Si los políticos y periodistas progresistas quieren defender una redistribución de la renta aumentando los tipos a un 70% a las rentas más altas, pues adelante: Just do it. Pero que no utilicen como justificación el argumento de que “en el pasado, los tipos aplicables a los ricos eran mucho más altos”: antes el 1% más rico pagaba más o menos la misma cantidad en relación con su renta que ahora.

Por otro lado, si quieren defender un impuesto sobre el patrimonio a los hogares con activos por encima de 50 millones de dólares (como ahora propone Elizabeth Warren), pues adelante: Just do it. Pero si pretenden justificar estos impuestos basándose en los trabajos de Sáez, Piketty y Zucman, que sean conscientes de sus limitaciones y de las dudas acerca de sus presunciones y metodología que han señalado el Tesoro estadounidense, la Reserva Federal, el Comité Conjunto sobre Fiscalidad y los profesores de la Universidad de Columbia.

Seguro que ya han leído artículos proponiendo aumentar el impuesto sobre la renta al 70% por encima de cierto umbral. Los políticos y los periodistas progresistas tienen todo el derecho a defender estos impuestos como forma de redistribuir la renta (aunque debe quedar claro que el impuesto federal sobre la renta de Estados Unidos ya es bastante progresivo, y sigue siéndolo incluso después de realizar ajustes para reflejar los impuestos a nivel estatal y local1).  Sin embargo, si justifican estas medidas con la idea de que “lo único que haríamos sería volver a los tipos fiscales más equitativos del pasado”, entonces tendremos que advertir que su análisis de los datos es bastante mediocre, lo que resulta irónico, teniendo en cuenta que muchas de estas personas y artículos suelen culpar a los demás de distorsionar los datos.

Es cierto que los tipos impositivos sobre el 1% de hogares más ricos eran mucho más altos antes. Sin embargo, este dato carece de cualquier utilidad si no comprendemos el efecto del resto de la legislación fiscal en relación con los tramos2 y las deducciones. La Oficina Presupuestaria del Congreso estadounidense calcula los “tipos impositivos efectivos”, un concepto bastante sencillo: es la cifra total de impuestos que se paga como porcentaje de la renta. Tal y como se muestra en el primer gráfico, cuando el tipo legal federal más alto ascendía al 70% en 1979, los tipos impositivos efectivos sobre el 1% más rico de la población eran aproximadamente iguales que los de ahora. Hasta Sáez y Piketty (hablaremos de ellos en mayor profundidad más adelante) muestran que los tipos impositivos efectivos sobre el 1% más rico no eran mucho más altos en los años 50 si se incluyen todos los impuestos federales, estatales y locales sobre la renta, seguridad social, bienes inmuebles, impuestos especiales y otros (segundo gráfico). En conclusión: el histórico no proporciona un precedente de tipos fiscales marginales del 70% si se comparan magnitudes equivalentes, y la gente debería dejar de afirmar lo contrario3. Sería mejor basar los argumentos en el futuro, no en el pasado.

Gráfico que utiliza dos líneas para comparar el tipo de gravamen máximo del impuesto de sociedades federal y el tipo de gravamen federal efectivo para el 1% más acaudalado desde 1979 hasta 2015. En todos los años, el tipo de gravamen efectivo ha sido significativamente más bajo frente al tipo legal.

Gráfico lineal que muestra la evolución del tipo de gravamen efectivo, incluidos todos los impuestos federales, estatales y locales, para el 1% más acaudalado desde 1955 hasta 2015.

Impuestos sobre el patrimonio. La senadora Elizabeth Warren4 ha anunciado un plan para establecer un impuesto sobre el patrimonio del 2%, aplicable a los activos de los hogares que superen los 50 millones de dólares (ver Anexo sobre la constitucionalidad del impuesto sobre el patrimonio, y posibles alternativas). Según un artículo del Washington Post publicado en el mes de enero, el plan de Warren se basa en los trabajos de Sáez, Piketty y Zucman, algunos de los cuales asesoran directamente a la Senadora. En septiembre de 2017 ya mencionamos los trabajos de estos economistas5. Resulta que no es tan fácil obtener datos sobre el patrimonio de las personas por su nivel de renta, y que estas estimaciones requieren una gran cantidad de suposiciones.

Los economistas de la Reserva Federal que también han estudiado la distribución de la riqueza en Estados Unidos han publicado una refutación contundente del análisis de Sáez y Piketty, en la que expresan su preocupación por lo poco que se ha cuestionado su metodología, o la sensibilidad de sus resultados a cambios en las suposiciones6, y concluyen que los métodos de Sáez pueden derivar en resultados “improbables”. Otros enfoques alternativos para obtener la cuota de riqueza correspondiente al 1% que mostramos en el primer gráfico, también apuntan a altas concentraciones de riqueza, pero parece que éstas no han cambiado demasiado desde los años 60, en contraste con el análisis de Sáez y Piketty.

Otros investigadores han analizado el trabajo de Sáez sobre la desigualdad de la renta. En una nueva refutación, los economistas del Tesoro estadounidense y el Comité Conjunto sobre Fiscalidad presentan una imagen muy distinta de la desigualdad en la distribución de la renta que los resultados ampliamente citados de Sáez y Piketty7, que mostramos en el segundo gráfico. Los autores del Tesoro y del Comité Conjunto sobre Fiscalidad estadounidense afirman haber logrado una medición más exacta de la renta: han eliminado las distorsiones derivadas de la modificación de las normas fiscales que afectaron al número de declarantes y han ampliado la definición de qué constituye “renta”. Su conclusión es que el incremento de la desigualdad en la distribución de la renta desde los años 60 asciende a tan sólo una décima parte de los resultados publicados por Sáez y Piketty. El artículo del Tesoro y del Comité Conjunto sobre Fiscalidad estadounidense describe cómo Sáez utiliza datos de declaraciones fiscales sin ajuste alguno para obtener distintos niveles de renta: “Estos resultados muestran que las mediciones basadas en las declaraciones fiscales sin ajuste alguno presentan una versión distorsionada de las tendencias de desigualdad, ya que los niveles de renta comunicados en las declaraciones fiscales son sensibles a los cambios en las leyes fiscales, e ignoran fuentes de renta situadas fuera del sistema impositivo sobre la renta de las personas físicas.”

Gráfico de tres líneas que muestra la evolución de la proporción de la riqueza nacional que posee el 1% más acaudalado, medida por el método de capitalización, el método de la encuesta de finanzas de consumo y el método del multiplicador del impuesto sobre sucesiones.

Gráfico de dos líneas que muestra el porcentaje de la renta nacional total obtenida por el 1% más acaudalado desde 1960 hasta 2015, medido por los métodos Saez/Piketty y Tesoro/JCT.
Tal vez uno de los efectos más corrosivos del actual gobierno es lo que ha bajado el listón de las declaraciones falsas o engañosas. Tras observar el primer gráfico8 puede que las exageraciones, el sesgo académico y unas afirmaciones engañosas sobre cuestiones fiscales no escandalicen a nadie. En cualquier caso, ninguno de los dos principales partidos tiene un pasado intachable en lo que se refiere a decir la verdad9. Además, como ilustra el segundo gráfico, basado en datos empíricos10, es posible que nos dirijamos a la campaña presidencial con más carga ideológica de los últimos 100 años. Nuestra conclusión: No se crean todo lo que leen.

Gráfico lineal que muestra el aumento en el número acumulado de afirmaciones falsas o engañosas realizadas por el presidente Trump desde enero de 2017 hasta enero de 2019, según el Washington Post. El dato es superior a 8.000.

Gráfico lineal que evalúa el grado de inclinación conservadora o liberal de los gobiernos desde 1924 hasta la actualidad y de progresismo de los principales candidatos demócratas que aspiran a la designación para la candidatura presidencial para 2020.

Anexo: Constitucionalidad de los impuestos sobre el patrimonio, y alternativas de facto

La primera reacción de muchas personas ante la idea de un impuesto sobre el patrimonio es que probablemente sea anticonstitucional, dado que la 16ª Enmienda sólo aprueba los impuestos sobre la renta, y las disposiciones constitucionales anteriores prohíben a los estados establecer impuestos que no se asignen según el mismo ratio. No obstante, algunos expertos fiscales ya han identificado alternativas a un impuesto sobre el patrimonio, utilizando métodos de integración patrimonial. En otras palabras, en estos métodos en lugar de gravarse directamente el patrimonio, éste se utiliza como dato para calcular el impuesto sobre la renta con la idea de llegar a un resultado similar. Este enfoque podría en apariencia equivaler al establecimiento de un Impuesto sobre el Patrimonio, pero un artículo reciente publicado por un catedrático de Derecho de la Universidad de Ohio State ha rechazado las posibles objeciones a la constitucionalidad de la integración patrimonial impositiva, argumentando que la 16ª Enmienda no la prohíbe, y que rechazarla exigiría a los Tribunales derogar la doctrina constitucional ya asentada11. Este autor incluso afirma que, dado que es probable que los Tribunales acepten los métodos de integración patrimonial, deberían permitir al Congreso gravar directamente el patrimonio. Bienvenidos a 2019. Los probables candidatos para un impuesto de integración patrimonial son la eliminación gradual de las deducciones para los que superen un determinado umbral de patrimonio o el incremento de los tipos impositivos marginales en base a tramos de patrimonio. Además, la definición de patrimonio podría exigir que los activos líquidos se valoren mark-to-market, imponiendo sobre los contribuyentes un impuesto de facto sobre el patrimonio, con independencia de que los activos se vendan o no. Para estas familias probablemente se igualen los tipos aplicables a la renta y los tipos sobre las plusvalías.