No es fácil pensar en transmitir su patrimonio. No obstante, saber quién se beneficiará de él, qué es lo que se dará con su patrimonio y cuándo y cómo se hará puede proporcionar tranquilidad.

Muchas personas comprenden que deberían organizar su patrimonio con intencionalidad. Sin embargo, ¿por qué es tan difícil hacer esto? Muchos sabemos lo que debemos hacer, pero eso a menudo entra en conflicto con lo que queremos hacer.1 Piénsenlo: ¿Prefiere tomar una pizza o una ensalada? (Sea sincero). Sabemos que probablemente deberíamos tomar la ensalada, pero nos gustaría un trozo de pizza. De forma similar, comprendemos que es necesario planificar para el futuro (incluyendo aquellos activos que perdurarán más allá de nuestro fallecimiento), pero es mucho más divertido centrarnos en el presente.

La investigación científica sugiere que comprometernos de antemano a hacer lo que debemos hacer puede ayudarnos a evitar centrarnos exclusivamente en hacer lo que queremos. Para eso sirve el concepto de los “bloques” que hemos descrito en artículos anteriores. En este contexto, hemos recomendado establecer un bloque de liquidez, que contenga dinero en efectivo y otras formas de liquidez cuya finalidad sea darle tranquilidad, cubrir los flujos de efectivo operativos, permitir compras importantes y financiar inversiones oportunistas. En general, pensar sobre este bloque es bastante agradable, ya que nos permite concentrarnos en lo que queremos a corto plazo. También hemos hablado del bloque de estilo de vida. Éste es algo menos apetecible, ya que contiene el dinero que deberíamos apartar para poder financiar con seguridad nuestras necesidades y deseos durante toda nuestra vida.

En este artículo, hablaremos sobre el bloque de división o preservación, posiblemente uno de los bloques que más evitamos. ¿Por qué? Sabemos que deberíamos planificar qué sucederá después de nuestro fallecimiento, pero muchos no queremos imaginar un mundo en el que no existimos. (Filósofos y psicólogos han escrito tomos enteros sobre este tema). Entonces, ¿qué podemos hacer para motivarnos para planificar como deberíamos?

Piénselo de esta manera: cuando usted fallezca, dejará un conjunto de activos. El dinero tendrá que ir a alguna parte: a personas concretas, o a organizaciones o entidades. Si no hace nada, los activos pasarán a otros por defecto, en base a una serie de factores, incluyendo el entorno jurídico donde vive. Por el contrario, puede decidir actuar con intencionalidad, y bien dividir sus activos entre beneficiarios que recibirán su patrimonio a su fallecimiento o bien estructurar su patrimonio de forma que se conserve y se mantenga durante varias generaciones después de su muerte. Puede actuar con intencionalidad o sin ella a la hora de determinar dónde irá el dinero. Cuando actúa con intencionalidad, toma decisiones deliberadas y consideradas, basadas en sus valores y objetivos personales. 

Ahora imagínese que es usted la persona que recibe los activos. ¿Preferiría que el causante hubiera actuado con intencionalidad o sin ella? Pensar en cómo nuestras decisiones afectan a los demás podría motivarnos para actuar con más intencionalidad. Un punto de partida constructivo para pasar a la acción podría ser identificar quién quiere que se beneficie de su patrimonio (que puede redefinir como un regalo). Una vez identificado el quién, podrá determinar el qué, el cuándo, y el cómo. Esto le ayudará a tomar las decisiones que le den a usted y a su familia la mejor oportunidad de dividir o preservar su patrimonio de manera que se ajuste al resultado que quiere conseguir.

También puede pensar en este bloque como una especie de “suelo” patrimonial. El dinero está ahí para sus herederos y beneficiarios, pero también lo tendrá por si acaso. Mientras que los activos del bloque de estilo de vida están para ser consumidos durante su vida, los incluidos en el bloque de división o preservación podrán traspasarse al bloque de estilo de vida si necesitase fondos, siempre que los activos del bloque de división o preservación no contengan una donación que no pueda revocarse. Como cabe esperar, hay que elegir entre mantener cierto nivel patrimonial durante su vida y maximizar las posibles transferencias a favor de sus herederos y beneficiarios. 

Ya hemos preparado el escenario: usted ha acumulado un conjunto de activos -es un regalo significativo el que quiere hacer. Como ya hemos comentado, el primer paso es preguntarse: ¿para quién será el dinero? ¿Para su cónyuge, pareja, hijos, nietos, generaciones futuras? ¿Para una organización que beneficia a la comunidad, o para fines benéficos? ¿Algunos o todos los anteriores? 

En mi trabajo con familias, he observado que las personas tienen perspectivas distintas a la hora de plantearse cómo afectará la transmisión de su patrimonio a sus hijos, y sus diferentes opiniones sobre esta cuestión tan importante informan sus decisiones. Algunos creen que recibir la totalidad o una parte del patrimonio acumulado empoderaría a sus hijos. Otros sienten que heredar un patrimonio significativo tendría justo el efecto contrario. Por ello, la identificación de quién recibirá su patrimonio es un primer paso esencial. 

¿Qué es exactamente lo que dará? Éste es el segundo punto que debe aclarar. Es posible que tenga una mezcla de pertenencias, inversiones, inmuebles y empresas. Debería pensar sobre el valor que tienen hoy y cuánto podrían valer en el futuro. Esto le ayudará a determinar qué parte de sus activos quiere dividir entre los distintos beneficiarios a su fallecimiento, y qué parte -tal vez un inmueble o una empresa- intentará preservar para las generaciones futuras. 

A continuación, tiene que pensar sobre cuándo querrá realizar la transmisión. ¿Será durante su vida o posteriormente? También querrá decidir cuándo comenzará el traspaso y cuando finalizará. Por ejemplo, ¿se realizarán muchas distribuciones a distintas personas durante un periodo de tiempo largo, o una distribución única (por ejemplo, a su fallecimiento)? Si le preocupa la dificultad de preservar su patrimonio mucho tiempo después de su muerte, sepa que su inquietud está justificada. Existe un corpus considerable de investigaciones científicas que confirman lo que a menudo se llama el fenómeno de la tercera generación—que indica que, en general, el 90% del patrimonio desaparece en tres generaciones (es decir, en vida de los nietos del creador del patrimonio).

Por último, querrá trabajar con sus asesores financieros, fiscales y jurídicos para determinar cómo traspasar su patrimonio de la forma que refleje más fielmente sus intenciones. Por ejemplo, ¿quiere dividir su patrimonio a partes iguales entre sus hijos, o ha elegido una división distinta, en su opinión más adecuada? Para muchas familias, la igualdad no siempre es lo más justo. Otros factores, como la preparación psicológica, la necesidad financiera y la aportación a la familia tienen un papel en la percepción de la equidad con la que se ha dividido el patrimonio.

Es posible que pretenda dar a sus hijos una parte de su patrimonio. También sabe que podrían aprovecharlo más si se lo diera en vida. Podría ser una casa, si usted está seguro de que no va a necesitar realizar su valor durante su vida. Tal vez por ello sienta que puede renunciar cómodamente a controlar este activo, y donárselo sus hijos (ver tabla). Resulta clave considerar tanto la necesidad práctica de control como la psicológica -una vez se dona un activo, se pierde al menos una parte de este control. La planificación fiscal y la protección del patrimonio también son factores esenciales que deberá valorar al analizar cuál es la mejor forma de transmitir su patrimonio.

Determinar qué debe incluirse en su bloque de división y/o preservación

Tabla en la que se muestra un ejemplo de cómo dividir y preservar el patrimonio identificando los elementos “quién”, “qué”, “cuándo” y “cómo”.

Otra consideración es que, si pretende que sus hijos aprovechen la totalidad de la exención fiscal por donaciones realizadas en vida, deberá incluir claramente esos activos en el bloque de preservación. Sin embargo, el dinero que pretenda gastar en donaciones anuales exentas a sus hijos deberá incluirse en el bloque de estilo de vida.

Últimas conclusiones

Decida lo que decida sobre a quién, qué, cuándo y cómo dividirá y/o preservará su patrimonio, sea claro sobre su intención. Es importante que su familia y sus beneficiarios comprendan cuáles son sus objetivos. Sea abierto y transparente sobre los roles, las responsabilidades y las expectativas. Esto es lo que significa planificar el destino de su patrimonio con intencionalidad. “El más rico legado es la honestidad”, escribió William Shakespeare en Bien está lo que bien acaba. Efectivamente.

1 Gilbert, Sarah Jane. “Understanding the ‘Want’ vs. ’Should’ Decision.” Working Knowledge, Harvard Business School, 16 de julio de 2007, hbswk.hbs.edu/item/understanding-the-want-vs-should-decision.