Para poner rumbo a la estabilidad, Alberto Fernández deberá garantizar el apoyo del Fondo Monetario y de los tenedores de bonos soberanos, pero también de los elementos más combativos dentro de su propio gobierno.

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Para muchos, para gobernar hay que saber negociar. Gobernar es más un arte que una ciencia. Gobernar de forma eficaz no implica tener la capacidad de imponer ideas sino más bien de encontrar intereses comunes que le permitan a las partes resolver conflictos y luchar por un objetivo común. Es por ello que uno de los desafíos principales del nuevo gobierno de Argentina será afinar su poder de negociación y conseguir acuerdos tanto financieros como políticos que le permitan restablecer el orden y la disciplina en un país meridional que pareciera haber perdido la brújula, divagando sin rumbo fijo y sin poder encontrar su verdadero norte.          

Bienvenidos a una nueva presentación de audio de El Pulso de América Latina. Mi nombre es Franco Uccelli, y soy el Director Ejecutivo y Jefe de Estrategia de Inversiones de Clientes Latinoamericanos de J.P. Morgan Private Bank. Hoy, haremos un repaso de las principales negociaciones que tendrá que encarar Alberto Fernández, el nuevo Presidente de Argentina, en el corto plazo para garantizar la viabilidad financiera de su país y resolver la crisis económica en la que está sumido hace ya cerca de dos años.

Es bien sabido que Fernández el negociador tendrá que resolver no solo diferencias con el Fondo Monetario Internacional, que se ha convertido en una muy importante línea de vida para que Argentina pueda cumplir con sus necesidades financieras a corto plazo y mantener su economía a flote, o con inversionistas privados que tienen en sus carteras abundantes bonos argentinos y que quisieran evitar un calamitoso default y la pérdida de valor de sus activos financieros que eso representaría, sino también con miembros de su mismo gobierno que proponen soluciones heterodoxas e improvisadas para los problemas de la tercera economía más grande de América Latina.

Está claro que Fernández heredó una situación muy compleja, con una economía en crisis azotada por una recesión profunda y al borde del default luego de que el gobierno del expresidente Mauricio Macri emitiera cantidades exorbitantes de deuda para financiar un ajuste fiscal que para muchos fue demasiado gradual y que lo obligó a solicitar desesperadamente la ayuda del Fondo Monetario Internacional. Pero es ahora Fernández quien se ha comprometido a restablecer un equilibrio básico que le permita a la Argentina retomar la senda del crecimiento, un objetivo noble pero al mismo tiempo ambicioso. Para ello, tendrá no solo que negociar el continuo apoyo del prestamista multilateral y de los tenedores de bonos que buscarán a toda costa proteger el valor de sus inversiones, pero también el apoyo de elementos combativos dentro de su propio gobierno, como la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, cuyo gobierno izquierdista estuvo definido por tendencias populistas mucho menos moderadas y pragmáticas que las de su colega peronista que actualmente ocupa el despacho presidencial.

Aunque las conversaciones con el Fondo Monetario Internacional parecieran estar bien encaminadas, con el mismo Fondo describiendo las reuniones preliminares como muy productivas, es algo prematuro cantar victoria. Las autoridades argentinas se han limitado hasta el momento a introducir medidas de emergencia y no ha habido un enfoque en desarrollar un plan macroeconómico integral multianual. La imposición de controles cambiarios y el congelamiento de algunos precios, sueldos y pensiones podrán contener la hemorragia en el corto plazo, pero difícilmente curarán concluyentemente al enfermo. El gobierno probablemente busque negociar un nuevo acuerdo de standby con el Fondo que le permita reprogramar los $43 mil millones en pagos que tiene que hacer entre el 2022 y el 2023, pero no será nada fácil ya que tendrá que comprometerse a realizar una serie de ajustes económicos con un alto costo político.

Y las negociaciones con los tenedores de bonos soberanos argentinos para reducir la carga financiera de la deuda y evitar un posible default tampoco serán muy sencillas que digamos. Sobre todo si consideramos que cualquier negociación debe hacerse lo antes posible ya que existe un alto riesgo de que si no se llega a un acuerdo entre las partes en los próximos meses los bonos podrían pasar de las manos de inversionistas institucionales, con un grado de tolerancia comparativamente alto, a las de los denominados fondos buitres, mucho más dispuestos a adoptar una postura conflictiva. El gobierno de Fernández insiste en que Argentina quiere pagar sus deudas, a diferencia del 2001 cuando los Peronistas celebraron el default, pero necesita más tiempo para hacerlo, algo que sus acreedores institucionales privados parecieran estar dispuestos a concederle.

El pragmatismo y la moderación aparente del Presidente Fernández, al menos hasta ahora, son señales alentadoras de que su gobierno pareciera querer encontrar soluciones negociadas para sus desafíos más inmediatos. Acuerdos de standby con el Fondo Monetario Internacional y de restructuración de la deuda con acreedores privados están firmemente en la agenda del nuevo gobierno argentino. Lo difícil será no solo encontrar propuestas que satisfagan a todos las partes negociadoras, pero también fuerzas dentro del propio gobierno con tendencias populistas heterodoxas que podrían dificultar la labor conciliadora de aquellos que buscan soluciones consensuadas. Las perspectivas económicas de Argentina a corto plazo están en juego, y será la capacidad negociadora del nuevo gobierno la que determinará en última instancia si habrá claridad y prosperidad u oscuridad y adversidad en el futuro económico del país.

Muchas gracias por su atención y hasta pronto.    

Este audio se ha preparado con fines informativos solamente, y es una comunicación en nombre de J.P. Morgan Securities LLC, miembro de FINRA y de SIPC. Las visiones que se describen pueden no ser adecuadas para todos los inversionistas y no constituyen asesoría de inversión personal ni pretenden ser una invitación a ofertar, ni una recomendación. Las perspectivas y rentabilidades pasadas no son garantía de resultados futuros. Este no es un documento de análisis de inversiones. Favor de leer otra información importante, que puede encontrarse aquí: 

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Escuche el audio con el episodio de esta semana, “Argentina: El país del sur en busca de su norte”.

El gobierno de Alberto Fernández se ha comprometido a restablecer un equilibrio básico que le permita al país retomar la senda del crecimiento, un objetivo noble pero ambicioso.

“Aunque las conversaciones con el Fondo Monetario Internacional parecieran estar bien encaminadas, es algo prematuro cantar victoria”, afirma Uccelli. “Las autoridades argentinas se han limitado hasta el momento a introducir medidas de emergencia y no ha habido un enfoque en desarrollar un plan macroeconómico integral multianual”.

Las negociaciones con los tenedores de bonos soberanos argentinos para reducir la carga financiera de la deuda y evitar un posible default serán igualmente complejas. “Si no se llega a un acuerdo entre las partes en los próximos meses, los bonos podrían pasar de las manos de inversionistas institucionales, con un grado de tolerancia comparativamente alto, a las de los denominados fondos buitres, mucho más dispuestos a adoptar una postura conflictiva”. 

Las perspectivas económicas de Argentina a corto plazo están en juego, y será la capacidad negociadora del nuevo gobierno la que determine el futuro económico del país. “El pragmatismo y la moderación aparente del Presidente Fernández, al menos hasta ahora, son señales alentadoras de que su gobierno pareciera querer encontrar soluciones negociadas para sus desafíos más inmediatos”, concluye Uccelli.