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Andrés Manuel López Obrador, popularmente conocido como AMLO, asumió la presidencia de México el primero de diciembre luego de meses de incertidumbre política y gran preocupación en los mercados por sus tendencias izquierdistas y sus propuestas populistas. A pesar de que sus primeros actos post-electorales hicieron sonar las alarmas en los mercados, las últimas semanas han mostrado un AMLO algo más comedido, y han evidenciado un sector privado más dispuesto a darle el beneficio de la duda y a trabajar con él.

 

Bienvenidos a una nueva presentación de audio de El Pulso de América Latina. Mi nombre es Franco Uccelli, y soy el Director Ejecutivo y Jefe de Estrategia de Inversiones de Clientes Latinoamericanos de J.P. Morgan Private Bank. Hoy compartiremos con ustedes nuestra visión sobre el aparente cambio en la percepción que el mercado tiene de AMLO y trataremos de descifrar si la nueva cara de AMLO, menos radical y más pragmática, podría tener una expectativa de vida larga, o si el nuevo presidente podría en algún momento mostrar una cara más radical y menos pragmática.

 

Luego de provocar una caída severa en el precio de los activos financieros mexicanos en octubre al anunciar la cancelación de un proyecto de construcción de un nuevo aeropuerto en la Ciudad de México valorado en 13 mil millones de dólares, y de ratificar su promesa el primero de diciembre de ponerle fin al neoliberalismo económico y propiciar una transformación profunda de corte izquierdista en el país, AMLO ha optado por suavizar su postura y tratar de restablecer la confianza del mercado. Con ese fin, ha anunciado un presupuesto ortodoxo para el año 2019 y ha negociado un acuerdo razonable y justo con los tenedores de bonos del proyecto del aeropuerto. Aunque esas decisiones fueron de inmediato muy bien recibidas por el mercado, lo cual a su vez ayudó a impulsar nuevamente el precio de los activos mexicanos, para muchos observadores no está muy claro si el acercamiento de AMLO al sector privado fue algo puramente utilitario que podría no repetirse, o si fue una primera señal de un gobierno que buscará adoptar la moderación y el pragmatismo.

 

Mientras por un lado AMLO ha reiterado con frecuencia su promesa de darle prioridad a los pobres, incrementando el financiamiento a las pensiones de las personas mayores y a los programas de empleo juvenil, así como invertir en la construcción de una refinería y de un nuevo tren que conectará cinco estados sureños, por otro lado AMLO ha prometido mantener un control estricto sobre el gasto público. Aunque sus promesas parecen ser contradictorias, AMLO asegura que podrá equilibrar las cuentas fiscales con el ahorro que resultará de una disminución en los salarios públicos, una significativa reducción en los gastos generales de muchos ministerios y una agresiva ofensiva contra la corrupción, la cual supone un costo muy alto para el estado. El objetivo fundamental de AMLO pareciera ser impulsar el crecimiento económico a través de un gasto público más eficiente y de gestionar programas sociales adecuadamente, libres de corrupción y clientelismo. A pesar de que los planes de AMLO aparentan ser muy nobles, éstos han generado gran escepticismo entre muchos economistas, quienes se preguntan si el electorado mexicano que votó por él estará a favor de que AMLO proceda con tanta moderación y cautela.

 

Lo que muchos cuestionan es si la aparente nueva cara de AMLO, prudente y equilibrada, será la que predomine durante su gobierno, o si en algún momento presiones sociales de un electorado descontento hará que se incline hacia experimentos radicales que podrían poner en peligro la estabilidad macroeconómica de México. Ante esta incertidumbre, el mercado pareciera estar dispuesto a conceder a AMLO el beneficio de la duda y a seguir apoyándolo, al menos hasta que se hagan evidentes algunas tendencias populistas que puedan comprometer la salud económica del país. AMLO llegó a la presidencia como una alternativa de cambio, impulsada por una serie de propuestas radicales anti-sistema, pero si las condiciones sociales, políticas y económicas, tanto domésticas como internacionales, limitaran su margen de maniobra y se viera forzado a abandonar su gran proyecto transformativo, no solamente fracasará en su intento de introducir un nuevo paradigma político en México, pero se verá obligado a salir de la casa presidencial por la puerta falsa, dejando atrás un legado de ineficiencia y un país en peor estado del que lo encontró. En pocas palabras, el futuro le plantea a México grandes posibilidades de prosperidad. La pregunta pendiente es si AMLO podrá aprovecharlas o no.

 

Muchas gracias por su atención y hasta pronto.

 

Y ahora, escuchemos una información importante:

 

Este audio se ha preparado con fines informativos solamente, y es una comunicación en nombre de J.P. Morgan Securities LLC, miembro de FINRA y de SIPC. Las visiones que se describen pueden no ser adecuadas para todos los inversionistas y no constituyen asesoría de inversión personal ni pretenden ser una invitación a ofertar, ni una recomendación. Las perspectivas y rentabilidades pasadas no son garantía de resultados futuros. Este no es un documento de análisis de inversiones. Favor de leer otra información importante, que puede encontrarse aquí: www.jpmorgan.com/LAPdisclosures

Escuche el audio con el episodio de esta semana, “El desafío de AMLO”.

El recién inaugurado presidente de México, conocido popularmente como AMLO, llegó a la presidencia el primero de diciembre tras meses de incertidumbre política y escepticismo en los mercados, especialmente tras sus primeros actos post-electorales.

Sin embargo, las últimas semanas han mostrado un AMLO más cauteloso y pragmático. “Con el fin de suavizar su postura y tratar de restablecer la confianza del sector privado, AMLO anunció un presupuesto ortodoxo para el año 2019 que fue muy bien recibido por el mercado y ayudó a impulsar nuevamente el precio de los activos mexicanos”, dice Uccelli. “Para muchos observadores no está muy claro si este acercamiento al sector privado fue algo puntual, que podría no repetirse, o la señal de un gobierno que busca adoptar moderación y pragmatismo”.

En el aspecto macroeconómico, AMLO aspira a equilibrar las cuentas fiscales con una gestión adecuada de programas sociales, el ahorro en el gasto de la administración pública y una agresiva ofensiva contra la corrupción, la cual supone un costo muy alto para el estado.

“Lo que muchos cuestionan es si la aparente nueva cara de AMLO, prudente y equilibrada, será la que predomine durante su gobierno, o si en algún momento presiones sociales de un electorado descontento harán que se incline hacia experimentos radicales que podrían poner en peligro la estabilidad macroeconómica de México”, concluye Uccelli.

Para obtener más información de nuestra perspectiva sobre el panorama macroeconómico, le invitamos a contactar a su asesor de J.P. Morgan.