Hemos actualizado nuestras perspectivas de mercado. Prevemos una recuperación, y estamos incorporando activos de riesgo a nuestras carteras de manera gradual. La primera oleada de la pandemia está remitiendo. El panorama parece estar despejándose lo suficiente para poder evaluar los daños y hacernos una idea de lo que nos espera.

Pánico en el mercado

Las perturbaciones económicas y la incertidumbre se extendieron por todo el mundo

El S&P 500 alcanzó su máximo histórico en febrero. A finales de marzo, la crisis provocada por el COVID-19 catalizó una de las mayores contracciones económicas mundiales y uno los periodos bajistas de mayor gravedad de los 100 últimos años. Así es cómo se ha producido esta transformación.

Alivio del avance

El mercado empezó a comprender la nueva normalidad

El pánico empezó a disiparse en los mercados, a pesar de que el número de casos de contagio por el virus aumentó hasta los 1,8 millones de personas en Estados Unidos y superó los 6 millones de personas en todo el mundo.

La pregunta es: ¿Por qué?

Nuestra respuesta: Este avance inicial del mercado parece más una expresión de alivio que una recuperación económica.

Los inversores vendieron activos de riesgo porque les aterraba el impacto económico que conllevaría un confinamiento generalizado y porque el COVID-19 representaba una amenaza existencial.

Semanas más tarde, la magnitud del impacto económico de la pandemia provocada por el COVID-19 se volvió más clara, los nuevos casos empezaron a estabilizarse (con la excepción de algunos mercados emergentes), la economía mundial empezó a reabrir y los responsables políticos ofrecieron un gran apoyo. Los mercados de riesgo repuntaron.

¿Están los mercados ignorando el daño causado en la economía real?

Jake Manoukian, Global Market Strategist

Realidades económicas

Ahora los mercados están distinguiendo a los ganadores de los perdedores, pero parecen anticipar una débil recuperación

Las perspectivas económicas a corto plazo de los mercados siguen siendo poco alentadoras, incluso tras el reciente repunte. De mantenerse la trayectoria actual, los valores cíclicos, la renta fija, las divisas y las materias primas podrían apreciarse aún más.
Podemos distinguir algunos «ganadores» a lo largo de la crisis, muchos de los cuales guardan relación con las dos «megatendencias» mundiales que señalamos en las perspectivas de mercado de cara a 2020 publicadas a principios de año. Estas megatendencias (la transformación digital y la innovación sanitaria) ofrecen atractivas oportunidades seculares que, según nuestras proyecciones, seguirán estando presentes. De hecho, la crisis del COVID-19 probablemente ha acelerado el paso del mundo real al virtual creando una economía que se beneficia de lo digital, y la innovación en atención sanitaria podría suponer la solución a la pandemia.

Megatendencias: ¿Qué sectores están mejor preparados para la siguiente década?

Anastasia Amoroso, Head of Cross Asset Thematic Strategy

Altas expectativas

Dos megatendencias mundiales (la transformación digital y la innovación sanitaria) han contribuido a la creación de algunos “ganadores” recientemente:

  • El sector tecnológico ha subido más del 6% este año
  • Los valores biotecnológicos registran una subida de casi el 10%
  • Las empresas vinculadas al comercio electrónico ganan más de un 14%

Bajas expectativas  

Son muchos los sectores y las clases de activos que todavía apuntan a un débil crecimiento económico en el futuro, incluso después de la reciente recuperación del mercado:

  • Los valores de compañías de pequeña capitalización han registrado una rentabilidad un 10% inferior a la de los valores de gran capitalización en lo que llevamos de año
  • Más de 176 valores incluidos en el S&P 500 han perdido más de un 20% en lo que va de año hasta la fecha
  • Las acciones bancarias de Estados Unidos han caído casi un 30% desde sus niveles máximos de las 52 últimas semanas
  • La renta variable de los mercados emergentes sigue un 25% por debajo de sus máximos de enero de 2018
  • Los rendimientos de los bonos del Tesoro a 10 años continúan por debajo del 1%, lo que indica que los inversores en renta fija prevén un crecimiento y una inflación reducidos en el futuro
  • Los diferenciales de los bonos high yield siguen indicando un ciclo de impagos similar al de la crisis financiera mundial de 2007-2008
  • El oro, considerado tradicionalmente como activo refugio, ha repuntado junto con el dólar estadounidense y el yen japonés
  • Los metales industriales y el petróleo crudo se han visto inmersos en una oleada de ventas que los ha arrastrado hasta niveles que coinciden con el fin del superciclo de las materias primas de 2015 y 2016

Opiniones sobre el mundo

Asia registra ahora una dicotomía: en muchas partes de la región continúan aplicándose medidas de confinamiento y las peores repercusiones económicas están todavía por llegar. Otras zonas, en especial el sudeste asiático, han conseguido contener los brotes del virus y han entrado en fase de recuperación.

La recuperación

En China, las actividades de producción se recuperaron enseguida en cuanto el Gobierno empezó a relajar las restricciones a mediados de marzo. Pese a todo, la titubeante demanda de consumo está frenando el crecimiento. Por su parte, la confianza de los consumidores coreanos está repuntando, y Japón empieza a levantar el estado de alarma. Desde una perspectiva política, Japón, Corea del Sur, Singapur y Hong Kong han lanzado considerables paquetes fiscales en respuesta a la pandemia. El enfoque adoptado por China en cuanto a las medidas de estímulo ha sido más conservador a causa de los temores sobre las dificultades estructurales y los elevados niveles de endeudamiento.

Las perspectivas futuras

Tres factores generales determinarán el grado de éxito con el que las economías asiáticas acaben sorteando la tormenta del COVID-19:

  1. Control del virus: este factor resulta especialmente importante en aquellos países que todavía registran un aumento de los casos, pero también reviste importancia en países que ahora necesitan prevenir una segunda oleada de contagios.
  2. Estructura de las economías: las economías exportadoras y las más dependientes de los servicios y el turismo probablemente atravesarán dificultades durante el segundo semestre de 2020 a causa de la fragilidad a escala mundial. No obstante, los países con bases de consumidores de mayor tamaño e industrias de producción (como la India y China) deberían comportarse mejor.
  3. Respuestas políticas: Hong Kong y Singapur han impulsado considerables medidas de apoyo fiscal, mientras que las medidas tomadas por otros países, como la India y China, han proporcionado un apoyo menor.

El sufrimiento

Un riesgo económico importante es la capacidad de las economías emergentes asiáticas, excluidas las del sudeste asiático, de contener la propagación del virus. Es posible que no lo consigan por los siguientes motivos: pese a las medidas de confinamiento generalizado, siguen aumentando las cifras de nuevos casos; se trata de países con sistemas sanitarios débiles y unas capacidades de gobierno menores; y, en muchos de ellos, sobre todo los que dependen del turismo, parece probable que, si el virus no se contiene en determinadas zonas, seguirá propagándose por la región.

La brecha este-oeste

Para los inversores, un problema importante es la intensificación de las tensiones entre Estados Unidos y China. Las relaciones entre los dos países parecen pasar por sus peores momentos desde hace décadas. Tuvimos un breve periodo de calma tras el acuerdo comercial de Fase 1 que se firmó el 15 de enero, pero parece que la crisis del COVID-19 ha reavivado las tensiones. 

Aun así, por ahora el acuerdo comercial está a salvo. Los dos países reconocen que los aranceles resultan perjudiciales y existen pocas probabilidades de que los aumenten mientras se esfuerzan por recuperarse de la recesión provocada por el COVID-19. Por ahora, China parece comprometida a cumplir sus acuerdos de compra, aunque es muy improbable que pueda satisfacer los objetivos de dichos acuerdos.

Puede que las relaciones en general sigan deteriorándose, y que ambas partes continúen desvinculando sus economías la una de la otra.

Al tiempo que Europa aborda la crisis del COVID-19, el continente está al borde del cambio sistémico.

Brexit

2020 iba ser un año complicado de cualquier manera, puesto que el ajustado calendario de las negociaciones del brexit parecía destinado a generar tensiones y hacer mella en la confianza económica.

Podría pensarse que la pandemia llevar tanto al Reino Unido como a la Unión Europea (UE) de aparcar las decisiones difíciles hasta que las aguas volvieran a su cauce. No ha sido así, por lo menos de momento. En el momento en el que escribimos este informe, no existe ningún acuerdo para retrasar el vencimiento a fin de año del «periodo de transición» durante el cual el Reino Unido permanece sujeto a las normas de la UE a medida que se definen los últimos flecos. Además, tal como se temía, no se han realizado progresos en cuanto a alcanzar un acuerdo sobre la forma de la relación económica y de seguridad una vez efectuado el brexit.

En lugar de eso, parece que el segundo semestre del año nos traerá más volatilida ligados al brexit. Todavía es posible alcanzar un acuerdo que evite las peores consecuencias económicas posibles. Sin embargo, también cabe la posibilidad de que los políticos de hoy pasen por alto una de las lecciones más dolorosas del pasado: las barreras económicas suelen empeorar y prolongar las depresiones económicas.

Propuesta financiera histórica

No obstante, no hay que desesperarse. Algunos de los potenciales cambios actuales son constructivos, en especial la propuesta del ejecutivo de la UE de emitir deuda para financiar un plan de recuperación paneuropeo. 

A medida que la crisis del COVID-19 empezaba a extenderse, el Banco Central Europeo (BCE) aceleró sus medidas de estímulo. Muchos se preguntaron si las acciones del BCE entraban dentro de las competencias de la entidad. El Tribunal Constitucional alemán no tardó en presentar objeciones fundamentales que, de prosperar, como mínimo impondrían al BCE limitaciones a las que no están sujetas otros bancos centrales.

Francia y Alemania, movidas por la necesidad de encontrar otras formas de estimular las economías de los países de la UE, de respaldar a las naciones más perjudicadas, y de impedir que las disparidades en la recuperación afecte a la estabilidad de la UE, alcanzaron un acuerdo sobre una propuesta histórica: la propia UE participaría en los mercados de capitales y distribuiría subvenciones entre las regiones y los sectores más débiles. Este tipo de unidad fiscal ha parecido una quimera durante años. De llevarse a cabo, podría revelarse una bendición para los activos europeos.

En el momento de redactar este documento, todavía no está claro si los 27 miembros de la UE estarán de acuerdo en financiar una respuesta a la crisis. Sin embargo, si la parte principal de esta propuesta acaba implementándose, 2020 será recordado no solo por la crisis del COVID-19, sino por establecer los cimientos históricos para la estabilidad económica continua de la UE. 

El año empezó con grandes esperanzas, alentadas por la hipótesis de que China y Estados Unidos mantendrían la tregua en su conflicto y de que perduraría la política monetaria favorable.

Las previsiones apuntaban a un ligero fortalecimiento del crecimiento económico latinoamericano desde los flojos niveles observados en 2019. Parecía que el conjunto de la región estaba a punto de recibir un impulso de los dos gigantes que representan el 60% de la economía de la zona: Brasil, que ya había emprendido una recuperación económica, y México, donde esta aparecía en todas las quinielas aunque todavía no había comenzado. Se creía que el crecimiento de Latinoamérica pasaría del 0,6% de 2019 a un 1,5% en 2020. Había sido un cambio muy bien recibido, aunque algo lejos del potencial estimado del 2,5%.

Un «cisne negro», variedad de respuestas

Entonces, de repente, el mortal coronavirus tumbó a la economía mundial. La mayoría de los países del mundo impusieron protocolos de contención que frenaron en seco la actividad económica. Además, cuando la economía mundial dejó de funcionar, las economías latinoamericanas también. La región se sumió en una recesión sin precedentes.

Ahora que llevamos seis meses de 2020, los países latinoamericanos tienen implantados diversos programas de estímulos fiscales y monetarios, pero siguen experimentando dificultades para mantener a la población segura y sus economías a flote:

  • Países como Chile, Perú y, en menor medida, Colombia (después de muchos años de disciplina fiscal) contaban con mayor flexibilidad para blindar sus economías ante la crisis.
  • Otros, como Argentina, usaron sus recursos más limitados para luchar contra la pandemia. 
  • Mientras, otros, como México y Brasil, subestimaron los riesgos de la pandemia e, inicialmente, aplicaron unas respuestas mínimas. Más adelante, Brasil relajó la línea dura que había adoptado, forzado por la política interna. Sin embargo, el Gobierno mexicano no dio su brazo a torcer. Como resultado de ello, México, pese a su capacidad fiscal, ha sido el país de la región que menos recursos financieros ha destinado a combatir la crisis.

¿Riesgo de reapertura?

Llegados a mediados de año, muchos países latinoamericanos están siguiendo el ejemplo de las superpotencias mundiales y están reabriendo parcialmente, si bien muchos piensan que se están precipitando. 

Los resultados se harán evidentes en el segundo semestre del año. Tal como está ahora la situación, se prevé que la región se contraerá más de un 7% en 2020. No obstante, esta cifra da por sentado que la revocación de las reglas de distanciamiento social no provocará una segunda oleada de contagios que enviaría a toda la población a casa y paralizaría la actividad económica de nuevo.

Incluso si acaba teniendo lugar un escenario relativamente benigno y se retoma cierto grado de normalidad, Latinoamérica tendrá que hacer frente al deterioro fiscal y a los niveles cada vez mayores de deuda pública que probablemente se derivarán de sus políticas defensivas.

Sin embargo, ese desafío habrá que dejarlo para más adelante, después de que aseguremos ahora una estabilidad y un crecimiento económicos renovados (o eso esperamos).

En los primeros compases de 2020, los medios de comunicación de Estados Unidos parecían prever que las elecciones estadounidenses coparían el diálogo nacional. Entonces, llegó la crisis del COVID-19 y atrajo toda nuestra atención. No obstante, a medida que el país da nuevos pasos hacia una «nueva normalidad» y nos acercamos cada vez más a noviembre, es probable que las elecciones a la presidencia y al Congreso estadounidenses cobren protagonismo.

La crisis del COVID-19 y el proceso de nominación del Partido Demócrata se intensificaron a la par. Antes de que el candidato Joe Biden obtuviera la victoria decisiva en las primarias de Carolina del Sur celebradas el 29 de febrero, las casas de apuestas le daban una probabilidad de tan solo alrededor del 10% de convertirse en el candidato demócrata a la presidencia. Su aplastante triunfo en el Supermartes podía haberse convertido en el gran titular de la primavera; ¡una pena!

Desde la perspectiva de los mercados y la economía, tener a Biden como posible candidato demócrata podría evitar otros resultados potencialmente más disruptivos. El último oponente viable de Biden en la carrera por la nominación, el senador Bernie Sanders, ofrecía una plataforma que perseguía un cambio considerable en la forma en que funciona el capitalismo estadounidense. Por el contrario, el exvicepresidente Biden representa el planteamiento más tradicional de la izquierda: subida de impuestos para las corporaciones y los más ricos, más regulación, aumento del gasto en sanidad pública e infraestructuras.

¿Riesgos de las elecciones?

Hay dos posibles resultados de las elecciones de noviembre que podrían afectar a los activos de riesgo:

  • Victoria abrumadora de los demócratas, que se hacen con la Casa Blanca y el control del Senado, al tiempo que mantienen el control del Congreso. Puede que esto desemboque en un aumento del impuesto de sociedades. Desde el momento en el que fue elegido el presidente Trump en noviembre de 2016 hasta que se adoptó la Ley Laboral y Reducción de Impuestos en diciembre de 2017, el múltiplo del ratio precio/beneficios del S&P 500 aumentó de 16,1x a más de 18x. La revocación de esta ley favorable a las empresas puede tener el efecto contrario en las valoraciones de la renta variable.
  • Ensanchamiento de la brecha política: si Biden se convierte en presidente, pero los republicanos mantienen el control del Senado. En ese caso, los senadores republicanos pueden recordar sus raíces y poner trabas a cualquier nueva medida de estímulo fiscal pensada para alentar la recuperación tras la crisis del COVID-19.

Coherencia

Con independencia de quien gane las elecciones presidenciales, prevemos que el proceso de desvinculación económica de China proseguirá. Actualmente, ambos partidos comparten el enfoque «mano dura con China», y los legisladores federales apoyan en gran medida el poner freno al auge chino.

La buena noticia para los inversores a largo plazo es que los mercados saben cómo actuar cuando hay elecciones en el horizonte. Históricamente, las elecciones no han provocado grandes fluctuaciones en los mercados. Es posible que en el futuro asistamos a cambios en sectores y clases de activos. Pese a todo, confiamos en las tendencias a más largo plazo que definirán nuestro proceso de asignación de activos.

Inversión con un propósito

¿Qué deberían hacer los inversores?

Nuestras perspectivas de mitad año sugieren que, tarde o temprano, se producirá una recuperación, que puede haber comenzado ya. La contracción ha sido acusada y dolorosa, y tendrá consecuencias duraderas.

No obstante, existen motivos para creer que esta recuperación económica se producirá a un ritmo más rápido que la que siguió a la crisis financiera mundial. También es probable que presente numerosas similitudes: inflación reducida y estable, tipos de interés bajos y beneficios al alza. También prevemos una aceleración de determinadas tendencias: tensiones geopolíticas, digitalización, innovación en atención sanitaria y ampliación de las brechas de riqueza e ingresos. A pesar de todo, sigue habiendo incertidumbre en el camino a la recuperación. Los modelos de negocio han sufrido disrupciones forzosas. Existen dudas sobre la viabilidad a largo plazo del sector inmobiliario corporativo. Con este telón de fondo, parece que las valoraciones son caras. Por ese motivo mantenemos una modesta infraponderación de la renta variable en comparación con nuestro índice de referencia estratégico. Además, seguimos convencidos de que la renta fija «core» (gubernamental y corporativa) permitirá contrarrestar en gran medida la evolución de otros activos de riesgo. 

Reconstrucción de un posicionamiento procíclico

El impacto del coronavirus en la economía ha sido un recordatorio para todos los inversores de que deben esperar lo inesperado. Confiamos en que la diversificación nos ayudará a sortear tormentas imprevistas. Puede que las acciones hayan retrocedido un 14% en lo que llevamos de año, pero la renta fija lleva un avance del 5%.

Nos centramos en navegar la volatilidad y en establecer protección frente al riesgo de caída. Al mismo tiempo, hemos empezado a adoptar un enfoque prudente a la hora de reconstruir un sesgo «procíclico» en las carteras (es decir, sobreponderaciones de la renta variable y los activos de riesgo). El primer paso ha consistido en realizar asignaciones a bonos high yield, los cuales, en nuestra opinión, presentan un atractivo perfil de riesgo-rentabilidad en comparación con la renta variable, puesto que los diferenciales todavía apuntan a un importante ciclo de impagos. Además, llegados a este punto, hemos ido ampliando las posiciones en activos que están expuestos a la economía real por si la recuperación depara sorpresas al alza.

Espere lo inesperado: realizar una correcta planificación patrimonial en tiempos de volatilidad

Jamie Lavin, Head of Advice

Su cartera y su planificación personal

En última instancia, los inversores deben centrarse en aquello que pueden controlar: articular una intención específica para sus inversiones (con independencia de que el objetivo sea ahorrar para la jubilación o para adquirir una nueva vivienda, o crear patrimonio generacional).

Para alcanzar sus objetivos financieros individuales, una de las mejores estrategias es recurrir a una buena planificación y una construcción precisa de su cartera. Nuestra meta es construir carteras juntos que ofrezcan una elevada probabilidad de éxito, incluso en caso de que se produzca un nuevo «cisne negro» capaz de provocar una corrección del 30% en los mercados de renta variable.

Mire más allá de sus inversiones

Los reducidos tipos de interés y la volatilidad de mercado también ofrecen oportunidades para realizar cambios tácticos y estratégicos en su estructura patrimonial global con el fin de avanzar hacia la consecución de sus objetivos. Ahora es el momento perfecto para revisar si su nivel de apalancamiento y de liquidez son los más óptimos en el actual entorno de tipos, así como examinar su plan patrimonial, no solo para asegurarse de que tiene los documentos necesarios, sino también para determinar qué cambios puede realizar para acelerar sus planes de donaciones (ya sea a sus hijos o seres queridos, o a organizaciones benéficas si su cartera se ha recuperado). 

Si desea más información sobre nuestra visión del futuro, incluidos los riesgos y las recompensas potenciales, descargue el informe completo aquí:
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