Un niño de ocho años no paraba de preguntar: “¿Me puedes comprar ese juguete que he visto en la tele?”. Ésta fue la inteligente respuesta de su padre.

Todo comenzó en el supermercado. Siempre que hacíamos la compra, mi hijo mayor, que entonces tenía ocho años, me perseguía para que le comprase unos cereales que había visto anunciados en la televisión. Lo mismo sucedía cada vez que pasábamos por una tienda de juguetes; me pedía los muñequitos que más salían en los anuncios. 

Me di cuenta de que había llegado el momento de explicarle cómo funcionan las empresas, y decidí que sería divertido explicárselo invirtiendo en bolsa. 

Empezamos con poco. Le dije que podía comprar acciones de cualquier compañía -siempre que las comprase con su paga, o con dinero que hubiera recibido como regalo. Yo igualaría los fondos que invirtiera él.  

Evidentemente, al principio le atraían las compañías con las que podía sentirse identificado: acciones de compañías informáticas, el Manchester United y cosas similares. Cuando comíamos en un restaurante que le gustaba, me preguntaba si sus acciones cotizaban en bolsa y, de ser así, cómo podíamos invertir. 

Nuestro juego de la bolsa no sólo le enseñó algo sobre las empresas y sus objetivos; también aprendió que el dinero invertido podía crecer. A veces, por las noches, analizábamos una lista de compañías que había creado en mi teléfono para hacer un seguimiento de sus acciones. Le hacía muchísima ilusión ver cómo su cartera aumentaba de valor. 

Claro está, no todas sus acciones subieron, pero eso también fue una buena lección para él. Compró acciones de una compañía porque le gustaba la ropa que hacía. Sin embargo, al igual que muchas acciones de compañías minoristas, su precio bajó por la competencia del comercio electrónico. Cuando le expliqué esta dinámica, decidió buscar empresas de comercio minorista con fuerte presencia en Internet. 

Un año después, cuando tenía nueve años, le oí dar a su primo un discurso sobre cómo debía utilizar el dinero que le habían dado en Navidad.

__No compres sólo juguetes -usa tu dinero para invertir en el futuro, le comentó a su primo mayor, que le escuchaba sorprendido.

Mi hijo menor, que ahora tiene seis años, nos ha estado observando a su hermano y a mí, y ahora quiere saber cuándo podrá él comprar en bolsa. Quiere comprar acciones de un popular fabricante de automóviles, porque le gustan los camiones. La acción cotiza actualmente a unos 14 $. Por mí, bien.

En este caso se advierte una clásica dinámica familiar. Los hijos observan astutamente las acciones de sus padres, y los hijos mayores enseñan activamente a sus hermanos menores y sirven de modelo a seguir.

Si quiere empoderar a sus hijos para que aprendan a gestionar el dinero, resulta sensato centrarse en impartir lecciones adecuadas a su edad. Para niños de entre seis y ocho años, conviene centrarse fundamentalmente en los conceptos de ganar, ahorrar y gastar dinero, dado que, desde un punto de vista de desarrollo, están en una etapa de desarrollar la capacidad de resolver problemas y de tomar decisiones.

Para esta edad, la inversión es un buen enfoque secundario; probablemente no debería ser el enfoque principal hasta que lleguen a las edades de 12-14 años, que es cuando tienden a desarrollar su pensamiento abstracto.

El enfoque seguido por el padre tiene mucha fuerza, porque ha convertido la selección y seguimiento de las acciones en un juego para su hijo de ocho años. Además, en lugar de simplemente comprarle las acciones, obliga al niño a utilizar su propio dinero, lo que le hace implicarse emocionalmente en la transacción. El hecho de que el padre iguale la inversión de su hijo ayuda a estimular aún más su entusiasmo.

Más adelante, cuando el niño llegue a los primeros años de la adolescencia, el padre podría animarle a leer artículos sobre las condiciones económicas que impulsan a los mercados en general. Podría ayudar a su hijo a diversificar su cartera hacia otras clases de inversión (como renta fija y similares), y así aprender sobre ellas. Además, dado que la adolescencia es una etapa en la que los niños empiezan a desarrollar su identidad en relación con sus compañeros, también podría resultar divertido e informativo un club de inversión en el colegio.

¿Está interesado en ayudar a su hijo a aprender a invertir? Hable con su Asesor de J.P. Morgan sobre cómo abrir una cuenta para su hijo o hija. Además, asegúrese de pedirle una copia del artículo de J.P. Morgan titulado Cómo enseñar a sus hijos qué es el patrimonio: Guía para padres y abuelos.