Los inversores parecen alentados por las medidas de respaldo político y la economía digital. El COVID-19 también podría haber perdido su capacidad de perturbación.

Estados Unidos está muy lejos de contener el número de infecciones. Sin embargo, los mercados parecen relativamente imperturbables ante el repunte de nuevos casos. En efecto, desde junio, el NASDAQ 100 (un índice con un elevado componente tecnológico) ha marcado 12 nuevos máximos históricos, aun cuando el número de nuevos casos de COVID-19 en Estados Unidos registraba 10 nuevos máximos diarios.

¿Qué está pasando?

Nuestra opinión:

  • Por lo general, los precios de los activos se han visto apuntalados por las medidas de máxima potencia de la Reserva Federal estadounidense, por un rebote sorprendentemente rápido de la actividad económica desde niveles mínimos y por la esperanza de que la carrera mundial sin parangón de la comunidad médica por crear una vacuna o un tratamiento culmine con éxito.
  • La crisis del coronavirus está acelerando la transición de Estados Unidos hacia una economía digital y está consolidando el liderazgo de los valores tecnológicos.
  • Esperamos que la recuperación siga su curso, y no anticipamos una recaída en la recesión (en forma de «W») de cara al futuro. Si bien el consumo podría ralentizarse conforme el virus se propaga hacia zonas que habían mostrado una sólida recuperación económica, las medidas de confinamiento deberían ser ahora más precisas (por ejemplo, cierre de bares y el uso obligatorio de mascarillas), en lugar de medidas generales (obligación de quedarse en casa).
  • Con todo, la volatilidad de mercado probablemente seguirá presente, y no se logrará una plena recuperación económica hasta que no se consiga una solución médica para el COVID-19.

En nuestras perspectivas de mitad de año, señalamos que una segunda ola del COVID-19 podría suponer un grave riesgo para la recuperación económica y para los mercados.

Tras un descenso durante casi dos meses y medio, el número de nuevas infecciones confirmadas de coronavirus en Estados Unidos comenzaron a dispararse en la segunda mitad de junio. A principios de julio, Estados Unidos registraba más de 50.000 nuevos casos diarios, es decir, unos 20.000 casos más que a principios de abril cuando pensábamos que la crisis se hallaba en su punto álgido.

No obstante, en lugar de interpretar esta situación como una segunda ola, deberíamos considerar que el COVID-19 en Estados Unidos se encuentra ahora en la tercera fase de la primera ola:

  1. Primero, el COVID-19 llegó a la Costa Oeste (Seattle) y a los tres estados de la Costa Este (Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut).
  2. A continuación, el virus se propagó hacia los estados del Medio Oeste y del Medio Atlántico.
  3. Hoy en día, las infecciones están repuntando en los estados meridionales y occidentales del llamado «Cinturón del Sol» (en concreto, Arizona, California, Florida y Texas). 

Un dato especialmente importante es que las muertes por COVID-19 han seguido descendiendo incluso cuando los casos confirmados han tendido al alza. Queda por ver si se registrará, con efecto retardado, un aumento del número de fallecidos. Incluso si la tasa de mortalidad está disminuyendo, el COVID-19 sigue suponiendo una grave amenaza para la salud humana.

COVID-19 en Estados Unidos: la tercera fase de la primera ola

Los círculos de línea discontinua señalan las tres fases de la primera ola de coronavirus. Los casos diarios en Texas y California crecieron a una tasa ligeramente inferior al 4%. Fuente: Bloomberg, Johns Hopkins, J.P. Morgan Technical Research. Julio de 2020.
La línea del gráfico muestra los casos de COVID-19 en Estados Unidos del 16 de febrero al 5 de julio de 2020. El gráfico pone de relieve que esta primera ola de casos de COVID-19 puede dividirse en tres «fases» distintas: la primera fase afecta a los estados del Noreste/Noroeste del Pacífico; la segunda fase, a los estados del Medio Oeste/Medio Atlántico; y la tercera (y actual) fase, a los estados del Cinturón del Sol.

En lugar de reimponer la obligación de quedarse en casa como a principios de año, las autoridades políticas han optado por controlar la reapertura económica con medidas como el cierre de bares, la limitación de aforo en las zonas cerradas de restaurantes y la utilización obligatoria de mascarillas en público.

De cara al futuro, parece poco probable que los responsables de la formulación de políticas intenten contener el COVID-19 a través de la reimposición de restricciones que tengan un efecto especialmente perturbador en la economía, como el confinamiento domiciliario a gran escala. No obstante, cabe la posibilidad de que algunas ciudades o estados no tengan otra alternativa si los casos siguen aumentando.

Ya observamos señales de desaceleración de la actividad económica en los lugares donde la amenaza del coronavirus es elevada. El gasto a través de tarjetas de crédito se ha estabilizado en los estados que registran los brotes más graves. Del mismo modo, el número de horas trabajadas se está ralentizando en los estados más afectados; la movilidad y la participación económica se han estancado.

Resulta difícil anticipar en qué medida la amenaza del virus pondrá freno al consumo, pero parece claro que será muy difícil que se logre una plena recuperación económica sin la contención del virus o sin el desarrollo de una solución médica.

Estancamiento de la movilidad y la participación económica en estados que registran un repunte de casos de coronavirus

Fuente: Banco de la Reserva Federal de Dallas, SafeGraph, Haver. 3 de julio de 2020.
El gráfico de líneas compara la media del índice de movilidad y participación para los estados de Florida (FL), Texas (TX), Carolina del Sur (SC) y Arizona (AZ) con la de los estados de Connecticut (CT), Nueva York (NY), Nueva Jersey (NJ) y Pensilvania (PA) del 15 de enero al 3 de julio de 2020. Las líneas se mueven al unísono: comienzan en un nivel cercano a cero a principios de año y descienden drásticamente de marzo a abril (como consecuencia del COVID-19 en Estados Unidos). Desde entonces, la primera línea (que representa los estados FL, TX, SC, AZ) tiende al alza, pero parece estancarse a partir de junio, mientras que la segunda línea (CT, NY, NJ, PA) aumenta de manera ininterrumpida.

Los mercados operan basándose en ciertas premisas: las compañías tecnológicas y los negocios con capacidades digitales serán los «ganadores» relativos; los responsables de la formulación de políticas harán todo lo necesario para respaldar los ingresos y la disponibilidad de crédito; y la probabilidad de lograr una solución médica para la crisis del COVID-19 va en aumento. En otras palabras, los mercados superarán esta crisis en algún momento, así que cuanto antes, mejor1.

En los primeros compases de junio, cuando el virus parecía ampliamente contenido, los valores cíclicos más expuestos a la economía tangible (por ejemplo, interacción física, viajes, financiación a pequeñas y medianas empresas) comenzaron a acortar distancia con las compañías expuestas a los medios digitales y la tecnología que se encuentran más protegidas frente a la amenaza económica del virus. En la actualidad, esos valores han cedido la mayor parte del terreno ganado. El rezago de los bancos con respecto al mercado general casi roza el nivel alcanzado durante los peores días de la crisis financiera mundial.

Mientras tanto, los valores tecnológicos siguen marcando nuevos máximos.

La economía digital triunfa en el mundo del COVID-19; la economía «real» pierde

Fuente: Bloomberg, NYSE, S&P, KBW. 6 de julio de 2020. El índice FANG+ incluye TSLA, AMZN, NFLX, BABA, BIDU, AAPL, NVDA, GOOGL, FB y TWTR.
El gráfico de líneas compara los índices FANG+, S&P 500 y de los bancos estadounidenses desde diciembre de 2019 hasta julio de 2020. El gráfico pone de relieve que, desde marzo de 2020, FANG+ (que incluye los valores TSLA, AMZN, NFLX, BABA, BIDU, AAPL, NVDA, GOOGL, FB y TWTR) ha mostrado un mejor comportamiento que los otros índices.

En el universo de renta fija, los diferenciales de la deuda con calificación investment grade y de alto rendimiento han registrado una modesta ampliación. Sin embargo, los esfuerzos de la Reserva Federal parecen haber amortiguado el impacto. De igual modo, los rendimientos de la deuda soberana han revelado una buena trayectoria.

A escala internacional, Europa no ha despuntado de forma significativa con respecto a Estados Unidos durante el reciente repunte de casos de COVID-19, aunque la mayoría de los países europeos parecen estar conteniendo el virus con mayor eficacia. La situación sugiere que el respaldo político y la exposición a la economía digital representan las características más importantes para los mercados en estos momentos.

A decir verdad, nos ha extrañado en cierto modo que el repunte de casos de coronavirus en California, Arizona, Texas, Florida y muchos otros estados no haya provocado olas de ventas más drásticas. De hecho, el único día de verdadero pánico para los inversores durante el reciente pico de infecciones fue el 11 de junio, cuando el mercado se desplomó un 6% en un solo día.

¿Es posible que el COVID-19 haya perdido parte de su capacidad de perturbación?

Los casos están aumentando en Estados Unidos, pero Europa y Asia han logrado contener el virus. La contención parece posible, si existe voluntad individual y política. 

Tal vez los inversores albergan la esperanza de que la solución se halle a la vuelta de la esquina. La mayor parte de los expertos sanitarios parecen creer en estos momentos que el tratamiento y la vacuna para el COVID-19 son, más que una posibilidad, una mera cuestión de tiempo. Cualquiera de ellos representaría una resolución contundente del problema actual. Esos valores más expuestos a la economía tangible resultarían los más beneficiados de un avance médico. 

Existe una mayor sensación de seguridad económica. El respaldo político en Estados Unidos parece haber reemplazado con relativo éxito los ingresos tanto de las empresas como de los consumidores. Además, las compañías que integran la mayor parte de los índices de inversión están relativamente protegidas de los efectos económicos tangibles e incluso podrían estar ampliando sus ya impresionantes cuotas de mercado. En cuanto a los parámetros tradicionales, la tasa de desempleo ha caído durante dos meses consecutivos, y la creación de empleo ha superado con creces las expectativas.

Existen todavía importantes riesgos de inversión. El que más nos preocupa es la posibilidad de que el Congreso no apruebe una cuarta ronda de respaldo fiscal que prorrogue el subsidio por desempleo y proporcione fondos a los gobiernos estatales y locales. Para ilustrar la importancia del respaldo gubernamental, cabe mencionar que los ingresos personales crecieron en abril y mayo. No cabe duda de que, en la mayoría de las recesiones, suele ocurrir lo contrario.

No cabe duda tampoco de que se avecinan turbulencias. Si bien Estados Unidos y el resto del mundo se esfuerzan por hallar una solución a esta histórica pandemia del coronavirus, nosotros nos mantenemos centrados en nuestros principales temas de inversión:

  • Navegar la volatilidad
  • Encontrar rendimiento
  • Invertir en tendencias duraderas que impulsarán la recuperación

Póngase en contacto con su equipo de J.P. Morgan si desea conocer cómo estas reflexiones podrían ayudarle a conseguir sus objetivos a largo plazo. 

1 Uno de los artistas que descubrimos durante la cuarentena fue Logan Ledger. El mérito de esa analogía es todo suyo.