La curva de la recuperación que siga al actual periodo recesivo podría tomar una de estas tres formas—una muy rápida en forma de V, una más gradual en forma de U, o una prolongada en forma de L.

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El colapso de la actividad económica en los Estados Unidos y en el mundo entero en el primer semestre del 2020 es ya un hecho ampliamente conocido y reconocido. Hemos pasado ya de la fase final de un ciclo económico muy extenso que alcanzó su punto máximo en febrero a la fase inicial de un nuevo ciclo que comenzó con gran ferocidad en marzo. Por lo tanto, lo más importante ahora para determinar rendimientos futuros es identificar la forma que tomará la recuperación económica que vendrá luego del actual periodo recesivo.

Bienvenidos a una nueva presentación de audio de El Pulso de América Latina. Mi nombre es Franco Uccelli, y soy el Director Ejecutivo y Jefe de Estrategia de Inversiones de Clientes Latinoamericanos de J.P. Morgan Private Bank. Hoy, examinaremos las distintas formas que podría tomar la recuperación económica luego de la recesión y, en base a la asignación de probabilidades, identificaremos el escenario más factible para así definir la estrategia de inversión más apropiada. 

Es bien sabido que las medidas implementadas para controlar la propagación de la pandemia resultarán en una de las contracciones económicas más dramáticas de la historia contemporánea. La caída total en los niveles de actividad dependerá en última instancia de la severidad y la duración de la crisis. Es por ello que los mercados están tratando de descifrar cuál será la magnitud del colapso y cómo será el rebote. Para simplificar el análisis, consideramos que la recuperación podría tener una de tres posibles formas: una muy rápida en forma de V, una más gradual en forma de U y una prolongada en forma de L.

 

La recuperación en forma de V representa la perspectiva más optimista. La economía de Estados Unidos se encontraba en base sólida antes de su cierre por la llegada del COVID-19, y un rebote en forma de V consistiría en un rápido retorno a su nivel de producción previo una vez que se eliminen las restricciones y el distanciamiento social. El crecimiento en la segunda mitad del año compensaría gran parte de la contracción de la primera mitad y la economía se contraería solo ligeramente este año. La recuperación en forma de V pondría el PIB del 2021 en niveles similares a los del 2019, los mercados laborales sanarían rápidamente, y el aumento en el desempleo sería temporal.

Aunque una recuperación en forma de V es ciertamente posible y nuestros modelos econométricos siguen sugiriendo que el pico de la mortalidad en los Estados Unidos podría estar a tan solo un par de semanas, nosotros solamente la vemos como medianamente probable y le asignamos una probabilidad de 30% de que suceda. A nuestro criterio, una recuperación en forma de V requeriría de un estímulo fiscal mayor que el propuesto hasta ahora que apoye aún más a los gobiernos locales y estatales que han visto el colapso de sus ingresos y que reactive prontamente la economía una vez que ésta vuelva a abrir a través de un incremento importante en el gasto en infraestructura. Una recuperación en forma de V implicaría también una memoria histórica muy corta que no prevenga que los consumidores salgan nuevamente a gastar o que estén ansiosos por volver a viajar y que las empresas estén dispuestas a reinvertir en cuanto reabra la economía luego de un período de comportamiento tímido y netamente defensivo.

En la recuperación en forma de U, la cual consideramos como la más realista y por lo tanto le asignamos una probabilidad de 55%, el repunte de la actividad ocurriría de manera más gradual. La producción no volvería a su capacidad máxima con rapidez y el rebote de la segunda mitad de este año no compensaría la fuerte caída de la primera mitad. Una recuperación en forma de U se basa en una mesura en el comportamiento del consumidor y de las empresas una vez que la economía reabra. Es probable que los restaurantes no se llenen rápidamente, que los consumidores duden si deben volver a viajar, y que persista el escepticismo para asistir a reuniones sociales y eventos deportivos. Asimismo, los niveles de desempleo disminuirían, pero solo paulatinamente. En este escenario, el PIB no habría regresado todavía a niveles del 2019 a fines del 2021.

Por último, la recuperación en forma de L, a la que le asignamos una probabilidad relativamente menor de tan solo 15%, representa la perspectiva más pesimista, ya que muestra una debilidad sostenida y un daño más permanente como resultado del cierre de la economía por el COVID-19. El desempleo permanecería alto y el nivel de producción previo a la crisis no se recuperaría completamente por varios años. Este escenario implicaría un sinnúmero de quiebras corporativas y el apoyo insuficiente de las políticas públicas. En la recuperación en forma de L, es muy probable que el virus no se pueda mantener bajo control y que cada vez que se relaja el distanciamiento social, surja un nuevo brote de infección, lo que dificultaría que las empresas puedan mantener sus operaciones constantes y que los consumidores vuelvan a su vida cotidiana previa al cierre. Finalmente, el desarrollo de inmunidad colectiva o una vacuna podrían terminar con la propagación del virus, pero estos sucesos estarían a uno o dos años de distancia cuando menos. En este escenario, la actividad permanecería muy por debajo de los niveles del 2019 hasta después del 2022 y el desempleo se mantendría en niveles no vistos desde la Gran Depresión de los 1930s.

Dado que el virus representa un choque exógeno a la actividad económica a partir del cual la recuperación debería ser más rápida que en las recesiones con causas endógenas que normalmente resultan del exceso de apalancamiento en algunos sectores, nos parece razonable prever una recuperación en forma de U. Es decir una recuperación basada en la reanudación gradual de la actividad económica luego de que las medidas de distanciamiento social empiecen a disminuir. Hemos visto una reactivación gradual de la actividad en Asia y esperamos una reactivación gradual similar en los países occidentales. Esta visión es fundamental para justificar un cambio de rumbo en nuestro enfoque de inversión que nos lleve de la venta defensiva del ciclo tardío que predominaba antes de la pandemia a una estrategia oportunista de compra de activos de riesgo de forma selectiva y cautelosa, validando así el principio básico de que en toda crisis hay siempre oportunidad.

Muchas gracias por su atención y hasta pronto.  

Este audio se ha preparado con fines informativos solamente, y es una comunicación en nombre de J.P. Morgan Secretees LLC, miembro de FINRA y de SIPC. Las visiones que se describen pueden no ser adecuadas para todos los inversionistas y no constituyen asesoría de inversión personal ni pretenden ser una invitación a ofertar, ni una recomendación. Las perspectivas y rentabilidades pasadas no son garantía de resultados futuros. Este no es un documento de análisis de inversiones. Favor de leer otra información importante, que puede encontrarse aquí: 

La caída total en los niveles de actividad dependerá en última instancia de la severidad y la duración de la presente crisis. Es por ello que los mercados están tratando de descifrar cuál será la magnitud del colapso y qué forma tomará el rebote. Para simplificar el análisis, consideramos que la recuperación podría tener una de tres posibles formas: una muy rápida en forma de V, una más gradual en forma de U y una prolongada en forma de L.

Escuche nuestro análisis completo y a cuál de las tres opciones le otorgamos más probabilidad en el episodio de esta semana, “Tres posibles formas de recuperarnos”.

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