La evidencia histórica indica que la evolución de la economía de los Estados Unidos hace caso omiso a la afiliación política de quien ocupa en cada momento la Casa Blanca.

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El martes 3 de noviembre, los electores estadounidenses irán a las urnas para elegir a un nuevo presidente. Para muchos, los próximos nueve meses serán un periodo cargado de  incertidumbre y abundante ruido político, capaces ambos de generar volatilidad tanto en la economía como en los mercados financieros. Es por ello que las expectativas electorales importan, y mucho, en el corto plazo, aunque no está enteramente claro si las consecuencias de la elección a más largo plazo son tan severas como algunos podrían creerlo.

 

Bienvenidos a una nueva presentación de audio de El Pulso de América Latina. Mi nombre es Franco Uccelli, y soy el Director Ejecutivo y Jefe de Estrategia de Inversiones de Clientes Latinoamericanos de J.P. Morgan Private Bank. Hoy, haremos un repaso de las principales lecciones históricas que las más recientes elecciones presidenciales en los Estados Unidos nos han enseñado y, en base a ellas, trataremos de llegar a algunas conclusiones sobre el posible resultado electoral y sobre la medida en que la elección en sí podría afectar la evolución de la economía y los mercados financieros en el corto plazo. 

Un análisis de los resultados electorales de los últimos 100 años muestra que el 72% de los presidentes que buscaron la reelección en los Estados Unidos la ganaron independientemente del partido político al que representaban. Si a ese mismo análisis le añadimos una variable económica y medimos el porcentaje de presidentes que buscaron la reelección en el contexto de una economía sana, es decir sin que haya habido una recesión en los dos años previos a la elección, el porcentaje de presidentes que ganaron la reelección sube a 100%. Aunque la evidencia histórica podría sugerir que el Presidente Trump tiene una muy alta probabilidad de ganar la reelección dada la vitalidad de la economía estadounidense hoy por hoy, es importante resaltar que las experiencias históricas no garantizan resultados futuros, sobre todo si consideramos que Trump ha sido un presidente algo atípico desde el primer día, luego de que ganara la elección presidencial del 2016 a pesar de haber perdido el voto popular y gobernara con un estilo propio y muy poco convencional.

Más allá del resultado electoral en sí, la evidencia histórica muestra que la evolución de la economía de los Estados Unidos ha hecho caso omiso a la afiliación institucional de quien ocupara en su momento la Casa Blanca. En otras palabras, si el presidente fue republicano o demócrata no ha sido un obstáculo para que la economía de los Estados Unidos le fuera fiel a sus tendencias históricas expansivas, a pesar de los esporádicos tropezones, o recesiones para ser más claro, que podría haber sufrido a lo largo del camino. Es más, si hilamos un poco más fino aún podemos ver claramente que no existe una clara correlación entre el crecimiento económico o el retorno del mercado y los resultados electorales. Lo que sí está claro es que los promedios sí arrojan resultados ciertamente alentadores: en los 12 meses posteriores a cualquier elección presidencial en Estados Unidos, en promedio la economía ha crecido 2.7% y el mercado accionario ha producido un retorno acumulado de 6%.

Aunque cualquier proceso electoral genera una dosis de incertidumbre capaz de reducir la actividad económica y desestabilizar los mercados financieros, esos efectos, al menos en el caso de los Estados Unidos, si se dan, tienden a ser solo pasajeros. Eso quiere decir que la economía más poderosa del mundo está bastante bien blindada contra los golpes que le podrían propinar eventos de corte político. A pesar de ello, y de lo que muestran las estadísticas históricas, es probablemente aun prematuro tratar de predecir el resultado de las elecciones presidenciales de noviembre y por lo tanto también lo es tomar decisiones estratégicas de inversión en base a lo podría ser ese resultado. Por otro lado, e independientemente del resultado electoral, es bastante probable que las tendencias económicas de largo plazo se mantengan firmes, lo cual podría generar oportunidades tácticas en el corto plazo de surgir niveles de volatilidad injustificados. 

Como en cualquier parte del mundo, al menos del mundo democrático, las elecciones no se ganan el día antes de la votación, y por ende es imprudente dar supuestos por hechos con tanta antelación. Lo positivo de esta historia es que más allá del proceso electoral, las perspectivas económicas de los Estados Unidos siguen siendo favorables y, como es habitual, están colmadas de oportunidad, tanto en el corto como en el largo plazo.  

Muchas gracias por su atención y hasta pronto.    

Este audio se ha preparado con fines informativos solamente, y es una comunicación en nombre de J.P. Morgan Securities LLC, miembro de FINRA y de SIPC. Las visiones que se describen pueden no ser adecuadas para todos los inversionistas y no constituyen asesoría de inversión personal ni pretenden ser una invitación a ofertar, ni una recomendación. Las perspectivas y rentabilidades pasadas no son garantía de resultados futuros. Este no es un documento de análisis de inversiones. Favor de leer otra información importante, que puede encontrarse aquí:

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Escuche el audio con el episodio de esta semana, “Objetivo: Casa Blanca”.

Aunque las lecciones del pasado no garantizan resultados futuros, la experiencia de la democracia más longeva del planeta indica que la mayoría de los presidentes son reelegidos para un segundo mandato, especialmente en tiempos de bonanza económica. Somos testigos, sin embargo, de momentos - y gobiernos – muy atípicos.

“Podemos ver claramente que no existe una clara correlación entre el crecimiento económico o el retorno del mercado y los resultados electorales”, afirma Uccelli sobre la medida en que la elección en sí podría afectar la evolución de la economía y los mercados financieros en el corto plazo. “Lo que sí está claro es que los promedios arrojan resultados ciertamente alentadores: en los 12 meses posteriores a cualquier elección presidencial en Estados Unidos, la economía ha crecido 2.7% y el mercado accionario ha producido un retorno acumulado de 6%”.

La economía más poderosa del planeta parece estar bien blindada contra los golpes que le podrían propinar eventos de corte político. “Aunque cualquier proceso electoral genera una dosis de incertidumbre capaz de reducir la actividad económica y desestabilizar los mercados financieros, esos efectos, al menos en el caso de los Estados Unidos, si se dan, tienden a ser solo pasajeros”, concluye Uccelli.