Entre el estancamiento político y la falta de grandes reformas, Jair Bolsonaro llega al medio año de gobierno en Brasil sin mucho que celebrar.

El Pulso de América Latina – Bolsonaro entre la ilusión y la decepción

LOS PRODUCTOS DE INVERSIÓN NO ESTÁN ASEGURADOS POR LA FDIC, NO TIENEN GARANTÍA BANCARIA Y PUEDEN PERDER VALOR. Favor de leer otra información importante, que puede encontrarse en el enlace al final de la transmisión de audio.

El primero de julio el Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, cumplió seis meses en el poder y para decepción de muchos no ha podido producir un buen motivo para celebrar: su principal reforma, la que en gran medida definirá su presidencia, todavía no ha sido aprobada, y la economía sigue perdiendo dinamismo, con las más recientes proyecciones de crecimiento para el 2019 cayendo a menos de un tercio de donde comenzaron el año. Si a esto le sumamos una situación política compleja e impredecible, entorpecida por algunas decisiones debatibles, y un deterioro en los niveles de confianza del consumidor, las perspectivas de Brasil a corto plazo no son particularmente alentadoras.

 

Bienvenidos a una nueva presentación de audio de El Pulso de América Latina. Mi nombre es Franco Uccelli, y soy el Director Ejecutivo y Jefe de Estrategia de Inversiones de Clientes Latinoamericanos de J.P. Morgan Private Bank. Hoy, haremos una evaluación de los primeros seis meses de Bolsonaro en el poder y de los diversos desafíos, tanto en el ámbito económico como en el político, que todavía tiene pendientes.

 

La llegada de Bolsonaro a la presidencia el primero de enero de este año despertó mucha ilusión y generó grandes expectativas. Luego de muchos años de gobiernos izquierdistas y experimentos de política fallidos, los brasileños vieron en Bolsonaro una gran oportunidad de adoptar un cambio de rumbo capaz de sacar a Brasil de un periodo oscuro y enrumbarlo nuevamente en la senda del desarrollo y el bienestar colectivo. Después de todo, para mucha gente Brasil sigue siendo el país del futuro, con un potencial enorme y una fortaleza única para llegar a ser un verdadero coloso de la economía global. Y fue en Bolsonaro en quien reposaron sus esperanzas de alcanzar ese futuro lo antes posible. Pero el camino hasta ahora no ha sido para nada fácil. Pugnas políticas internas y decisiones apresuradas y en muchos casos improvisadas han generado obstáculos importantes, al punto en que muchos de aquellos que apoyaron a Bolsonaro en sus primeros días en la presidencia se sienten ahora frustrados y decepcionados, lo que ha ocasionado una caída notoria en sus índices de apoyo popular.

La primera gran desilusión, sobre todo entre los grandes grupos de poder económico, ha estado atada a la incapacidad de Bolsonaro, al menos hasta el momento, de conseguir la aprobación de una muy urgente reforma del sistema de pensiones, el que se ha convertido en un muy pesado lastre para el fisco. Con unas finanzas públicas sumamente débiles y altamente deficitarias habiendo alcanzado ya el punto de la insostenibilidad, el gobierno no tiene mayor alternativa que reducir el costo fiscal de las pensiones a través de una reforma integral. El problema es que conseguir la aprobación de una reforma de gran envergadura por un congreso fragmentado donde el gobierno no tiene mayoría ha sido sumamente complicado. Además, la capacidad de negociar y la habilidad de forjar alianzas legislativas del gobierno han sido insuficientes, causando gran preocupación que la reforma propuesta por Bolsonaro y su equipo tenga que ser diluida de forma sustancial para poder ser aprobada, lo que a su vez podría no generar el ahorro necesario para restablecer el orden fiscal.

Por otro lado, el alto nivel de desempleo en Brasil está afectando la demanda y el consumo doméstico, y las disputas políticas, incluso dentro del mismo gobierno, donde parecen haber surgido varias facciones, así como algunas medidas puramente populistas, están generando incertidumbre sobre la implementación de las políticas económicas pro-mercado del gobierno. Todo esto, inevitablemente, está impactando de forma negativa las decisiones de inversión del sector privado. Como resultado, la economía está creciendo muy por debajo de lo que se tenía previsto hace escasos seis meses y muy por debajo de su potencial real estimado.

Aunque la aprobación de la reforma previsional pendiente probablemente tendría un efecto positivo a corto plazo, el ahorro fiscal real que generaría sigue siendo altamente incierto y sus beneficiosos tangibles solo se apreciarían a largo plazo. Más allá de la reforma de pensiones, lo que no queda claro es si Bolsonaro podrá unificar y ejecutar una visión pro-mercado que le permita a Brasil consolidar un crecimiento económico sostenible y equitativo. Aunque seis meses son muy pocos para llegar a conclusiones permanentes, hasta el momento el gobierno de Bolsonaro parece haber generado más preocupaciones y preguntas que soluciones y respuestas. A pesar de que los ingredientes para preparar un gran festín parecen estar al alcance de Brasil, la pregunta es si Bolsonaro podrá encontrar la receta adecuada para evitar que se le queme el pastel.

La llegada de Bolsonaro a la presidencia el primero de enero de este año despertó mucha ilusión y generó grandes expectativas. Luego de muchos años de gobiernos izquierdistas y experimentos de política fallidos, los brasileños vieron en Bolsonaro una gran oportunidad de adoptar un cambio de rumbo capaz de sacar a Brasil de un periodo oscuro y enrumbarlo nuevamente en la senda del desarrollo y el bienestar colectivo. Después de todo, para mucha gente Brasil sigue siendo el país del futuro, con un potencial enorme y una fortaleza única para llegar a ser un verdadero coloso de la economía global. Y fue en Bolsonaro en quien reposaron sus esperanzas de alcanzar ese futuro lo antes posible. Pero el camino hasta ahora no ha sido para nada fácil. Pugnas políticas internas y decisiones apresuradas y en muchos casos improvisadas han generado obstáculos importantes, al punto en que muchos de aquellos que apoyaron a Bolsonaro en sus primeros días en la presidencia se sienten ahora frustrados y decepcionados, lo que ha ocasionado una caída notoria en sus índices de apoyo popular.

La primera gran desilusión, sobre todo entre los grandes grupos de poder económico, ha estado atada a la incapacidad de Bolsonaro, al menos hasta el momento, de conseguir la aprobación de una muy urgente reforma del sistema de pensiones, el que se ha convertido en un muy pesado lastre para el fisco. Con unas finanzas públicas sumamente débiles y altamente deficitarias habiendo alcanzado ya el punto de la insostenibilidad, el gobierno no tiene mayor alternativa que reducir el costo fiscal de las pensiones a través de una reforma integral. El problema es que conseguir la aprobación de una reforma de gran envergadura por un congreso fragmentado donde el gobierno no tiene mayoría ha sido sumamente complicado. Además, la capacidad de negociar y la habilidad de forjar alianzas legislativas del gobierno han sido insuficientes, causando gran preocupación que la reforma propuesta por Bolsonaro y su equipo tenga que ser diluida de forma sustancial para poder ser aprobada, lo que a su vez podría no generar el ahorro necesario para restablecer el orden fiscal.

Por otro lado, el alto nivel de desempleo en Brasil está afectando la demanda y el consumo doméstico, y las disputas políticas, incluso dentro del mismo gobierno, donde parecen haber surgido varias facciones, así como algunas medidas puramente populistas, están generando incertidumbre sobre la implementación de las políticas económicas pro-mercado del gobierno. Todo esto, inevitablemente, está impactando de forma negativa las decisiones de inversión del sector privado. Como resultado, la economía está creciendo muy por debajo de lo que se tenía previsto hace escasos seis meses y muy por debajo de su potencial real estimado.

Aunque la aprobación de la reforma previsional pendiente probablemente tendría un efecto positivo a corto plazo, el ahorro fiscal real que generaría sigue siendo altamente incierto y sus beneficiosos tangibles solo se apreciarían a largo plazo. Más allá de la reforma de pensiones, lo que no queda claro es si Bolsonaro podrá unificar y ejecutar una visión pro-mercado que le permita a Brasil consolidar un crecimiento económico sostenible y equitativo. Aunque seis meses son muy pocos para llegar a conclusiones permanentes, hasta el momento el gobierno de Bolsonaro parece haber generado más preocupaciones y preguntas que soluciones y respuestas. A pesar de que los ingredientes para preparar un gran festín parecen estar al alcance de Brasil, la pregunta es si Bolsonaro podrá encontrar la receta adecuada para evitar que se le queme el pastel.

Muchas gracias por su atención y hasta pronto.

Y ahora, escuchemos una información importante:

Este audio se ha preparado con fines informativos solamente, y es una comunicación en nombre de J.P. Morgan Securities LLC, miembro de FINRA y de SIPC. Las visiones que se describen pueden no ser adecuadas para todos los inversionistas y no constituyen asesoría de inversión personal ni pretenden ser una invitación a ofertar, ni una recomendación. Las perspectivas y rentabilidades pasadas no son garantía de resultados futuros. Este no es un documento de análisis de inversiones. Favor de leer otra información importante, que puede encontrarse aquí: www.jpmorgan.com(barra)LAPdisclosures

Escuche el audio con el episodio de esta semana, “Seis meses de Bolsonaro”.

En seis meses de gobierno, las derrotas del presidente brasileño Jair Bolsonaro sobrepasan las victorias. La esperada reforma de pensiones, que en gran medida podría definir su presidencia, todavía no ha sido aprobada, y la economía sigue perdiendo dinamismo.

“Las más recientes proyecciones de crecimiento para el 2019 han caído a menos de un tercio de donde comenzaron el año”, dice Uccelli. “Si a esto le sumamos una situación política compleja e impredecible, entorpecida por algunas decisiones debatibles, y un deterioro en los niveles de confianza del consumidor, las perspectivas de Brasil a corto plazo no son particularmente alentadoras”.

La llegada de Bolsonaro a la presidencia el primero de enero despertó ilusión y generó grandes expectativas entre la parte del electorado deseoso de un cambio y ansioso ante el deterioro de la economía. La caída notoria en sus índices de aprobación popular reflejan la aparente falta de capacidad del gobierno de Bolsonaro para negociar y forjar alianzas legislativas que le permitan alcanzar una reforma previsional consensuada.

“Aunque seis meses son muy pocos para llegar a conclusiones permanentes, hasta el momento el gobierno de Bolsonaro parece haber generado más preocupaciones y preguntas que soluciones y respuestas”, concluye Uccelli.