente, son más vulnerables. Como resultado, un repunte del crudo suele lastrar con mayor fuerza el crecimiento económico y las monedas de estos países y, a su vez, favorecer al dólar. Sin embargo, la situación tampoco es uniforme dentro de los mercados emergentes. América Latina parte de una posición favorable por su condición de exportadora de materias primas, incluido el petróleo.
En términos generales, nuestro escenario base sigue siendo una eventual desescalada. Estados Unidos cuenta con opciones limitadas para controlar el estrecho sin provocar un aumento de los precios políticamente insostenible, mientras que Irán tiene fuertes incentivos para preservar el alivio de las sanciones.
Los mercados siempre ofrecerán algún motivo de preocupación, esa es la única constante. El objetivo no es tener todas las respuestas, sino mantener la claridad, diversificar las carteras y permanecer invertidos a pesar del ruido. Este enfoque es el que permite convertir la incertidumbre en oportunidad.
Podemos ayudarle a navegar un panorama financiero complejo. Hablemos.
ContáctenosCONOZCA MÁS Acerca de nuestra firma y los profesionales de la inversión a través de FINRA BrokerCheck
Para conocer más sobre el negocio de inversiones de J.P. Morgan, incluyendo nuestras cuentas, productos y servicios, así como nuestra relación con usted, por favor revise nuestro Formulario CRS de J.P. Morgan Securities LLC y la Guía de Servicios de Inversión y Productos de Corretaje.
JPMorgan Chase Bank, N.A. y sus afiliadas (colectivamente “JPMCB”) ofrecen productos de inversión que pueden incluir cuentas de inversión administradas por bancos y custodia como parte de sus servicios fiduciarios. Otros productos y servicios de inversión como cuentas de corretaje y asesoramiento se ofrecen a través de J.P. Morgan Securities LLC ("JPMS"), miembro de FINRA y SIPC. Los productos de seguros están disponibles a través de Chase Insurance Agency, Inc. (CIA), una agencia de seguros autorizada, que opera bajo el nombre de Chase Insurance Agency Services, Inc. en Florida. JPMCB, JPMS y CIA son empresas afiliadas bajo el control común de JPMorgan Chase & Co. Productos no disponibles en todos los estados. Por favor, lea la Exención de responsabilidad legal junto con estas páginas.
Por favor, lea el aviso legal para las filiales regionales de J.P. Morgan Private Bank y otra información importante en conjunto con estas páginas.