Tanto si solo tiene una obra de arte como si atesora una colección cuidadosamente seleccionada, asegúrese de que sea un motivo de orgullo, y no de discordia, para sus herederos

A lo largo de 40 años, los coleccionistas mexicanos Natasha y Jacques Gelman reunieron minuciosamente cuadros de distintos artistas europeos, así como de maestros relevantes de su propio país, como Frida Kahlo y Diego Rivera.

Cuando Natasha, que sobrevivió a su esposo, murió en 1998, la colección procedente de pintores europeos se conservó en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Sin embargo, dado que el testamento se realizó en México y debido a las peculiaridades del sistema legal de ese país, las obras maestras mexicanas del siglo XX estuvieron sujetas a brutales batallas entre facciones familiares. Lo último que pretendía Natasha era este enfrentamiento.

Para la mayoría, coleccionar arte responde a la admiración por un artista o estilo artístico. El legado de una pasión así suele ser una preocupación secundaria. Sin embargo, el arte debe tenerse en cuenta como cualquier otro activo financiero en lo relativo a la planificación patrimonial, afirma Sarah Z. Collins, asesora patrimonial que trabaja para clientes de J.P. Morgan en México sobre estrategias para mantener y transferir el patrimonio de generación en generación.

“Especialmente si trabajas con coleccionistas que apoyan a artistas que son amigos, existe un aspecto emocional más allá del dinero”, dice Collins. “Sin embargo, la mayoría de los clientes entienden en cierta medida que, si no hacen una planificación meticulosa, todo su patrimonio puede acabar en pedazos”, e incluso, destruido.

Como primer paso, Collins aconseja a los clientes que pongan en orden el aspecto administrativo.  Hay infinidad de cuestiones sobre el arte que, aunque parezcan mundanas —por ejemplo, su ubicación— pueden tener implicaciones para la planificación fiscal y patrimonial de una familia. Lo ideal es que el coleccionista evalúe cada obra y mantenga un inventario de ubicación, tipo de propiedad (personal o sociedad holding, por ejemplo) y estado del préstamo para cada obra. Desde una perspectiva de planificación patrimonial, nunca está de más resaltar la importancia del mantenimiento de registros.

Una vez que se han organizado las cuestiones logísticas, es hora de establecer un marco estratégico que defina cómo perdurará su colección artística. Ya se trate de una colección considerable que pueda destinarse a un museo o de unas cuantas piezas valiosas que pasarán a manos de sus seres queridos, lo importante es definir objetivos claros.

Existen tres opciones básicas: vender, donar a una institución o regalar a un ser querido. A menudo, los propietarios de obras de arte eligen alguna combinación de las tres. Puede decidir, por ejemplo, que ciertas obras de su colección se mantengan juntas y se muestren al público; también puede decidir que se vendan otras obras para obtener fondos que permitan sufragar el lugar donde se guarda la colección pública y su mantenimiento, o que otras piezas las hereden sus hijos.

Tras decidir qué le gustaría que sucediera, el siguiente paso crucial, sostiene Collins, es discutir estos planes con sus herederos. Esta cuestión es mucho más complicada de lo que imaginan los donantes. En ocasiones, uno de sus hijos expresará un profundo aprecio por un objeto en particular y lo querrá como un recuerdo, independientemente de su valor. Por el contrario, otro heredero puede encontrar desconcertante el amor de sus padres por el cubismo y no desear asumir la responsabilidad o el coste de cuidar ese raro Braque.

La planificación artística a menudo se complica por el hecho de que, al final, las colecciones de arte no son dinero, por lo que no se pueden dividir en partes exactamente iguales, advierte Collins. Incluso los padres que intentan dar regalos equitativos a cada hijo pueden verse frustrados cuando una obra de arte aumenta inesperadamente su valor.

No obstante, dejar claras sus intenciones —por anticipado y con frecuencia— puede ayudar a aliviar las tensiones en el futuro. “Hable con sus hijos”, dice Collins. “Explique que, si bien la colección de arte le pertenece a usted, desea incorporarles al proceso. Y que incluso si al final no todo vale exactamente lo mismo, la decisión es justa. Procure también que todos hayan podido expresar sus deseos”.

Una vez que haya definido su visión y sus herederos estén implicados en el proceso, es hora de dar los pasos que asegurarán que su visión se convierta en realidad. Las familias con frecuencia trabajan directamente con los directores de museos y sus propios abogados para que los planes sean lo más herméticos posible. Los asesores de J.P. Morgan como Collins pueden ofrecer asesoramiento adicional sobre cómo transmitir las obras de arte de la manera más eficiente desde el punto de vista fiscal, ya se trate de cuándo vender activos o cuándo transferirlos. También pueden ayudar a los coleccionistas a identificar las organizaciones más adecuadas para cada colección y organizar las presentaciones cuando sea necesario.

En marzo de 2017, el famoso filántropo David Rockefeller falleció a la edad de 101 años y su familia anunció que, según sus deseos, su colección de renombre mundial se vendería en una subasta, entregando los beneficios a las organizaciones benéficas que su propietario había elegido. La colección marcó récords al recaudar más de 832 millones de dólares. Obviamente, había muchos museos y seis hijos que podrían haberse beneficiado de tal fortuna y haber tratado de impugnar la voluntad final. Sin embargo, no se mostró ni un ápice de rencor a ojos de la sociedad.

Por el contrario, su hijo, David Rockefeller Jr., describió la subasta como “una experiencia que transmitió de forma bella y plena la gran pasión de Peggy y David Rockefeller por el arte, el diseño, la artesanía y la belleza”. Añadió: “Así como mis hermanos y nuestros propios hijos están llenos de orgullo y gratitud al final de esta semana histórica, sabemos que nuestros padres sentirían lo mismo”.

Prueba de que, cuando la planificación se realiza correctamente, todos los implicados salen ganando.