Pasamos el ecuador del presente año con una revisión a la baja de las grandes economías de la región. Pero el 2019, hasta ahora, también ha dado alguna sorpresa positiva.

El primer semestre del 2019 fue un periodo cargado de sorpresas para América Latina, algunas buenas, y otras no tan buenas. Mientras que entre las buenas destaca el cambio de rumbo que tomó la política monetaria de los Estados Unidos, algo que en principio debería mantener los costos financieros internacionales relativamente bajos y seguir nutriendo el actual ciclo expansivo, entre las no tan buenas figura la reciente revisión a la baja de las proyecciones de crecimiento de las tres economías más grandes de la región latinoamericana. A pesar de gozar de algunas similitudes, cada una de estas economías tiene cualidades y defectos propios, inspirados por historias distintas llenas de sazón local. En esta nota, haremos un repaso de los principales acontecimientos que han impactado, para bien o para mal, a las más grandes economías de América Latina en lo que va del 2019 y resaltaremos los eventos que podrían afectar la dirección que cada una de ellas podría tomar en la segunda mitad del año.

Brasil, por mucho la economía más grande de la región, juramentó a un nuevo presidente, Jair Bolsonaro, el 1 de enero. Después de muchos años de gobiernos izquierdistas, la llegada al poder de un derechista que a pesar de su populismo prometió un programa económico ortodoxo, entusiasmó a los mercados y a los brasileños deseosos de que se diera un cambio en la cúpula del poder político. Desde el primer día, el principal desafío de Bolsonaro ha sido conseguir la aprobación de una reforma previsional que ayudase a restablecer el orden y la disciplina fiscal. Pero el proceso no ha sido para nada fácil. Al no contar con una mayoría parlamentaria, las negociaciones de Bolsonaro con la oposición han sido espinosas. Aunque la mayoría de expertos le asigna una alta probabilidad a la aprobación de la reforma en los próximos meses, lo que no está claro es qué versión de la reforma será ratificada y si ésta será capaz de producir el ahorro fiscal que el gobierno urgentemente necesita. Para muchos, una reforma excesivamente diluida sería insuficiente. Ante la incertidumbre política interna, decepcionantes cifras económicas en lo que va de año y un entorno global más complicado de lo previsto, el producto interior bruto de Brasil probablemente solo crezca 0.7% este año, muy inferior al crecimiento potencial de 2.0% y a nuestra proyección inicial de 2.3%.

Mientras tanto, en México, donde el Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tomó posesión un mes antes que Bolsonaro lo hiciera en Brasil, la incertidumbre que ha generado el nuevo gobierno y las amenazas recientes del Presidente Trump de imponerle aranceles comerciales a las importaciones mexicanas si el gobierno de AMLO no toma medidas más firmes para restringir la migración irregular a los Estados Unidos, han reducido las inversiones privadas y como consecuencia la vitalidad de la economía. Si a esto le sumamos un sector petrolero debilitado por los problemas estructurales de la emblemática Pemex, la moderación del crecimiento en los Estados Unidos y el atraso en la ratificación del nuevo NAFTA, el resultado ha sido la desaceleración de la actividad local y el consecuente recorte de las proyecciones de expansión económica para el 2019 a tan solo 1.0%, bastante inferior al 1.9% que se anticipaba al cierre del año pasado y al 2.4% de crecimiento potencial calculado.

De los tres países más grandes de América Latina, solo uno de ellos, Argentina, tendrá elecciones presidenciales este año. El Presidente Mauricio Macri, de corte conservador y políticas públicas pro-mercado, está buscando la reelección en un difícil momento en el que la economía aún no termina de recuperarse de una crisis económica y financiera muy profunda. En medio de una recesión, y ante una oposición populista con mucha tenacidad y amplio apoyo popular, Macri tendrá que persuadir al electorado de que su visión económica conservadora todavía tiene relevancia, a pesar de su intento fallido de devolver a Argentina a la senda de la estabilidad y el crecimiento. Afligida por la incertidumbre tanto político-electoral como económica, Argentina probablemente se contraiga 1.2% este año, la mitad de lo que se contrajo el año pasado pero muy apartada de su crecimiento potencial de 2.5%.

Más allá de los principales protagonistas de la actualidad económica de América Latina, serán dos de los países de talla media, Chile y Perú, quienes en gran parte gracias a la extracción y comercialización de sus riquezas minerales crecerán entre 3% y 4%. Colombia, con una tradición de buen manejo económico para muchos envidiable, tendrá que contentarse con crecer poco menos de 3%. Entre los restantes, Venezuela extenderá aún más su alarmante colapso vertiginoso, resultado de políticas improvisadas y represivas que favorecen a unos pocos y han producido la búsqueda desesperada de refugio de millones de sus ciudadanos en países vecinos. Uruguay, por su parte, crecerá, pero poco, en un año electoral con poca definición y con algo de suerte podrá igualar los promedios de expansión regionales. Por último, el sol brillará vigoroso en las playas centroamericanas y caribeñas, como es ya costumbre, permitiéndole a la región crecer cerca de 3.5%, impulsada por Panamá y la República Dominicana, que si de algo no se cansan es de crecer mucho más que sus pares de mayor envergadura. 

Con algunas, aunque pocas, notables excepciones, la primera mitad del 2019 ha sido un periodo desafiante para las economías de América Latina. Entre las más grandes y poderosas, tanto Brasil como México empezaron el año con sendos nuevos presidentes, el primero considerado un populista de derecha y el segundo un populista de izquierda. A pesar de sus amplias diferencias ideológicas, ninguno de los dos gobernantes ha podido, al menos hasta el momento, implementar reformas capaces de impulsar el crecimiento de sus respectivas economías. Argentina, por su parte, sigue sufriendo los estragos de una crisis muy severa de la que difícilmente podrá recuperarse antes de una contienda electoral que rápidamente se avecina y cada vez genera más incertidumbre y ansiedad entre inversionistas, tanto nacionales como internacionales. Con dos de los tres colosos de América Latina, Brasil y México, creciendo modestamente y el tercero, Argentina, contrayéndose, es poco lo que podrán hacer los países de talla media y pequeña para inflar los promedios regionales. Es por eso que se proyecta que América Latina crecerá solo 0.9% este año, un nivel inferior al 1.3% que alcanzó en el 2018 y muy por debajo de su crecimiento potencial de 2.3%. A pesar de que la expectativa inicial fue que América Latina se haría camino al andar en el 2019, todo hace parecer que tendrá que conformarse con hacerlo al gatear.