Un enemigo común ha subyugado temporalmente al mundo y la única forma de derrotarlo es a través de la virtual paralización de la actividad económica global. Analizamos el daño que podría causar en América Latina.

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En un contexto sumamente fluido e incierto, pretender medir el impacto económico que una crisis podría tener en la economía global, regional o de un país en particular es un ejercicio frustrante y, por qué no decirlo, potencialmente inútil. Pero el deseo de predecir el futuro siempre está presente, y es por ello que dedicamos vidas enteras a tratar de hacerlo. El mundo está atravesando un periodo muy duro y desafiante y como parte de esa nueva realidad América Latina se está enfrentado a un enemigo común muy difícil de contener, que no cree en las fronteras políticas y que es capaz de causar daños inconmensurables, tanto físicos, como emocionales, como económicos.

Bienvenidos a una nueva presentación de audio de El Pulso de América Latina. Mi nombre es Franco Uccelli, y soy el Director Ejecutivo y Jefe de Estrategia de Inversiones de Clientes Latinoamericanos de J.P. Morgan Private Bank. Hoy, con mucha humildad, trataremos de compartir con ustedes una aproximación al daño económico que el COVID-19, el más cruel y cobarde de los males, aquel que no se deja ver pero mata por dentro, sin compasión ni distinción, podría causar en América Latina.

Un enemigo común ha subyugado temporalmente al mundo y la única forma de derrotarlo es a través de la virtual paralización de la actividad económica global. Los países han cerrado sus fronteras e implorado a sus ciudadanos a que limiten todo tipo de interacción social, salvo unas pocas excepciones. Solo así se podrá evitar, o por lo menos disminuir, la propagación del mal. Aunque las motivaciones de esas medidas, en algunos casos draconianas, han sido generalmente nobles, sus consecuencias económicas han sido devastadoras e inmediatas. El mundo ha caído en una profunda recesión cuya severidad y longevidad dependerá de la eficacia de los países de derrotar a ese mal.

Mientras tanto, nuestros economistas, habilidosos y bien intencionados como siempre, han recalibrado sus modelos y llegado a la conclusión de que luego de un primer trimestre desastroso, en el que la economía global probablemente se desplome más de 14%, la contracción será bastante menor en el segundo trimestre, de algo menos de 7%, seguida por una recuperación impresionante de 21% en el tercer trimestre, antes de cerrar el 2020 con una expansión de 6% en el cuarto trimestre. Si la realidad confirma estas cifras, el mundo se contraería 2.6% en el 2020, restringido por las economías desarrolladas, las cuales en su conjunto caerían 4.3%, arrastradas por Estados Unidos, la Zona Euro y Japón. Luego de empezar el año con una caída calamitosa en su producción de casi 41% en el primer trimestre, China repuntará de forma igualmente sorprendente en los nueve meses restantes para finalizar el 2020 en territorio ligeramente positivo, creciendo alrededor de 1% con respecto al 2019.

En resumidas cuentas, se espera que el 2020 se registre en los anales de la historia como un periodo de extremos, tanto en la contracción económica en la primera mitad del año como en la expansión que se anticipa con gran ansiedad en la segunda mitad. Esto, claro está, dependerá de que las autoridades políticas encuentren una solución efectiva y permanente a la crisis sanitaria que hoy aflige al mundo entero. Fácil decirlo, pero muy difícil conseguirlo.

En un mundo globalizado y cada vez más integrado, sería ilusorio pensar que América Latina podría escaparse de esa gran tormenta que empezó en China y que poco a poco ha ido avanzando hacia el occidente infectando a todo territorio que encontró a su paso. Aunque pareciera que China está ya en franca recuperación gracias a políticas de aislamiento social muy restrictivas, es ahora en Europa y Estados Unidos donde se siente el impacto más severo de la crisis. El número de personas afectadas ha crecido de forma agresiva en Estados Unidos y poco a poco se confirman más casos de contagio en América Latina, donde las consecuencias económicas empiezan a sentirse de forma apresurada.

Como en muchas otras partes del mundo, América Latina ya empezó a cerrar sus fronteras y a introducir restricciones que no solo tienen como consecuencia el aislamiento social, pero también limitan severamente la producción y el consumo, al evitar que la gente transite a sus lugares de trabajo o a centros comerciales y de esparcimiento público. Ante esta realidad, la ola recesiva que ha tenido a gran parte de las economías del hemisferio norte paralizadas empieza a llegar, y con fuerza, al continente latinoamericano. Eso ha hecho que la ilusión de que, al menos en lo económico, éste sea un mejor año que el 2019 se desvanezca rápidamente y se convierta más bien en una gran desilusión. Con la economía global en recesión, y más aun con los mercados desarrollados de capa caída, no hay forma de que América Latina no sufra una suerte similar, sobre todo aquellos países que dependen mucho de la venta de commodities en los mercados internacionales o de proveedores de servicios como el turismo que se encuentran entre los más afectados.

A inicios del 2020, nuestra expectativa era que América Latina sería capaz de recuperarse de un 2019 bastante modesto cuando Brasil creció apenas 1% y México no creció del todo, provocando que la región se expandiera a duras penas solo un 0.6%. Nuestra visión en ese momento era que de la mano de nuevas reformas estructurales Brasil duplicaría su crecimiento a 2%, y México, impulsado por una economía estadounidense relativamente sólida, encontraría nuevamente la senda del crecimiento y crecería 1.5%. Con las dos economías que representan 60% del PIB regional mostrando una mayor vitalidad, apostarle a un crecimiento regional de 1.5% parecía razonable. Pero eso fue antes de que el brote de un virus mortal nublara las perspectivas globales a corto plazo. De inmediato, y siguiendo la pauta marcada por los grandes colosos económicos del mundo, nos vimos obligados a revisar nuestras proyecciones macroeconómicas, concluyendo que América Latina no solo no crecería este año, sino más bien que se contraería casi un 4%, con las tres economías regionales más grandes—Brasil, México y Argentina—todas ellas en recesión.

A pesar de que grandes estímulos monetarios y fiscales diseñados para proteger tanto a la economía mundial como a la de América Latina de una hecatombe económica de proporciones mayores están siendo implementados, no será sino hasta después del pitazo final en que sabremos cuál fue el resultado del partido, y solo entonces sabremos a ciencia cierta la magnitud de los estragos que dejó atrás la actual crisis. Aunque algunos ya creen ver la luz al final del túnel, mientras no sepamos cuán largo es ese túnel no sabremos cuánto tiempo más pueda durar la crisis y mucho menos el daño que podría dejar a su paso.  

Muchas gracias por su atención, cuídense, y hasta pronto.    

Este audio se ha preparado con fines informativos solamente, y es una comunicación en nombre de J.P. Morgan Secretees LLC, miembro de FINRA y de SIPC. Las visiones que se describen pueden no ser adecuadas para todos los inversionistas y no constituyen asesoría de inversión personal ni pretenden ser una invitación a ofertar, ni una recomendación. Las perspectivas y rentabilidades pasadas no son garantía de resultados futuros. Este no es un documento de análisis de inversiones. Favor de leer otra información importante, que puede encontrarse aquí: jpmorgan.com/lapdisclosures

Como en muchas otras partes del mundo, América Latina ya empezó a cerrar sus fronteras y a introducir restricciones que limitan severamente la producción y el consumo al restringir el tránsito a lugares de trabajo, centros comerciales y esparcimiento público.

Ante esta realidad, la ola recesiva que ha tenido a gran parte de las economías del hemisferio norte paralizadas, empieza a llegar, y con fuerza, al continente latinoamericano.

Escuche el análisis completo en el episodio de esta semana, “La economía en tiempos del COVID-19.