Incluso con el apoyo de todos los partidos que no se alinearon con ninguno de los candidatos, la coalición de Lula no alcanzaría la mayoría en ninguna de las dos cámaras. Por lo tanto, para aprobar gran parte de las nuevas medidas necesitará los votos del centrão, un grupo de partidos pragmáticos que tradicionalmente han respaldado a los gobiernos de turno a cambio de cargos ministeriales y fondos presupuestarios.
Implicaciones para los mercados
Esperamos una reacción negativa de los mercados a corto plazo, aunque no consideramos que el resultado electoral suponga un cambio duradero en las perspectivas de Brasil. Tras la primera vuelta, los mercados descontaron rápidamente una victoria de Bolsonaro. El 5 de octubre, primer día de negociación después de la votación, el Ibovespa, principal índice bursátil del país, registró su mayor subida diaria en seis años. Durante la semana siguiente, las tasas de interés a largo plazo cayeron alrededor de 150 puntos básicos, hasta situarse cerca del 12%.
En renta fija, es probable que las tasas de interés a largo plazo repunten parcialmente tras su reciente descenso y que los mercados descuenten menos recortes de la tasa Selic (tasa de referencia del banco central), actualmente en el 13,75%. El real también podría perder parte de sus ganancias. Sin embargo, si las tasas de interés se mantienen elevadas durante más tiempo, el retorno adicional que ofrece mantener posiciones en esta moneda, conocido como carry, seguirá siendo uno de los más altos entre los mercados emergentes, lo que debería contribuir a limitar su depreciación.
En renta variable, esperamos una corrección cuya magnitud variará según el sector. Después de la primera vuelta, los bancos y otras acciones de empresas nacionales sensibles a las tasas de interés encabezaron el repunte y ahora son los más expuestos a una reversión de esas ganancias. En cambio, exportadores, como la minera Vale y la productora de celulosa Suzano, que quedaron rezagados durante la apreciación del real, se encuentran en una posición más favorable. Las perspectivas de Petrobras y otras empresas vinculadas al Estado son más dispares.
Más allá de la reacción inicial, la continuidad del gasto público debería sostener el consumo y mantener un impacto prácticamente neutral sobre el crecimiento económico. Por su parte, las posibles ganancias adicionales de la renta variable probablemente dependerán más del apetito global por los mercados emergentes que de factores internos.
Para seguir de cerca
Una cuestión clave para los mercados es si descontarán un mayor deterioro de la situación fiscal de Brasil. En agosto, la deuda pública bruta alcanzó el 82,9% del Producto Interno Bruto y la mayor parte del presupuesto se destina a gastos de carácter obligatorio, lo que deja poco margen para ampliar los programas existentes sin contar con nuevas fuentes de ingresos.
Las primeras señales vendrán de la elección del ministro de Hacienda y del presupuesto de 2027, que el Congreso deberá aprobar antes de fin de año. El nombramiento de un ministro que genere confianza en los mercados y un presupuesto que se ajuste a la regla fiscal contribuirían a disipar estas preocupaciones. Por el contrario, los indicios de una política de gasto menos restrictiva probablemente mantendrían elevadas las tasas de interés a largo plazo y la prima de riesgo. En febrero, el Congreso elegirá a los presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado, responsables de establecer la agenda legislativa. El resultado permitirá evaluar con cuánto apoyo cuenta el Gobierno para aprobar sus propuestas.
En el ámbito internacional, una reducción del arancel estadounidense del 25% parece menos probable que bajo un gobierno de Flávio Bolsonaro. Por su parte, se espera que las relaciones con China, destino de aproximadamente el 29% de las exportaciones brasileñas, se mantengan intactas.
Otra cuestión importante es cómo Lula definirá su legado. A sus 80 años, no puede aspirar a una reelección en 2030. Podría dar prioridad a los programas sociales, inversión pública y reformas laborales, lo que favorecería el consumo, pero también aumentaría las presiones fiscales. Otra posibilidad sería que buscara dejar una economía estable y finanzas públicas más sólidas. La manera en que equilibre estos objetivos será un factor clave para el comportamiento de los activos brasileños hasta finales de la década.