La inestabilidad política es algo muy común en la agitada historia de América Latina. Lo poco común es cuando ésta afecta al que ha sido por varias décadas uno de los países más estables y prósperos de la región.

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La inestabilidad política es algo muy común en la agitada historia de América Latina. Lo poco común es cuando ésta afecta al que ha sido por varias décadas uno de los países más estables y prósperos de la región: Chile. Lo que comenzó como una protesta popular contra el incremento del precio del Metro de Santiago se ha convertido en una manifestación masiva de descontento social contra lo que para muchos son una estructura económica sesgada e injusta y un sistema político anticuado y poco representativo. 

 

Bienvenidos a una nueva presentación de audio de El Pulso de América Latina. Mi nombre es Franco Uccelli, y soy el Director Ejecutivo y Jefe de Estrategia de Inversiones de Clientes Latinoamericanos de J.P. Morgan Private Bank. Hoy analizaremos cómo un simple reclamo popular se transformó en una profunda crisis social y evaluaremos el impacto económico que está teniendo esa crisis, sus posibles consecuencias políticas y su costo reputacional para Chile.

 

Las protestas que comenzaron a mediados de octubre por el aumento en el precio de los pasajes del Metro de Santiago se tornaron de forma casi inmediata en un conflicto social sin precedentes en el Chile de los últimos tiempos. Las manifestaciones pacíficas organizadas por grupos estudiantiles a las que se sumaron posteriormente multitudes de trabajadores adultos demandando mejoras en los servicios de educación y salud y en el sistema de pensiones, así como la reforma de la constitución, se convirtieron en violentos altercados de la noche a la mañana. En un país que no está acostumbrado a disturbios de tal magnitud, la respuesta del gobierno fue para muchos débil e insuficiente, y contribuyó a que se intensificaran el caos y la violencia, lo que dejó un saldo de 20 muertos y al menos 2,000 heridos. Aunque las pérdidas humanas son siempre las más lamentables, las consecuencias del conflicto van mucho más allá del ámbito social, ya que éste también trae secuelas tanto económicas como políticas, así como un costo reputacional muy grande para el país.

 

Se calcula que la economía chilena perdió alrededor de $3,000 millones, equivalentes a más de 1% del PIB, en el primer mes desde que estalló el conflicto. El daño a la infraestructura del país asciende a $4,500 millones, de los cuales $300 millones corresponden a las más de 70 estaciones del Metro de Santiago que fueron quemadas, y lo demás a numerosos centros comerciales, supermercados, edificios históricos y hasta iglesias que fueron severamente afectadas. Las ventas minoristas se contrajeron 10% y las de turismo y entretenimiento se desplomaron un 36%. Mientras que se perdieron más de 300,000 puestos de trabajo en un mes, la recaudación del impuesto al valor agregado se desplomó 25%, la Bolsa de Chile acumuló una pérdida de más del 12% y el peso chileno entró en caída libre, obligando al Banco Central a intervenir para prevenir una depreciación aún más severa.

 

Mientras tanto, la incertidumbre ha sido muy alta en cuanto al impacto político que la ola de disturbios podría tener en Chile a largo plazo. Luego de que las estructuras políticas actuales permitieran que gobiernos de centro-izquierda y centro-derecha se turnaran en el poder desde el retorno a la democracia en 1990, una opción podría ser un cambio constitucional que favorezca el resurgimiento del centro del espectro político como una alternativa viable. Aunque una segunda opción podría ser el fortalecimiento de la izquierda dado el debilitamiento y desprestigio del actual gobierno de derecha, una tercera opción podría ser totalmente lo opuesto, es decir un fortalecimiento de la derecha en la medida en que la violencia genere en algunos grupos la necesidad de apoyar políticas de mano dura capaces de mantener el orden social. Finalmente, una cuarta opción podría ser una polarización política acompañada por la inacción, una situación en la que ningún líder o partido sea capaz de aplacar el descontento popular. Dada la incertidumbre política que vive Chile hoy, es muy difícil predecir de qué forma la crisis social podría alterar la estructura y por ende el futuro político del país.

 

Más allá del impacto económico y político, el conflicto social en Chile está afectando cómo es percibido el país por los inversionistas tanto locales como internacionales. Luego de 40 años de un crecimiento muy sólido, de baja inflación, de disciplina fiscal y de niveles de endeudamiento prudentes, Chile fue reconocido por el mercado como el país más estable y desarrollado de América Latina, un ejemplo a seguir. Pero esa reputación pareciera estar ahora en juego, con medidas de riesgo mostrando a un Chile debilitado, sin el brillo que solía tener hasta hace muy poco. Para muchos, Chile es el país de América Latina que más se acercó a ser un miembro del exclusivo club de los países desarrollados, pero su más reciente crisis social, así como sus consecuencias económicas y políticas nefastas, demuestran que quizás fue algo prematuro pensar en Chile como algo más que un mercado emergente más.  

 

Muchas gracias por su atención y hasta pronto.     

 

Y ahora, escuchemos una información importante:

 

Este audio se ha preparado con fines informativos solamente, y es una comunicación en nombre de J.P. Morgan Securities LLC, miembro de FINRA y de SIPC. Las visiones que se describen pueden no ser adecuadas para todos los inversionistas y no constituyen asesoría de inversión personal ni pretenden ser una invitación a ofertar, ni una recomendación. Las perspectivas y rentabilidades pasadas no son garantía de resultados futuros. Este no es un documento de análisis de inversiones. Favor de leer otra información importante, que puede encontrarse aquí: www.jpmorgan.com/LAPdisclosures

Escuche el audio con el episodio de esta semana, “Arde Chile”.

Lo que comenzó como una protesta popular contra el incremento del precio del metro en Santiago, se ha convertido en una manifestación masiva de descontento social contra lo que muchos perciben como una estructura económica sesgada e injusta y un sistema político anticuado y poco representativo.

Manifestaciones pacíficas organizadas por grupos estudiantiles a las que se sumaron multitud de trabajadores en demanda de mejoras en los servicios de educación, salud y sistema de pensiones, así como reformas a la constitución, se convirtieron en violentos altercados de la noche a la mañana, con un saldo en el momento de escribir estas líneas de 20 muertos y al menos 2,000 heridos.

“Aunque las pérdidas humanas son siempre las más lamentables, se calcula que la economía chilena perdió alrededor de $3,000 millones, equivalentes a más de 1% del PIB, en el primer mes desde que estalló el conflicto”, afirma Uccelli. “Más allá del impacto económico y político, el conflicto social en Chile está afectando la reputación del país para los inversionistas, tanto nacionales como internacionales”.

Tras décadas de sólido crecimiento, baja inflación, disciplina fiscal y prudentes niveles de endeudamiento, Chile fue reconocido como el país más estable y desarrollado de América Latina. “La presente crisis social, así como sus nefastas consecuencias económicas y políticas, demuestran que quizás fue algo prematuro no considerar a Chile como un mercado emergente más”, concluye Uccelli.