En el marco de la desaceleración económica mundial, China es la única de entre las mayores economías mundiales que está dando más prioridad a la estabilidad macro que al crecimiento a toda costa.

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Con la esperanza de contrarrestar al menos en parte la desaceleración de la economía global, la Reserva Federal de los Estados Unidos ha reducido la tasa de interés de referencia dos veces en lo que va del 2019 y probablemente lo haga dos veces más en lo poco que queda del año. Mientras tanto, el Banco Central Europeo ha anunciado que comprará más instrumentos de deuda para estimular el crecimiento de la zona euro. De las tres economías más grandes del mundo, China es la única que hasta el momento no ha tomado medidas agresivas para salvaguardar su expansión, como tradicionalmente lo ha hecho cuando los vientos en contra han excedido los vientos a favor.

 

Bienvenidos a una nueva presentación de audio de El Pulso de América Latina. Mi nombre es Franco Uccelli, y soy el Director Ejecutivo y Jefe de Estrategia de Inversiones de Clientes Latinoamericanos de J.P. Morgan Private Bank. Hoy, le echaremos un vistazo a los factores que han motivado el aparente cambio en la estrategia económica de China, dándole una prioridad más alta a la estabilidad macro que a fortalecer el crecimiento a toda costa. 

 

En el pasado, cualquier indicio de que la economía china podría estar desacelerándose fue confrontado por una respuesta de política pública fuerte e inmediata. Mantener un crecimiento robusto, más que garantizar la estabilidad macro, fue habitualmente la prioridad más alta. Pero experiencias recientes muestran que una respuesta demasiado agresiva puede tener consecuencias nocivas. En el 2008, en plena crisis financiera global, el gobierno chino optó por sobre todas las cosas por mantener el crecimiento de dos dígitos que la economía había alcanzado en años previos. Para conseguir su objetivo, las autoridades implementaron una serie de medidas monetarias, como la reducción en las tasas de interés, y fiscales, como un aumento muy importante en el nivel de préstamos bancarios, sobre todo a gobiernos regionales y locales, para que estos recursos sean invertidos en proyectos de infraestructura. Aunque las medidas permitieron mantener el crecimiento económico muy alto, también contribuyeron a que los niveles de endeudamiento en China alcanzaran niveles insólitos, algo que a su vez resultó en la formación de una burbuja en el sector de bienes raíces, una excesiva capacidad industrial y un notable deterioro en la calidad de los activos del sistema bancario. En otras palabras, el gobierno chino consiguió su objetivo de estimular un crecimiento muy elevado, pero el costo de hacerlo fue la generación de excesos y desequilibrios en algunos de los principales sectores de la economía. Tal fue el incremento en el apalancamiento total de China, que algunos observadores lo han descrito como el pecado original del país.

 

Para evitar que se repita o extienda esta situación, de un tiempo a esta parte ha habido un cambio radical en las prioridades estratégicas de China. Es cierto que el gobierno todavía quiere fomentar un alto crecimiento, pero ya no si eso podría generar debilidades que en un futuro podrían gatillar una gran crisis interna. Ante esto, la estabilidad macro a niveles de crecimiento sanos y sostenibles, más que buscar a toda costa propiciar un crecimiento desmedido e insostenible, pareciera ser la nueva prioridad económica del gobierno. Eso no quiere decir que China no esté estimulando el crecimiento económico en lo absoluto—después de todo los encajes bancarios siguen siendo recortados y la disponibilidad de crédito, tanto bancario como no bancario, sigue en ascenso—eso quiere decir que el estímulo de ahora es mucho más enfocado y mejor calibrado. Hoy por hoy, no se trata de estimular por estimular, como se hacía antes, se trata de hacerlo de forma ordenada, eficiente y comedida. 

 

Más allá de tener consecuencias a nivel doméstico, el cambio de rumbo en la estrategia económica china tiene consecuencias trascendentales a nivel internacional. Para empezar, la desaceleración del crecimiento chino, a pesar de ser, al menos por ahora, solo moderada, impacta de manera directa al crecimiento global. Hasta hace poco, un tercio del crecimiento global era gracias a la fortaleza del crecimiento chino. A menor crecimiento interno, menor la contribución de China al crecimiento global, y por ende menor el crecimiento global. Mientras tanto, la decisión de China de moderar la intensidad de su propio estímulo obliga a los otros dos colosos de la economía global a incrementar la intensidad de sus propios estímulos, para así fomentar su crecimiento interno y consecuentemente ayudar a mantener el crecimiento global relativamente firme. Hace una década, China ayudó, quizás involuntariamente, a suavizar el impacto de la crisis global, pero el costo de esa ayuda para China fue tangible al generar ciertos desequilibrios internos, y ahora pareciera ser que China le está cediendo el paso a sus principales contrincantes, como Estados Unidos y Europa, para que sean éstos los que asuman esta vez el precio de mantener la economía global a flote.   

 

Muchas gracias por su atención y hasta pronto.

 

Y ahora, escuchemos una información importante:

 

Este audio se ha preparado con fines informativos solamente, y es una comunicación en nombre de J.P. Morgan Securities LLC, miembro de FINRA y de SIPC. Las visiones que se describen pueden no ser adecuadas para todos los inversionistas y no constituyen asesoría de inversión personal ni pretenden ser una invitación a ofertar, ni una recomendación. Las perspectivas y rentabilidades pasadas no son garantía de resultados futuros. Este no es un documento de análisis de inversiones. Favor de leer otra información importante, que puede encontrarse aquí: www.jpmorgan.com/LAPdisclosures

Escuche el audio con el episodio de esta semana, “China en busca del equilibrio”.

En el pasado, mantener un crecimiento robusto de la economía china, fue habitualmente la prioridad más alta. Pero experiencias recientes muestran que una respuesta demasiado agresiva puede tener consecuencias nocivas.

“En el 2008, en plena crisis financiera global, el gobierno chino optó por mantener el crecimiento de dos dígitos”, afirma Uccelli. “El costo que se pagó fue excesos y desequilibrios en algunos de los principales sectores de la economía, y el incremento en el apalancamiento total del país”.

Para evitar que se repita o extienda esta situación, ha habido un cambio radical en las prioridades estratégicas de China. “La estabilidad macro a niveles de crecimiento sanos y sostenibles, más que buscar a toda costa propiciar un crecimiento desmedido e insostenible, pareciera ser la nueva prioridad económica del gobierno”, afirma Uccelli.

La decisión de China de moderar la intensidad de su propio estímulo obliga a los otros dos colosos de la economía global—Estados Unidos y la Unión Europea—a incrementar la intensidad de sus propios estímulos, para así fomentar su crecimiento interno y ayudar a mantener el crecimiento global relativamente firme.

“Pareciera ser que China le está cediendo el paso a sus principales contrincantes para que sean éstos los que asuman el precio de mantener la economía global a flote”, concluye Uccelli.