Las estructuras familiares pueden afectar a las relaciones laborales de los miembros de la familia. Considere estas sugerencias prácticas sobre cómo sentar unas bases sólidas para gestionar su legado

  • Su legado es más que un plan para sus activos financieros: también consiste en establecer las bases necesarias para preservar la armonía familiar y para que las generaciones futuras prosperen
  •  Las estructuras familiares pueden suponer un equilibrio delicado de emocione y colaborar con su familia para gestionar unos activos financieros o un negocio familiar puede suscitar tensiones
  • Es importante informar acerca de su legado familiar y, cuando se pueda, involucrar a su familia en la planificación patrimonial

Tenemos clientes que han conseguido crear riqueza o que gestionan su negocio familiar a los que asesoramos periódicamente para ayudarles a planificar su futuro. A menudo lo describen como el legado del trabajo de su vida. En nuestras conversaciones, hablamos de cómo se trata de mucho más que de un plan sucesorio para sus activos físicos y financieros. Explicamos que también consiste en las bases que desean sentar para las generaciones futuras: para que las personas prosperen, para que la familia siga unida y para que el dinero sirva para los propósitos deseados o el negocio prospere.

Como parte de este diálogo, resulta útil analizar de manera exhaustiva cómo las dinámicas de las relaciones personales pueden afectar las relaciones laborales de los miembros de la familia, y presentamos algunas sugerencias prácticas sobre cómo sentar unos fundamentos sólidos para gestionar este posible reto sobre su legado.

La influencia poderosa de la familia

Una familia es donde formamos y experimentamos nuestras primeras relaciones, sentimos amor y recibimos apoyo emocional, así como reacciones positivas o negativas a nuestras palabras y acciones. Representa un entorno seguro a medida que pasamos de niños a adultos. Las familias tienen su cultura y tradiciones propias y crean sus propias normas sobre los comportamientos aceptados, tales como pensar, sentir, juzgar y actuar de manera acorde con los valores familiares. Nuestras suposiciones sobre lo que es correcto o incorrecto y lo que es bueno o malo reflejan las convicciones, los valores y las tradiciones de la familia a la que pertenecemos, y que a menudo nos siguen acompañando de adultos. Esto incluye nuestra actitud hacia el éxito, el fracaso y el dinero. Vale la pena plantearse algunas preguntas importantes, como:

  • ¿Qué significa el éxito en nuestra familia? ¿Se trata, por ejemplo, de conseguir prosperidad económica, de esforzarse lo máximo posible, de destacar académicamente?
  • ¿Cuál es nuestra actitud hacia el dinero? ¿Es un tema tabú? ¿Define quiénes somos, o es un medio para alcanzar nuestros propósitos?

Cuando los miembros de una familia trabajan juntos —sea como accionistas o propietarios de un negocio, en el equipo directivo de una empresa familiar, en el consejo de una fundación de la familia, o como responsables del proceso de decisión de un vehículo de inversión familiar—, las dinámicas familiares pueden entorpecer una comunicación efectiva. El motivo radica en que se tienen dos relaciones con cada pariente: la personal y la de negocio. No tenemos la misma relación con nuestro padre que con nuestro jefe, o con nuestro cónyuge que con nuestros socios comerciales; cuando trabajamos con familiares, resulta más difícil separar estas relaciones duales.

Además, las familias cambian continuamente. Hay nacimientos, matrimonios, defunciones y divorcios, que alteran la estructura familiar y cambian los roles de cada miembro de la familia. En consecuencia, la manera en que la familia se comunica tiene que evolucionar para adaptarse a los cambios.

En el núcleo de todo ello, los familiares tendrán que gestionar sus activos financieros comunes. Sin embargo, nunca es una cuestión meramente de dinero: bajo la superficie, están las esperanzas, sueños, temores y rivalidades de cada persona. Por consiguiente, a efectos de lograr un consenso, reviste cierta importancia que implique a su familia en la planificación de las funciones y responsabilidades de los distintos miembros para la administración de sus activos financieros.

Algunas dificultades habituales

A menudo se asignan a los miembros de una familia unos roles según el orden en que nacieron, su personalidad o su talento, y estos pueden quedar arraigados hasta bien entrada la edad adulta. Podrían acabar siendo etiquetados como «el listo», «el derrochador» o «el responsable». Como adultos, puede resultar difícil para «el derrochador» demostrar que ahora es responsable financieramente y que puede confiarse en él, mientras los padres recurren continuamente al «responsable» para cualquier puesto de liderazgo. Como adolescentes, tal vez esto sea gracioso, pero como socio de 35 años en el consejo de la sociedad de inversión familiar, puede revelarse problemático.

Las familias de todo tipo y tamaño tienen sus propias jerarquías y estructuras de poder con distintos niveles de autoridad. Esto suele organizarse en torno a una jerarquía de generaciones en función del estatus de edad; habitualmente, entre padres e hijos, y también puede suceder entre hermanos según su orden de nacimiento. Por ejemplo, un hermano más joven habitualmente podrá estar subordinado a un hermano mayor en un entorno de trabajo, aunque lo contrario puede ser muy agobiante para ambos, incluso si el joven es más competente, lo que puede constituir una fuente de conflictos.

Un padre podría decir que confiere a su hijo de 38 años autoridad y responsabilidad por sus decisiones financieras personales, pero tal vez su hijo vea la situación de otra manera: puede que piense que su padre en realidad controla lo que hace, al establecer unas reglas estrictas sobre el uso de un patrimonio en cuya generación él no ha intervenido. El hijo podría pensar que no se le respeta o no se confía en él como adulto independiente. Como persona que ha creado el patrimonio, es posible que el padre piense que su hijo tiene una posición privilegiada y que tiene que seguir las reglas para su propio bien y para proteger el legado del padre.

¿Qué puede hacerse?

¿De qué maneras podrían manifestarse estas dinámicas y emociones y cómo podrían afectar sus planes patrimoniales? Y ¿qué puede hacer al respecto? Analizamos con detenimiento dos dificultades habituales con las que podría encontrarse al pensar en las estructuras familiares.

1. Distintas actitudes, distintos planes patrimoniales

La mayoría de personas escucha de los miembros principales de la familia, mensajes acerca del dinero durante sus primeros años y hasta la edad adulta. Puede que la familia diga frases hechas como «ni prestes ni pidas prestado», o «no malgastes, y nada te faltará». En algunas culturas, la filantropía y ayudar a la comunidad en general es una virtud esencial, mientras que en otras –especialmente en las sociedades donde no hay redes de seguridad–, ayudar a los familiares que lo necesitan puede ser de alta prioridad.

Al hablar de su planificación patrimonial con su cónyuge, tal vez encuentre que tienen opiniones totalmente distintas. Esto no es porque sean incompatibles, sino porque en el entorno en que crecieron se consideraba la riqueza de una manera determinada que está muy arraigada.

Aspectos que considerar

Conviene hablar y analizar qué mensajes sobre el dinero recibió de su familia cuando era joven. Examine cómo afectan sus propias decisiones y actitudes en materia financiera. ¿Qué le gusta y qué no al respecto?

Hable con su pareja acerca de los mensajes que le gustaría transmitir a sus hijos como parte de la planificación de su legado. Además, reflexione sobre qué partes del legado cultural y actitudes de su propia familia desearía cambiar y cuáles mantener porque convendrán a su familia en el futuro.

Identifique sus valores compartidos y actúe como ejemplo que seguir de los valores y comportamientos que desea transmitir a sus hijos. Por ejemplo, podría confundirles si les dice que vivan con austeridad y luego viaja en un jet privado para sus vacaciones familiares varias veces al año.

2. ¿Igualdad o justicia?

Las familias pueden tener distintos planteamientos a la hora de transmitir su riqueza a sus hijos. Algunos pueden considerar dividirla por igual, mientras que otros pueden considerar otro criterio, como las necesidades o el tamaño de la familia de cada uno de los hijos. Cada miembro de la familia puede tener necesidades diferentes, y esto influirá en la perspectiva de lo que resulta justo.

La justicia no tiene por qué implicar igualdad. Imagine que tiene cuatro hijos y que el mayor tiene un hijo, mientras que los demás tienen tres o más. Usted decide pagar las cuotas escolares de todos sus nietos. ¿Es posible que su hijo mayor sienta que usted está dedicando más a sus hermanos y hermanas porque tienen unas familias más numerosas? O si tiene un hijo o hija que tiene un buen sueldo y otro que es profesor de música, ¿complementaría los ingresos del músico para que tenga un estilo de vida similar al de su hermano o hermana? ¿Podría sentir el que tiene un buen sueldo que se le está penalizando por su prosperidad? En el negocio operativo de la familia, ¿habría que pagar a los miembros de la familia el mismo salario o un salario acorde con su cargo y título?

Todos los hijos desean que sus padres les quieran y estén orgullosos de ellos. Si el dinero se comparte haciendo diferencias, tendemos psicológicamente a asimilar la dotación de dinero con el amor. Dicho de otro modo: el dinero puede convertirse, de manera inadvertida y sin querer, en un medidor del éxito, el amor, la aprobación y la justicia.

Aspectos que sopesar

La igualdad absoluta puede ser muy difícil de conseguir, porque hay muchas variables y posibilidades. Trate de dar a sus hijos unas oportunidades similares en términos económicos (salvo en casos de minusvalía, discapacidad u otras circunstancias particulares).

Sea lo más transparente posible acerca de las disposiciones financieras que adopte. Hable del concepto de justicia con sus hijos y lo que significa para usted como familia. Hablar de ello por anticipado y establecer esta interpretación común evita malentendidos en el futuro. Muchos hijos a menudo no descubren qué heredan hasta que sus padres mueren, lo que puede suscitar interrogantes que quedan sin responder. Esto puede provocar resentimiento, o incluso un riesgo de disputas legales y conflictos entre hermanos.

Como cabría esperar, si bien estas conversaciones no son fáciles, las familias que hablan de sus planes o implican a sus hijos adultos en el desarrollo de estos suelen afirmar que los une aún más como familia.

Desde una edad temprana, trate de crear oportunidades de colaboración, en vez de competencia, entre hermanos o primos. Por ejemplo, podría darles una cantidad de dinero conjunta que pueden dar a una organización benéfica, pero tienen que decidirlo por consenso. Si ya tienen más de veinte años, podría darles un importe para invertir con ayuda de un asesor. Tendrán que hablar de cuestiones importantes como sus objetivos para la inversión y su actitud hacia el riesgo y llegar a un acuerdo.

Haga que se identifiquen con un propósito compartido y que sientan una conexión emocional dentro de la familia y hacia los activos familiares. Esto puede empezar con la articulación de sus valores compartidos y cómo influyen en la finalidad de su patrimonio. Organice visitas periódicas de sus hijos al negocio familiar o su participación en proyectos de la fundación benéfica de la familia.

Busque oportunidades para pasar tiempo en familia, divertirse y fortalecer sus relaciones: este nexo de vínculos estrechos y de confianza será importante en momentos de desacuerdo.

Conclusiones clave

Su legado no consiste meramente en sus disposiciones financieras, sino también en las bases que siente para la próxima generación. Las dinámicas familiares representan un reto previsible que podría suscitar conflictos en el futuro, por lo que establecer un plan que involucre y prepare a su familia ayudará a proteger y mejorar su legado.

Esperemos que le haya resultado útil esta información, y si tiene preguntas acerca de dicha información o le gustaría analizar alguno de estos asuntos con mayor profundidad, no dude en ponerse en contacto con su asesor patrimonial, quien le ayudará con mucho gusto.

No hay una estrategia única para todos, ya que todas las familias son únicas. A las familias exitosas les ha resultado útil analizar algunas prácticas concretas y adaptarlas a su situación familiar cuando sea pertinente.

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