La moderación del consumo y el limitado personal disponible en puertos y aduanas, están afectando las exportaciones en países como Perú y Chile, vulnerables a la volatilidad de la demanda de materias primas.

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Cuando todo hacía parecer que los mercados financieros internacionales podrían finalmente recuperarse de las consecuencias tóxicas de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China y enfocarse en un entorno macroeconómico global que mostraba nuevamente señales alentadoras de vitalidad, China tosió y el resto del mundo se estremeció. Una cepa de coronavirus altamente contagiosa brotó en diciembre en Wuhan, en el corazón de China, infectando a más de 80,000 personas y causándole la muerte a cerca de 3,000 individuos, la mayoría de ellos en la misma China. La Organización Mundial de la Salud ha declarado que la actual crisis del coronavirus constituye una emergencia mundial y el gobierno chino, así como el de otros países, ha tomado medidas muy severas para evitar su propagación y contagio.

Bienvenidos a una nueva presentación de audio de El Pulso de América Latina. Mi nombre es Franco Uccelli, y soy el Director Ejecutivo y Jefe de Estrategia de Inversiones de Clientes Latinoamericanos de J.P. Morgan Private Bank. Hoy, haremos una evaluación del posible impacto económico que el coronavirus podría tener en China, el mundo entero y, particularmente, América Latina, donde China ha ganado un protagonismo importante en los últimos años tanto como destino de las exportaciones regionales como uno de los principales proveedores de sus importaciones.

Desde que se identificó el virus a fines del 2019, el gobierno chino ha tomado medidas severas para evitar su contagio masivo, desde el alargamiento de las vacaciones del año nuevo chino hasta la imposición de una cuarentena en las ciudades más afectadas, inmovilizando a más de 60 millones de personas en una región de suma importancia para las cadenas de suministro mundiales. A pesar de la efectividad de la cuarentena, la cual ha ayudado a que más del 90% de nuevos casos de coronavirus se concentren en el centro de China, las duras medidas introducidas por el gobierno han impactado negativamente las perspectivas económicas del país en el corto plazo. El cierre de fábricas por la cuarentena ha mermado la producción industrial y sectores como el turismo y el transporte aéreo están siendo gravemente impactados por la prohibición de entrar o salir de ciertas ciudades chinas. Así mismo, el suministro de alimentos y otros productos de primera necesidad a las zonas más afectadas por el coronavirus está sufriendo trabas por la falta de personal. Como consecuencia de los estragos perpetrados por el coronavirus, J.P. Morgan ha reducido su proyección de crecimiento económico para China en el 2020 de 5.9% a inicios de año a 5.2% hoy, un ajuste bastante importante.

Pero el impacto económico del coronavirus no se limita a China. Al representar 19% del PIB global, las cadenas de suministro de gran parte del mundo están vinculadas de alguna forma u otra a la economía china, y, al desacelerarse el gigante asiático, sus principales socios comerciales han empezado ya a sentir el golpe, especialmente aquellos que tienen una relación directa con la producción china, como los países del sudeste asiático. Por ejemplo, mientras que importantes fábricas de automóviles de la región han paralizado su producción por problemas de abastecimiento de componentes provenientes de varias ciudades chinas, algunas tiendas minoristas con presencia internacional han decidido cerrar sus puertas para proteger a sus empleados y muchas empresas multinacionales han repatriado a sus empleados expatriados. A pesar de que se espera que el impacto del coronavirus en el crecimiento de la economía china sea del orden de 0.7%, una cifra significativa, el consenso del mercado considera que el impacto en el crecimiento de la economía global será bastante más moderado y no superé el 0.2%. Es importa mencionar, eso sí, que la situación del coronavirus es muy fluida y que por lo tanto hacer proyecciones sobre su posible impacto económico es algo muy complejo, sobre todo si desconocemos a ciencia cierta cuál podría ser el alcance geográfico, la severidad y el tiempo que podría durar la epidemia.

Aunque es muy difícil de medir, el impacto económico del coronavirus ya empezó a sentirse también en América Latina. La moderación del consumo en las zonas en cuarentena y el limitado personal disponible en puertos y aduanas para descargar e inspeccionar mercadería están afectando las exportaciones de la región, particularmente las de países como Perú y Chile que son vulnerables a la volatilidad de la demanda china de materias primas. Asimismo, el precio de commodities industriales como el cobre ha bajado como consecuencia de la menor demanda para su uso en fábricas chinas. Al caer los volúmenes y los precios de algunos de los principales productos de exportación de América Latina, la entrada de divisas también ha disminuido, impactando negativamente la fortaleza de las monedas regionales. Aunque por ahora las consecuencias económicas del coronavirus no han sido demasiado onerosas para América Latina, no se puede descartar que la intensificación de la crisis a nivel mundial podría causar mayores interrupciones en las cadenas de suministro y que esto a su vez podría generar un impacto económico más severo que el que hoy se anticipa.

La conclusión de esta historia es bastante clara y es que más allá de ser una gran tragedia humana, la actual epidemia del coronavirus está teniendo consecuencias económicas difíciles de cuantificar con precisión, al menos por ahora. La situación es sumamente fluida y la volatilidad y la ansiedad que esto está generando en los mercados es formidable, aunque no enteramente novedosa. La historia demuestra que el impacto de las epidemias tiende a ser solo de corto plazo y que a mediano y largo plazo los mercados y las economías responden a ciclos estructurales y no a eventos coyunturales. Es por ello que en lo que se refiere al mundo de las inversiones es importante no perder de vista el objetivo final de la travesía a pesar de los desafíos que puedan surgir a lo largo del camino.  

Muchas gracias por su atención y hasta pronto.    

Este audio se ha preparado con fines informativos solamente, y es una comunicación en nombre de J.P. Morgan Securities LLC, miembro de FINRA y de SIPC. Las visiones que se describen pueden no ser adecuadas para todos los inversionistas y no constituyen asesoría de inversión personal ni pretenden ser una invitación a ofertar, ni una recomendación. Las perspectivas y rentabilidades pasadas no son garantía de resultados futuros. Este no es un documento de análisis de inversiones. Favor de leer otra información importante, que puede encontrarse aquí: 

jpmorgan.com/lapdisclosures

Escuche el audio con el episodio de esta semana, “Volatilidad por virus”.

El impacto económico de COVID-19  ya ha empezado a sentirse en América Latina. “La moderación del consumo en las zonas en cuarentena y el limitado personal disponible en puertos y aduanas para descargar e inspeccionar mercadería, están afectando las exportaciones de la región, particularmente las de países como Perú y Chile que son vulnerables a la volatilidad y demanda de materias primas”.

La situación es sumamente fluida y la volatilidad generada en los mercados es formidable, aunque no enteramente novedosa. “La historia indica que el impacto de las epidemias tiende a ser solo de corto plazo y que a mediano y largo plazo los mercados y las economías responden a ciclos estructurales y no a eventos coyunturales”, concluye Uccelli.

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